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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Google se enchufa a la nuclear para que la IA no se quede a oscuras

Alphabet firmó un contrato a 20 años con Constellation Energy para modernizar 11 reactores en tres estados y garantizarse unos 890 megavatios extra. La promesa es simple: que los modelos de inteligencia artificial tengan luz propia, sin importar el clima ni el tarifazo.

NS
Nicolás SartoriTecnología · · lectura 3 min
Google se enchufa a la nuclear para que la IA no se quede a oscuras

Empezamos la semana con una imagen que me cuesta sacarme de la cabeza: miles de millones de parámetros entrenando a oscuras porque un transformador explotó en el barrio. Fantástico. Mientras tanto, del otro lado del mundo, la gente de Google firmó un acuerdo de más de 4.300 millones de dólares para que eso, justamente, no les pase nunca. La IA come electricidad como yo como facturas a fin de mes, y la compañía se cansó de rezar por una red estable.

El movimiento es concreto y lo explica el material: Alphabet, la matriz de Google, suscribió un contrato a 20 años con Constellation Energy. No van a construir centrales nuevas, aclaro, porque acá me conozco a algún editor que ya se imagina una explosión nuclear en cualquier nota que tenga las dos palabras juntas. Lo que harán es modernizar 11 reactores ya existentes en Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey, tres estados del centro y este de Estados Unidos.

Una central hecha con piezas recicladas y voluntad

Lo más interesante del acuerdo, y acá viene el dato que a mí me cambió la cabeza, es la parte de la ingeniería. En vez de levantar una central nueva, que tarda años y cuesta fortunas, la idea es mejorar la eficiencia térmica y eléctrica de reactores que ya están funcionando. El resultado esperado son unos 890 megavatios adicionales que se volcarán a la red PJM Interconnection, que vendría a ser el PAMI de la electricidad estadounidense: el operador más grande del país, el que sostiene el funcionamiento de buena parte de la costa este.

Piensen en esos 890 megavatios como la diferencia entre que en el barrio haya luz suficiente para prender una pava o que haya que esperar a las tres de la mañana cuando nadie cocina. Según el material, esa potencia equivale, más o menos, a la que generaría un reactor nuevo de gran porte, pero obtenida a partir de infraestructura ya en marcha. Traducido al criollo: menos papeles, menos obra y más megavatios en menos tiempo.

La IA también trabaja para la central, no solo al revés

  • Acceso a Google Cloud, la plataforma de cómputo en la nube de la compañía, para procesar datos de su propia operación.
  • Herramientas de Gemini Enterprise, el paquete de inteligencia artificial orientado a empresas.
  • Aplicaciones concretas para elegir dónde emplazar nuevas instalaciones nucleares.
  • Mantenimiento predictivo de activos, o sea, anticipar fallas antes de que se rompan.
  • Protección de infraestructura crítica, que en este rubro equivale a cuidar que nadie toque lo que no debe.

Pausa para lo obvio: yo, que peleo con la actualización de Windows cada tres meses, miro esto y se me escapa una risa nerviosa. La tecnología que usamos para pedirle un resumen al navegador ahora va a decidir dónde se construye la próxima central nuclear del país. Estamos todos grandes.

“El contrato entre Google y Constellation se perfila como uno de los acuerdos de este tipo más grandes registrados hasta ahora entre una empresa de tecnología y un operador nuclear.”Material de base

La movida tiene una lógica que conviene no pasar por alto. Entrenar y ejecutar modelos grandes consume, en algunos casos, electricidad comparable a la de ciudades enteras, según describe el material. La energía nuclear tiene dos ventajas que la hacen atractiva para esta tarea: genera volúmenes enormes de forma continua y no depende del clima, así que no importa si afuera hay sol, viento o una semana entera de tormenta. Es, en criollo, la fuente que nunca se toma franco por tormenta, algo que muy pocos pueden decir en este país.

Como me comprometí a dejar siempre algo práctico antes de cortar, ahí va el consejo para el lector desprevenido: antes de comprar un servicio de IA que promete cambiarle la vida, fíjese de dónde sale la electricidad que la alimenta. No porque sea un dato que vaya a ayudarlo a ahorrar, sino porque define el precio y la disponibilidad que esa tecnología tendrá mañana. Si la energía que la sostiene no es estable, su herramienta preferida puede pasar de genio a fantasma en cualquier momento. Y eso, estimado lector, lo aprendí escribiendo esta nota.

NS
Nicolás SartoriTecnología

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