La huerta de primavera se mimetiza con el jardín y cambia la cara de la casa
Septiembre abre la puerta a sembrar y plantar mientras el resto de la vegetación se llena de flores. Cómo pensar el diseño, qué especies conviven mejor y por qué la orientación y el agua mandan a la hora de armar una huerta que también sea un jardín.
Son las diez de la mañana y el sol ya pega de lleno en el patio de la casa de Gabriela, en Moreno. Mientras prepara café, mira por la ventana de la cocina y ve algo que hasta hace unos años era impensado: una hilera de tomates al lado del romero, un cerco de laurel comestible que tapa el tender y, más allá, el taco de reina trepando por la reja con sus flores anaranjadas. La huerta y el jardín, juntos. Ella cuenta que arrancó de a poco, casi sin darse cuenta, y hoy no los puede separar. Es que septiembre es el mes ideal para sembrar y plantar en la Argentina, y la idea de mezclar lo ornamental con lo comestible empieza a ganar adeptos en los hogares que quieren productive el espacio sin resignar estética.
Antes de comprar la primera semilla o el primer plantín, conviene parar la pelota y mirar el terreno con otros ojos. No se trata solo de qué se quiere cosechar, sino de cómo se va a usar cada metro cuadrado. La huerta puede compartir lugar con las plantas del jardín y hasta ser parte de la vista desde la ventana, pero para que esa combinación funcione hay que pensar en el tamaño que va a tener cada especie, en los sectores que van a quedar libres para conectar las distintas áreas y, sobre todo, en que convivan sin pelearse el sol ni el agua.
Perennes y de temporada, una alianza que rinde todo el año
Una de las claves para organizar el espacio es mezclar vegetación que permanece con cultivos que se renuevan. Las plantas perennes, como el romero, el tomillo, el orégano y el laurel comestible, le dan continuidad al conjunto y vanando el paisaje a lo largo de las estaciones. Entre las opciones de siembra de septiembre aparecen el tomate, la albahaca, la berenjena, la lechuga y el pepino, que se pueden incorporar tanto desde semilla como desde plantín, lo que permite ir preparando el espacio con ambas alternativas y reemplazando lo que se va cosechando.
Orientación y agua, dos decisiones que no se pueden dejar para después
La ubicación manda en cualquier diseño. Las plantas de huerta necesitan al menos medio día de exposición solar directa, y en la Argentina identificar el norte es la forma más práctica de reconocer el sector con mayor asoleamiento. Pero además del sol, está el agua, y acá entra un detalle que muchos dejan para último momento: tener una toma cerca. Durante la primavera y el verano la evaporación y la transpiración de las plantas se disparan, así que facilitar el riego no es un capricho sino parte de la planificación. Si la canilla queda lejos, la manguera se va a convertir en una molestia diaria y el entusiasmo de la huerta se termina apagando junto con el primer fin de semana sin regar.
Alturas, formas y colores: cuando el diseño se pone creativo
Con el sol y el agua resueltos, empieza la parte más linda: distribuir alturas, formas y colores para que la huerta quede linda además de productiva. Un laurel comestible, por ejemplo, permite levantar un verde para tapar lo que no se quiere ver, como el tender o un depósito. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina aporta flores amarillas, anaranjadas o rojizas que van a dar color mientras del otro lado crecen los cultivos. La elección de cada especie depende de las condiciones del lugar y de cuánto va a crecer, porque una planta que hoy es chica en dos años puede tapar una ventana o invadir un paso.
Frutillas provistas de frutas y flores para pensar en las protecciones
También conviene anticipar qué cultivos van a necesitar protección, porque no todo lo que brilla en la huerta termina en la mesa. Las frutillas, por ejemplo, suelen requerir una red contra los pájaros, y ubicar ese sector fuera del primer plano permite integrar la cobertura al diseño sin que rompa la estética. En el suelo o en macetas, el compost y el humus de lombriz ayudan a mejorar la estructura de la tierra y aportan nutrientes de forma sostenida, algo clave cuando se busca una huerta que dé frutos durante varias temporadas.
Cuidado con los productos: si hay comida de por medio, todo cuenta
El mantenimiento tiene una regla que no se puede pasar por alto: si en el sector hay plantas destinadas al consumo, todos los productos fitosanitarios que se usen tienen que estar aprobados para cultivos comestibles, incluso cuando se apliquen sobre las ornamentales que están al lado. Es una cuestión de sentido común que a veces se olvida, porque una cosa es rociar unas flores contra un hongo y otra muy distinta es hacerlo cerca de un tomate que mañana va a terminar en la ensalada.
“Yo antes tenía el jardín y la huerta en dos puntas, pero se me complicaba regar y al final uno abandonaba. Ahora todo está mezclado y hasta me da gusto sentarme a mirar.”Gabriela, vecina de Moreno
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