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DOM, 18 OCT 2026
Turismo

Una familia de La Vega formalizó sus cabalgatas y puso el bienestar del caballo en el centro de la experiencia

En el paraje que marca el ingreso a Caviahue, los Garrafa reabrieron una tradición que el abuelo había dejado años atrás, la convirtieron en un prestador turístico habilitado por la Provincia y diseñaron un recorrido donde el visitante convive con el animal antes de subir al sendero. Termina con merienda casera y la vista del Copahue como fondo.

MB
Mar BustamanteAmbiente y territorio · · lectura 4 min
Una familia de La Vega formalizó sus cabalgatas y puso el bienestar del caballo en el centro de la experiencia

A la entrada de Caviahue, en el paraje La Vega, una familia neuquina recuperó una costumbre que se transmitía de generación en generación y la transformó en una propuesta turística habilitada por el ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de la Provincia. La actividad incluye cabalgatas familiares con foco declarado en el bienestar animal: antes de montar, el visitante alimenta al caballo, lo cepilla y conoce nociones básicas de su comportamiento, en una decisión que los organizadores presentan como una diferencia explícita respecto de la cabalgata convencional.

Un ritual de cuidado que empieza antes de la primera visita

En La Vega, a unos cinco kilómetros del casco urbano de Caviahue y con el volcán Copahue como telón de fondo, las jornadas arrancan antes de que llegue el primer turista. La familia revisa a los caballos, los alimenta y los cepilla. Ese ritual, dicen los organizadores, no es parte de la escenografía ni un detalle decorativo: es la base sobre la que se apoya toda la propuesta y la condición que vuelve posible, después, salir al sendero.

El emprendimiento lleva el nombre del paraje y pertenece a la familia Garrafa desde hace décadas. El abuelo realizaba cabalgatas allí cuando sus hijos eran chicos y, con el paso de los años, dejó la actividad. El regreso al lugar fue impulsado por él mismo, cuando sus nietos ya habían desarrollado un vínculo propio con los caballos y con esa forma de vida. Durante los primeros seis o siete años, el regreso no tuvo intención turística: la familia volvió a La Vega para que los chicos pudieran disfrutar del espacio y de los animales.

Recién hace poco más de un año, la idea de abrir la experiencia a visitantes tomó forma concreta. El ministerio provincial los habilitó como prestador oficial. Esa formalización, según relata la familia, dio la seguridad necesaria para avanzar y ofrecer un servicio de calidad, tanto para los turistas como para los propios animales, en un territorio donde el clima puede cambiar en pocas horas y donde el paisaje se reparte entre volcanes, montañas, cascadas y senderos del Alto Neuquén.

  • Alimentar al caballo con la mano y aprender qué come.
  • Cepillarlo y familiarizarse con su cuerpo y su reacción.
  • Recibir información básica sobre comportamiento equino.
  • Recorrer paisajes del Alto Neuquén con el Copahue de fondo.
  • Cerrar la jornada con una merienda casera en el paraje.
“No queremos que el caballo sea visto solamente como un medio para recorrer un sendero. Queremos enseñar a conocerlo, respetarlo y entenderlo.”María René Garrafa, responsable del emprendimiento La Vega, junto a su pareja Marcos y sus tres hijos

La merienda casera con la que cierra la experiencia fue pensada, según la familia, para que la visita no termine cuando el caballo se desensilla en el punto de partida. Entre mate, tortas fritas y conversación con los Garrafa, la propuesta se prolonga como una instancia más de vínculo, esta vez entre personas, en un paraje donde los veranos son cortos y los inviernos obligan a interrumpir la actividad durante buena parte del año.

Mirta, una vecina del lugar que acompaña a los turistas en las jornadas de verano y conoce a la familia desde antes de la habilitación provincial, resumió el cambio con una frase que se repite entre los visitantes. Acá antes el caballo era el vehículo y nada más. Ahora, antes de subir, tenés que darle de comer, peinarlo y mirarlo a los ojos. Si no hacés eso, no salís. Esa es la diferencia, dijo a este portal.

A corto plazo, la familia planea ampliar el espacio, mejorar los accesos y construir una caballeriza nueva para reemplazar la estructura actual, que ya quedó chica. A largo plazo, el objetivo es más ambicioso: sostener la actividad como modo de vida y, sobre todo, transmitirla a la próxima generación, la de los hijos de María René y Marcos, que crecen en La Vega entre animales, senderos y un volcán que marca el horizonte.

El ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de la Provincia, que figure como autoridad de aplicación del registro de prestadores en el Alto Neuquén, no respondió hasta el cierre de esta nota las consultas enviadas por este portal sobre cantidad de prestadores habilitados en la zona de Caviahue, controles de bienestar animal en actividades de cabalgata y criterios específicos con los que se evaluó el proyecto de la familia de La Vega antes de concederle la habilitación.

MB
Mar BustamanteAmbiente y territorio

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