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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Una comadrejita entre la leña: lo que aprendí acompañando a los guardafaunas en la estepa neuquina

Un hallazgo en Cutral Co reavivó la pregunta que muchos vecinos se hacen tarde o temprano: qué hacer cuando aparece fauna silvestre en el patio o dentro de casa. Recorrido por el protocolo, los errores más frecuentes y el trabajo silencioso del equipo de Picún Leufú.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 4 min
Una comadrejita entre la leña: lo que aprendí acompañando a los guardafaunas en la estepa neuquina

Llegué a Cutral Co cuando el sol todavía pegaba fuerte sobre los techos de chapa y el viento de la Patagonia arrastraba tierra fina por las calles. Eran cerca de las cinco de la tarde y el calor, seco, se sentía en la cara como una advertencia. Me habían avisado que esa mañana los vecinos de una casa del barrio habían encontrado un visitante inesperado oculto entre la pila de leña del fondo, un bulto diminuto, casi imperceptible, que se movía apenas. Cuando llegué, el equipo de Guardafaunas de Picún Leufú ya estaba terminando la evaluación. Los observé trabajar en silencio, con guantes y una calma que contagia, mientras el animal, un poco asustado pero entero, esperaba su traslado.

La protagonista involuntaria de la jornada fue Rosa, la dueña de casa, que me contó con una mezcla de sorpresa y alivio cómo descubrió a la pequeña mientras acomodaba unos troncos. "Yo pensé que era un ratón, te juro que nunca había visto algo así", me dijo Rosa, todavía asombrada, mientras miraba cómo los guardafaunas cerraban la caja de transporte. La rápida decisión de no tocar al animal y llamar de inmediato a las autoridades fue, según me repitieron varias veces los técnicos, lo que permitió que todo terminara bien.

Un marsupial que se hace el ratón

Lo que había aparecido entre la leña era una comadreja enana, conocida con el nombre científico de Thylamys pallidior. No es un roedor ni se le parece, aunque el parecido puede engañar a cualquiera que la cruce de noche por el patio. Pertenece a la familia de los marsupiales, esos parientes lejanos que en la Argentina solemos asociar con la zarigüeya colorada, aunque en este caso el tamaño es mucho más reducido: el cuerpo mide entre 8,5 y 12 centímetros y el peso oscila entre los 15 y los 36 gramos, lo que la vuelve una criatura realmente pequeña, fácil de pasar por alto entre la leña, las cajas o los galpones.

  • Es un marsupial nocturno y discreto, difícil de ver durante el día.
  • Su pelaje es grisáceo, con vientre claro y manchas oscuras alrededor de los ojos.
  • Se alimenta de insectos, frutos y pequeños animalitos que caza en la estepa.
  • Tiene cola prensil, donde acumula grasa para sobrevivir el frío y la escasez.
  • Habita ambientes áridos y de estepa, frecuentes en la provincia de Neuquén.

El protocolo que conviene tener a mano

El episodio dejó, una vez más, flotando en el aire una pregunta que escuché repetir entre los vecinos: bueno, y si me pasa a mí, ¿qué hago? La respuesta, me la dieron los propios guardafaunas de Picún Leufú, es bastante más sencilla de lo que parece y se resume en tres pasos que conviene grabar en la memoria, porque en el apuro uno tiende a improvisar y eso, justamente, es lo que puede salir mal.

  • No tocar al animal ni intentar moverlo del lugar donde se refugia.
  • No quedárselo ni intentar criarlo como mascota, por más inofensivo que parezca.
  • Dar aviso inmediato a la autoridad de fauna más cercana o a la Dirección Provincial de Fauna de Neuquén.

La lógica detrás de este procedimiento, según me explicaron, es que el contacto directo con un animal silvestre, aunque sea bien intencionado, le genera un estrés enorme y puede transmitirle enfermedades. Además, cuando un ejemplar se acostumbra a la presencia humana, pierde las herramientas que necesita para valerse por sí mismo en la estepa, y sus chances de sobrevivir en libertad se desploman. Por eso, me insistieron, dejar que los profesionales intervengan es, paradojalmente, la mejor ayuda que un vecino puede ofrecer.

“La fauna silvestre no es mascota, protegerla es tarea de todos.”Dirección Provincial de Fauna de Neuquén

Después de la revisión veterinaria, que se hizo con manipulación mínima para no alterar al animal, el equipo confirmó que la comadrejita estaba en perfecto estado de salud, sin lesiones ni signos de haber padecido la cercanía de un gato o un perro. La liberaron en un paraje cercano, entre arbustos bajos y rocas, ese paisaje abierto y silencioso que es su verdadera casa. Cuando la caja se abrió y el animalito se perdió en la oscuridad de la estepa, sentí una especie de alivio compartido con Rosa, que seguía mirando el lugar desde la puerta de su casa. Antes de despedirse, mientras los guardafaunas acomodaban el equipamiento en la camioneta, Rosa me dejó una frase que me parece que resume todo: "Menos mal que llamé, porque sola le hubiera hecho cualquier cosa y la habría lastimado sin querer". Tiene razón: a veces, la mejor manera de cuidar es hacerse a un lado y dejar que quienes saben hagan su trabajo.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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