Amaru: cuando una palabra ajena desarma una familia que sabía de todo menos de sí misma
La nueva comedia de Andrea Garrote, con dirección compartida de Carolina Stegmayer, llega al Teatro Picadero con un elenco de cuatro actores y una premisa que incomoda tanto como divierte.
La cosa empieza en la mesa familiar, ese territorio sagrado donde una misma sangre puede discutir durante veinte minutos si corresponde decir «por demás» o «de más», y no abrir jamás la boca para decir lo que de verdad le está pasando a cada uno. En esa mesa se sienta Mariel, el personaje que Andrea Garrote –criada en escena, porteña, palabra afilada y timing quirúrgico– interpreta con una energía que parece contener dos o tres personas a la vez. Mariel es la dueña de casa, la dueña del idioma y, sobre todo, la dueña de una familia que se desmorona sin hacer ruido.
Una noche, el hijo Lucas –Julián Cnochaert, que viene de formarse en Buenos Aires y se mueve con una naturalidad que descoloca– trae a casa a su nueva novia. Se llama Amaru, que en quechua quiere decir serpiente sagrada, y alcanza con que cruce la puerta para que la geografía entera de esa casa empiece a correrse. Amaru, a quien Fiamma Carranza Macchi le pone un cuerpo sereno y una voz que entra como agua tibia, no llega a provocar nada en particular: simplemente está ahí, con otra relación con el tiempo, con otra forma de mirar, y propone pactos concretos –por ejemplo, sobre el uso de las pantallas– que en ese living sonaban como ciencia ficción.
Una comedia con forma de juguete y fondo de lupa
La puesta, que firman juntas Andrea Garrote y Carolina Stegmayer –directora y dramaturga rosarina, habituée de la comedia de observación– apuesta a una escenografía mínima de Santiago Badillo que organiza el espacio en niveles y deja respirar a los cuatro intérpretes. Marcos Ferrante, hijo de una dinastía teatral porteña, compone al padre con la fragilidad exacta de alguien que está en plena crisis de mediana edad y todavía no se atrevió a admitirlo en voz alta. A su lado, Mariel hace equilibrio entre el control absoluto y el vértigo de perderlo.
“La obra no deriva hacia el drama: es una comedia con humor sostenido, construida en varias capas, que en el tramo final se permite un elemento fantástico sin abandonar el tono. Hay algo en esa familia que no es tan difícil de ver cerca, y por eso la carcajada convive con la incomodidad reconocible de quien se siente observado.”Andrea Garrote
Después de su monólogo «Pundonor», con el que venía girando desde 2018, Garrote vuelve al formato coral con una pieza de 80 minutos que funciona como comedia pero también como radiografía: padres que fueron la Generación X tardía, criados en la convicción de que las palabras bien puestas alcanzaban para sostener cualquier conversación, descubren de golpe que hay un mundo entero del que no se hablan. Amaru no viene a enseñarles nada, y ese es justamente el motor.
- Funciones: todos los domingos a las 18 en el Teatro Picadero.
- Dirección: Andrea Garrote y Carolina Stegmayer.
- Elenco: Andrea Garrote, Marcos Ferrante, Julián Cnochaert y Fiamma Carranza Macchi.
- Texto: Andrea Garrote.
- Escenografía: Santiago Badillo.
- Duración: 80 minutos.
Yo salí del Picadero con una sensación rara: la de haberme reído mucho y, al mismo tiempo, la de haber escuchado un ruido que no sabía que venía de mi propia casa. Si te pasa algo parecido, la próxima función es el domingo que viene a las 18, en pasaje Enrique Santos Discépolo 1857. Andá con tiempo, llevate a alguien que te haga reír y no le cuentes de qué se trata: la gracia, como en esa familia, está en lo que no se dice hasta que alguien, con nombre de serpiente sagrada, lo pone sobre la mesa.
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