La Sociedad Argentina de Pediatría advierte que el acoso escolar ya no se apaga cuando suena el timbre
Un documento de ocho comités de la entidad describe cómo las agresiones se prolongan por WhatsApp, redes y videojuegos y llegan hasta la pieza del chico. Especialistas piden a familias, escuelas y equipos de salud un trabajo conjunto para contener una problemática que puede dejar huellas en la salud mental.
Eran pasadas las diez de la mañana cuando, en una oficina porteña de la Sociedad Argentina de Pediatría, la doctora Silvina Pedrouzo terminó de repasar junto a colegas de varios comités el texto que durante semanas habían discutido línea por línea. Querían reflejar algo que veían a diario en los consultorios: que el acoso entre chicos ya no se corta cuando suena el timbre final, sino que se muda al celular y vuelve, insistente, al cuarto del alumno mucho después de la merienda. Yo llegué hasta ahí siguiendo la cadena de mails institucionales y la recomendación de una fuente del ámbito educativo que me insistió en mirar el documento completo antes de cualquier publicación.
El acoso ya no tiene horario
El trabajo, firmado por ocho comités y subcomisiones de la SAP, pone el foco en la continuidad entre el espacio físico del aula y el mundo digital. Una pelea que empieza en el recreo puede seguir esa misma tarde en un grupo de WhatsApp, escalar en redes durante la noche y reaparecer a la mañana siguiente, con el chico todavía enganchado al celular y sin tiempo para procesarlo. La idea central es simple y a la vez preocupante: volver a casa dejó de ser sinónimo de pausa y de resguardo.
“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP
La entidad enumera un abanico de formas que hoy adopta el ciberbullying, desde mensajes de odio y burlas hasta el acecho, las votaciones para humillar, los perfiles falsos, la suplantación de identidad, la difusión no consentida de información privada, la exclusión de grupos y la manipulación de fotos, videos o memes. A ese listado se suma un capítulo reciente que preocupa especialmente a los pediatras: el uso de herramientas de inteligencia artificial para editar y difundir contenidos alterados, con la particularidad de que una publicación puede escapar del círculo íntimo del aula y volverse muy difícil de borrar una vez que se viraliza.
- Mensajes de odio o burlas repetidas por WhatsApp y otras aplicaciones.
- Acecho o seguimiento constante de la víctima en redes sociales.
- Votaciones para humillar o rankear a un compañero.
- Perfiles falsos creados expresamente para agredir.
- Suplantación de identidad para decir cosas en nombre del chico acosado.
- Difusión no consentida de información privada, fotos o videos.
- Exclusión deliberada de grupos y chats entre pares.
- Manipulación de fotos, videos o memes para ridiculizar.
- Uso de herramientas de inteligencia artificial para crear o alterar contenidos agraviantes.
- Grooming y otros contactos con adultos que pueden mezclarse con dinámicas de acoso entre pares.
- Amenazas o extorsiones que combinan el aula con el mundo virtual.
- Ciberacoso entre pares en plataformas de videojuegos en línea.
- Difusión de rumores o trascendidos con el objetivo de aislar socialmente a la víctima.
El documento aclara algo que en los consultorios se confunde seguido: no toda pelea entre compañeros es bullying. Para hablar de acoso escolar hacen falta tres condiciones reunidas al mismo tiempo, que la SAP detalla con precisión porque de eso depende cómo se interviene. Por un lado, tiene que haber intención de causar daño; por otro, tiene que tratarse de algo que se repite en el tiempo y no de un hecho aislado; y además tiene que existir un desequilibrio de poder que deje a la víctima en una posición en la que no puede defenderse ni ponerle un punto final por sí sola. El acoso puede ser físico, como empujones o golpes; verbal, con insultos y apodos hirientes; o relacional, cuando lo que se busca es aislar al chico del grupo.
El papel de familias, escuelas y equipos de salud
La SAP es clara cuando señala que el bullying no es un problema de dos: no es el acosador contra la víctima y nada más. Es un fenómeno grupal en el que también pesan los compañeros que miran sin hacer nada, los adultos responsables, las familias y la institución educativa donde ocurre. Por eso el texto insiste en que la solución no puede recaer en el chico que está siendo hostigado, porque pedirle que resuelva solo la situación suele profundizar el daño en lugar de aliviarlo. Familias, escuelas y equipos de salud aparecen como tres vértices de un mismo triángulo que tiene que funcionar de manera articulada, algo que muchas veces no ocurre por falta de tiempo, de formación o de canales concretos de diálogo.
Las consecuencias de ese acoso que se muda del aula al celular y de ahí otra vez al aula son variadas y aparecen descriptas con detalle en el documento. Entre las más frecuentes se mencionan los dolores físicos recurrentes, sobre todo de cabeza y de panza, las alteraciones del sueño, la caída del rendimiento escolar, la ansiedad, la depresión y, en los casos más extremos, la aparición de ideas suicidas. Los especialistas remarcan que muchas de estas señales pueden pasar inadvertidas o atribuirse a otras cosas, por lo que piden a los pediatras estar atentos a la hora de preguntar y de escuchar lo que les cuentan los chicos y sus familias.
Yo me fui de la entrevista con la sensación de que el tema recién empieza a discutirse con la profundidad que merece en los consultorios y en las escuelas argentinas, y de que queda todavía un tramo largo para que las familias se animen a sacar el tema sin sentir que están exagerando. Antes de cerrar el intercambio, Pedrouzo me resumió el espíritu del documento con una frase que me quedó resonando: nunca hay que pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema, porque detrás de cada caso hay un grupo entero que puede y debe involucrarse para cortar el círculo del acoso.
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