La Justicia decretó la quiebra de Carsa, la controlante de Musimundo, y se abre un nuevo capítulo para 45 locales y cientos de trabajadores
El Juzgado Civil y Comercial N° 23 de Resistencia convirtió en quiebra el concurso preventivo de la firma, que arrastraba una deuda concursal de 63.500 millones de pesos y 20 sucursales cerradas en el nordeste. Los acreedores tendrán plazo hasta el 6 de noviembre para presentar sus pedidos de verificación.
Carsa S.A., la sociedad que operó durante décadas la cadena de electrodomésticos Musimundo, quedó formalmente quebrada el pasado 2 de septiembre de 2026, luego de que el Juzgado Civil y Comercial N° 23 de Resistencia revocara el concurso preventivo que la propia empresa había obtenido apenas dos meses antes. La resolución fue adoptada por el tribunal chaqueño tras considerar acreditados hechos reveladores del estado de cesación de pagos, en los términos del artículo 79, inciso 4°, de la Ley de Concursos y Quiebras.
De este modo, el expediente que se tramitaba como un intento de reorganización empresaria fue recaratulado como "CARSA S.A. s/ Quiebra", con la sindicatura del Estudio Contable Benítez a cargo del proceso. Según el cronograma difundido por el juzgado, los acreedores podrán presentar pedidos de verificación de créditos hasta el 6 de noviembre de 2026; el informe individual está previsto para el 30 de marzo de 2027 y el informe general para el 25 de junio del mismo año.
Vamos a los números: una deuda concursal de 63.500 millones de pesos
El pasivo concursal declarado por la empresa ascendía a 63.500 millones de pesos, una cifra que refleja el deterioro acumulado en los últimos ejercicios. A fines de mayo de 2026, los pasivos bancarios sumaban alrededor de 3.060 millones de pesos, con el Banco Nación como principal acreedor individual, con créditos cercanos a 1.549 millones de pesos. El resto de la deuda se distribuye entre proveedores, trabajadores y otros acreedores comerciales, cuyo detalle se conocerá con los informes de la sindicatura.
- Deuda concursal total: 63.500 millones de pesos.
- Pasivos bancarios a fines de mayo de 2026: 3.060 millones de pesos.
- Principal acreedor bancario: Banco Nación, con cerca de 1.549 millones de pesos.
- Plazo para verificación de créditos: hasta el 6 de noviembre de 2026.
- Informe individual de la sindicatura: 30 de marzo de 2027.
- Informe general: 25 de junio de 2027.
No es la primera vez que la compañía atraviesa una instancia de estas características. En 2018, Carsa ya había recurrido al concurso de acreedores con una deuda declarada de 900 millones de pesos, en un contexto de fuerte retracción del consumo de electrodomésticos y de cambios profundos en los hábitos de venta, con el avance del comercio electrónico y la pérdida de terreno de las grandes cadenas presenciales.
Cierre de 20 sucursales en el norte y una venta que no prosperó
La situación operativa de Musimundo se había deteriorado con especial intensidad en el nordeste argentino. La firma cerró 20 sucursales distribuidas entre Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones, locales que la propia empresa describió como puntos duplicados en plazas donde la marca contaba con más de un local. Esos cierres dejaron más de 100 puestos de trabajo afectados, de acuerdo con fuentes allegadas a la sociedad, un dato que la quiebra seguramente terminará de profundizar.
En paralelo, la compañía había negociado la venta de 45 sucursales a los dueños de On City, la cadena que surgió del recambio de marca de Electrónica Megatone. La operación, que buscaba descongestionar el inventario y darle continuidad a una parte de la red comercial, no prosperó. Ante ese escenario, el directorio aprobó el 26 de agosto un plan de reducción de estructura que la sindicatura evaluó antes del dictado de la quiebra, sin que alcanzara para revertir el cuadro general.
En lo que respecta al impacto sobre los hogares, la desaparición de Musimundo como cadena operativa tiende a traducirse en una menor competencia en el segmento de electrodomésticos, sobre todo en ciudades del interior donde la marca tenía presencia sostenida. Para una familia tipo, eso suele significar menos opciones de compra presencial, comparaciones de precios más limitadas y eventuales ajustes en planes de financiación que estas cadenas ofrecían con tarjetas de tienda. A eso se suma la incertidumbre sobre la suerte de los programas de garantía vigente, la reparación de productos adquiridos y la continuidad de los puestos de trabajo en las sucursales que aún no habían sido cerradas.
La quiebra, en definitiva, no solo marca el cierre formal de un concurso que intentó evitarlo, sino que abre un proceso largo en el que los trabajadores, los bancos, los proveedores y los clientes deberán dirimir sus créditos en un escenario donde la continuidad de la marca Musimundo y la reapertura de locales dependerán, en gran parte, de lo que resuelvan los potenciales compradores que se presenten en el marco del expediente judicial.
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