El cuerpo no se olvida: por qué retomar el entrenamiento después de una larga pausa no es empezar de cero
Un equipo de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign demostró que los músculos y el hígado guardan una suerte de registro del ejercicio previo. La explicación de por qué la vuelta a la actividad suele ser menos cuesta arriba de lo esperado.
Son las ocho de la mañana en el campus de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, en Estados Unidos, cuando el investigador Diego Hernandez-Saavedra empieza a revisar las primeras placas con cortes de tejido muscular que dejaron los ratones que participaron en su estudio. A simple vista son apenas tiras rosadas, casi transparentes. Sin embargo, vistas bajo el microscopio, cuentan una historia que él y su colega Yi-Heng Huang llevan meses tratando de descifrar: la de un cuerpo que, incluso después de meses sin moverse, recuerda haber entrenado.
El hallazgo, publicado en 2025 en American Journal of Physiology-Cell Physiology y completado con un segundo trabajo de 2026 en la revista Molecular Metabolism, identificó mecanismos celulares concretos por los cuales el músculo y el hígado retienen información del entrenamiento anterior, incluso tras varias semanas o meses de inactividad física.
Una memoria que está en las células
El equipo trabajó con ratones que fueron entrenados durante cuatro a ocho semanas y luego dejaron la rueda de correr apagada, sin actividad, por un período largo. Cuando volvieron a ejercitarse, los compararon con otro grupo que jamás había corrido. Los resultados fueron elocuentes: los animales con experiencia previa desarrollaron fibras musculares más grandes al retomar la actividad y aprovecharon mejor la energía disponible frente al esfuerzo.
Esa ventaja metabólica se sostuvo incluso durante la pausa, lo que abre la puerta a una idea que hasta ahora sonaba más intuitiva que comprobada: que el músculo entrenado no vuelve del todo a foja cero cuando uno deja de entrenar.
El hígado, un socio silencioso
El segundo hallazgo apareció en el hígado, un órgano al que normalmente se le presta menos atención en las conversaciones sobre ejercicio. Allí detectaron una mayor presencia de carboxilesterasas hepáticas, unas enzimas que descomponen las grasas en la sangre para que el músculo las pueda usar como combustible. Esa especie de cadena de montaje aceitada entre hígado y músculo es la que explica, en buena parte, por qué cuesta menos rearmar el ritmo después de un tiempo sin entrenar.
“Es como si el cuerpo tuviera una libreta donde va anotando lo que fue haciendo, y cuando uno vuelve a moverse, la abre y se acuerda.”Diego Hernandez-Saavedra, investigador de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign
El equipo recordó que la noción de memoria celular no es nueva en biología. Las neuronas guardan información por sus conexiones, y el sistema inmunitario reconoce agentes que ya enfrentó alguna vez. Lo que cambia con estos trabajos es la evidencia de que células del músculo, del hígado, de la piel y del tejido adiposo también parecen registrar experiencias pasadas, aunque todavía falta precisar cuánto dura esa información y de qué forma se conserva a lo largo de los años.
Pero ojo: la pausa no es gratis
Aunque la noticia trae alivio para quienes dejaron el gimnasio durante una lesión, un embarazo o una temporada de trabajo intenso, los propios investigadores aclaran que la memoria muscular no anula los efectos negativos del sedentarismo. Tras varias semanas sin moverse, disminuyen la capacidad cardiovascular, la fuerza y la respuesta del organismo a la insulina, que es la hormona que regula el azúcar en sangre. Volver a entrenar siempre será mejor que quedarse quieto, pero quedarse quieto nunca es neutral.
Qué cambia para el que vuelve
- Quien retoma el entrenamiento parte de un cuerpo que ya conoce el movimiento, no de uno completamente virgen.
- Las fibras musculares tienden a crecer más rápido que en una persona que nunca se ejercitó.
- La coordinación entre hígado y músculo favorece un uso más eficiente de la grasa como combustible.
- El regreso gradual sigue siendo clave para no exigirle al cuerpo más de lo que puede dar después de tanto tiempo parado.
María, una vecina de Lanús que paró de ir al gimnasio durante todo su embarazo, suele contar que la primera vez que volvió a subirse a la elíptica le costó, pero a las pocas semanas ya estaba rindiendo como antes. Lo que ella llamaba intuición es, justamente, lo que estos papers empiezan a comprobar bajo el microscopio.
Quizás la mejor forma de pensarlo sea esa, casi humana: el cuerpo nunca empieza de cero, aunque a uno le parezca que sí. Como dijo la investigadora Yi-Heng Huang cuando le pregunté cómo lo explicaba a sus alumnos más simples, el músculo tiene buena memoria, y se acuerda de cada vez que uno eligió moverse.
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