Estornudar no siempre es señal de alarma: cómo descifrar lo que un perro intenta decir con ese gesto
Un adiestrador canino explica por qué los perros suelen estornudar cuando están contentos o emocionados y qué claves permiten diferenciar la alegría de un problema de salud que sí requiere atención veterinaria.
Son las diez de la mañana y todavía se siente fresco en el barrio cuando uno llega a la cita con el adiestrador. Lo primero que se ve es a Tony Silvestre en cuclillas, saludando a una perra que responde moviendo la cola a toda velocidad. Antes de empezar a hablar, el animal estornuda dos veces, seco y corto. "Eso que acaba de hacer es lo que me convoca hoy", dice, mientras le rasca detrás de la oreja. El cuadro, lejos de preocupar, lo deja conforme: la perra está contenta y se lo está diciendo como puede.
Yo vine hasta acá justamente para entender algo que me llevaba un tiempo dando vueltas: por qué los perros estornudan cuando están contentos y, sobre todo, cuándo ese mismo sonido tiene que encender una luz de alerta en cualquier dueño. Lo que recogí en la charla es que la respuesta es más simple de lo que parece, aunque requiere prestar atención a señales que muchas veces pasamos por alto.
Estornudar como forma de hablar
Para Silvestre, lo que muchos leen como un problema respiratorio es en realidad una pieza más del lenguaje canino. "Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo", resume, con esa media sonrisa que tienen los que conocen a los animales desde hace décadas. La lógica detrás es bastante clara: durante los picos de excitación, ya sea por el juego, por las caricias o por la expectativa de salir a pasear, el cuerpo del perro acumula presión en las vías respiratorias y necesita liberarla. El estornudo, en ese contexto, cumple una función casi de válvula.
El adiestrador lo lleva al terreno del humor para que se entienda mejor: "Si no estornuda, significa que no te quiere", dice, y uno no puede evitar pensar en cuántos mates compartidos con un perro al lado terminan con ese ruidito corto que parece un suspiro con onda. La gracia es que, según cómo se mire, esa frase no está tan lejos de la realidad: el animal está usando un gesto fisiológico para comunicar algo emocional.
Las claves para saber que no pasa nada
Antes de descartar cualquier problema, hay que mirar el conjunto. El adiestrador enumera las señales que acompañan a un estornudo emocional y que confirman que el perro está bien:
- Mirada tranquila, sin tensión en los ojos ni en el hocico.
- Cola que se mueve con soltura y sin rigidez.
- Orejas en posición natural, ni aplastadas hacia atrás ni demasiado tiesas.
- Cuerpo relajado, sin rigidez en las patas ni en el lomo.
- Curiosidad durante los paseos e interés por lo que pasa alrededor.
- Interacción calmada con otros perros y con las personas de la casa.
- Postura de panza expuesta al recostarse, un gesto que indica confianza plena.
Si el estornudo aparece en medio del juego, de las caricias o de la algarabía previa a un paseo y el resto del cuerpo cuenta esa misma historia, no hay por qué preocuparse. La recomendación es dejar que el perro se exprese y disfrutar del momento, porque ese ida y vuelta forma parte del vínculo que se construye día a día.
Cuándo sí hay que llamar al veterinario
Ahora bien, hay un segundo escenario que no conviene subestimar. También puede ocurrir que el perro estornude por causas externas menores, como la entrada de agua en las fosas nasales después de zambullirse en una pileta o de beber apurado. Eso, por sí solo, no suele ser motivo de alarma. La preocupación aparece cuando el estornudo se vuelve frecuente y se suma a otros indicadores: falta de apetito, decaimiento general, fatiga fuera de lo normal o respiración agitada aun cuando el animal está en reposo. En esos casos, la consulta profesional deja de ser opcional.
El criterio que propone Silvestre es directo y fácil de aplicar en la vida cotidiana. Si el estornudo surge en un momento de alegría o de actividad, y el perro muestra todos los indicadores de bienestar, no hay razón para alarmarse. Si aparece de manera repetida, sin relación con el juego ni con una emoción puntual, y se combina con cualquier cambio en el comportamiento o en el apetito, lo correcto es ir a la veterinaria sin demoras. Conocer el lenguaje corporal del perro, insiste, no solo evita diagnósticos equivocados sino que también mejora la convivencia y vuelve más rica la relación con quien, después de todo, no tiene palabras para decirnos lo que siente, pero encuentra la manera de hacérnoslo saber.
“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo.”Tony Silvestre, adiestrador canino
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