Marcel, la conchita que se animó a buscar a los suyos: una historia de stop motion que se filtra a través de una cámara prestada
La película de Dean Fleischer Camp, nacida de los cortometrajes que hizo con Jenny Slate, sigue a una pequeña concha con zapatos en su intento por encontrar a una comunidad desaparecida. Con un formato de falso documental, la historia pone en primer plano la soledad, los cuidados cotidianos y el paso del tiempo.
Abrí la puerta del living y me encontré con Marcel acomodándose en el sillón. Sí, una concha con zapatos, de las que se ponen ojotas y salen a caminar por la alfombra como si fuera una avenida. La película arranca con esa imagen íntima, filmada con cámara al hombro por un documentalista que llegó de visita a la casa y se terminó quedando. Esa decisión de rodar como si estuviéramos espiando es lo que vuelve tan cercana a esta historia de Dean Fleischer Camp, el director que hace un rato se hizo conocido por el documental Fraud y que ahora se anima con la animación en stop motion.
La protagonista de carne y, mejor dicho, de caparazón, es Marcel, una pequeña concha que vive en una casa de la costa californiana con su abuela Connie. Ella es de las que todavía prepara el té con la pava, habla mirando al jardín y se preocupa por si Marcel se va a resfriar. Las dos comparten las horas desde que las demás conchas de su comunidad desaparecieron, y esa ausencia es el motor de todo lo que vemos en pantalla. Cuando Dean, el documentalista, empieza a registrar las rutinas con su cámara, lo que parecía un simple retrato hogareño termina volviéndose un fenómeno en internet y, sobre todo, la posibilidad concreta de encontrar a quienes se fueron.
Una animación a la altura de una alfombra
El film dura poco más de una hora y media y va y vuelve entre el falso documental y la animación cuadro por cuadro. Esa mezcla, que a veces parece un hallazgo y otras un truco, define también la escala del relato: para Marcel, cruzar una habitación es toda una expedición y armar un sándwich implica subir a una mesada como si fuera una montaña. Los objetos cotidianos, una cuchara, una goma de pelo, un rollo de cinta, se transforman en herramientas de supervivencia y a la vez en los aliados de una ternura muy bien dosificada.
“Para mí, una habitación es enorme. A veces me siento solo y me pregunto si los demás se fueron por algo que hice.”Marcel, en uno de los registros caseros
- Combina stop motion con estética de falso documental, como si fuera una filmación casera subida a un foro de internet.
- La convivencia con Connie, una abuela que envejece y se olvida de las cosas, pone sobre la mesa el cuidado y el miedo a perder al otro.
- El humor aparece en los pequeños inventos de Marcel para resolver problemas de tamaño, sin tapar el tono melancólico de la búsqueda.
- La película nació de los cortometrajes que Fleischer Camp grabó junto a Jenny Slate, que le puso la voz en inglés al personaje.
El vínculo entre Marcel y Connie es el corazón de la película, lo que la separa de cualquier capricho indie. Ella se olvida de cerrar la canilla, se confunde con los días de la semana y, sin embargo, todavía tiene la energía para cantarle una canción antes de dormir. Él la mira como se mira a alguien a quien uno le tiene terror de perderla. Esa relación tan humana, de yuyos y de silencios, es la que hace que la búsqueda de la comunidad perdida no sea sólo un plot point sino algo que se vive en el cuerpo, mientras uno mira desde el sillón de su casa y piensa en sus propios mayores.
El humor aparece justo cuando la emoción se pone densa. Marcel se las ingenia para cocinar con utensilios de camping que le quedaron grandes, improvisa poleas con hilos de lana y hasta organiza una cadena de mensajes en internet para rastrear pistas. Esas escenas arrancan sonrisas pero no opacan lo que cuenta de fondo: que la soledad no se resuelve sólo con compañía y que a veces hace falta animarse a exponerse, aunque duela, para volver a encontrar a los demás.
La película se puede ver en salas y en plataformas de streaming seleccionadas. Es de esas joyitas de animación que no hace falta ser chica o chico para disfrutar: a los cuarenta, a los cincuenta, a los sesenta, uno termina reconociendo en Marcel a ese ser al que le cuesta pegar el grito y pedir ayuda, y en Connie a esa abuela, tía o vecina a la que queremos cuidar antes de que sea tarde.
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