Una película de guerra que cantó una marcha y se ganó un lugar en la Constitución china
Estrenada en 1935 en medio de la guerra civil, una canción de un film de propaganda se convirtió en himno nacional tras un concurso de 694 propuestas y el aval de Mao.
Me imagino la butaca de madera, el celuloide rayado y la sala de Shanghái llena hasta las bandejas, en mayo de 1935. En plena guerra civil, los cines chinos estrenaban Hijos de tiempos turbulentos, una película de propaganda de la productora Diantong dirigida por Xu Xingzhi. El argumento era tan directo como sus años: un poeta amante de la vida cosmopolita ve morir a su amigo en el frente japonés y termina sumándose a la resistencia. Al público, igual, le encantó.
Lo que esa sala no sabía es que estaba escuchando el futuro himno. La canción central, La marcha de los voluntarios, con letra del guionista Tian Han y grabada por Pathé Records con las voces de Gu Menghe y Yuan Muzhi, se popularizó a fuerza de años. En 1941 incluso se editó una versión en inglés cuya recaudación se destinó a la resistencia china.
De la pantalla a la Constitución
Cuando la guerra civil terminó y el país debió elegir himno, el comité encargado recibió 694 partituras y letras. La marcha ya era la más conocida y, con el aval de Mao Zedong, quedó adoptada de forma provisional en 1949. Con los años pasó de solución de emergencia a texto constitucional. Tian Han, su letrista, fue detenido poco después del estreno del film, y Diantong terminó cerrando por la presión del KMT, el Partido Nacionalista.
Una herencia con música propia
El aniversario del estreno dejó también huella en la pantalla grande. En 1959 se estrenó Nie Er, un biopic sobre el compositor de la marcha, y cuarenta años después llegó The National Anthem, que repasaba la historia de la canción con mala suerte en la taquilla. La película original puede verse completa en Internet Archive, aunque por ahora sin subtítulos en español.
A mí, que vengo siguiendo estos cruces entre cultura y política, este caso me sigue pareciendo de los más curiosos: una canción pensada para vender entradas en una sala de Shanghái terminó convertida en símbolo de Estado. La próxima función de esta historia, claro, ya está en los libros escolares de cada chico chino.
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