Neuquén entra en modo alerta: qué hacer antes de que el agua vuelva a los cauces que la sequía dejó vacíos
Después de años de suelo reseco, las últimas lluvias saturaron todo y cualquier tormenta puede transformarse en una emergencia en minutos. La provincia difundió una guía concreta para familias que viven cerca de ríos, arroyos y zonas bajas.
Son las nueve y algo de la mañana de un martes cualquiera en la ciudad de Neuquén y, sin embargo, la pregunta que sobrevuela a las familias que viven a la vera de los arroyos ya no es si va a llover, sino cuánto falta para la próxima tormenta. Yo misma me acerqué hasta el centro de la capital neuquina para entender por qué, después de décadas de sequía, las autoridades provinciales salieron a pedirle a la gente que se prepare como si cada lluvia pudiera ser la última en buenos términos, y eso es lo que me terminé llevando: una sensación compartida de que el tiempo para improvisar ya pasó, aunque todavía no haya pasado nada grave.
Los suelos llegaron al límite y el agua ya no entra
La explicación es bastante concreta, y se la escuché a Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia de Neuquén, que me recibió en su despacho con la claridad de quien sabe que lo que dice puede cambiarle la noche a más de una familia. El suelo, me dijo, está saturado después de las lluvias de las últimas semanas y eso hace que el agua corra hacia los arroyos y cañadones con una velocidad que hasta hace poco no se veía, porque buena parte de esos cauces llevaban años secos, casi olvidados, y hoy vuelven a llenarse en cuestión de minutos.
“Un lugar puede atravesar el día sin inconvenientes y, de repente, sufrir anegamientos o crecidas. El agua no siempre cae donde genera el daño: una precipitación intensa en una cuenca alejada puede convertir un arroyo aparentemente tranquilo en una corriente de gran fuerza.”Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de Neuquén
Cuatro pasos concretos antes de que llegue la emergencia
- Conocer de antemano las vías de evacuación del barrio o la localidad y haberlas recorrido aunque sea mentalmente, porque en el momento crítico uno no tiene tiempo para pensarlas.
- Identificar a las personas del grupo familiar o del entorno que puedan necesitar ayuda para moverse: pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores o vecinos con dificultades de movilidad.
- Armar un kit de emergencia con documentación personal, alimentos no perecederos, agua potable en reserva, elementos para un corte de luz y lo necesario para abandonar la vivienda si las autoridades lo indican.
- En localidades rurales o con accesos vulnerables, tener claro cuáles son los puntos de encuentro y los centros de evacuación definidos por cada municipio, porque la idea es no improvisar cuando el agua ya pasó el umbral.
El mapa viejo de los cauces que vuelven a activarse
La secretaría a cargo de Luciana viene trabajando, además, en identificar antiguos cauces fluviales que funcionaron durante décadas y que durante el período seco parecieron extintos, con el objetivo de detectar a tiempo los puntos donde el agua puede reaparecer con fuerza, una labor silenciosa que pocos ven pero que puede evitar que una crecida agarrue a la gente desprevenida. La funcionaria me pidió, ya sobre el final de la charla, que transmitiera algo que repitió varias veces durante la entrevista y que vale la pena anotar en la puerta de la heladera: en Neuquén, después de tantos años de tierra seca, el mayor riesgo ya no es que el agua falte, sino que vuelva de golpe y no la sepamos recibir.
Yo te lo dejo acá, lector, como me lo dejó Luciana: prevención no es asustarse, es llegar antes que el agua.
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