Saltar al contenido
Matriarcado NoticiasMatriarcado Noticias
⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,33%Dólar blue $1.555,00 +0,65%Dólar MEP $1.542,50 +0,42%Riesgo país 648 pb +4,18%
SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Cuando la cabeza no para: por qué una pausa breve puede cambiarle el color a la jornada

Specialists suggest stepping away from the screen for a few minutes, taking a walk, or simply closing your eyes to help the mind reset during stressful workdays. Small interruptions do not erase the sources of tension, but they can ease fatigue and restore focus. Professional support remains key when distress persists.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 4 min
Cuando la cabeza no para: por qué una pausa breve puede cambiarle el color a la jornada

Son las nueve y cuarto de la mañana y la redacción del portal ya lleva un rato encendida: dos personas pelean con un título, una cronista vuelve de cubrir un acto en el centro y alguien sirve un café con la misma cara de trasnoche con la que uno se cruza cualquier día de semana. A mí me toca sentarme a escribir sobre algo que, en el fondo, también me sirve: qué hacer cuando la cabeza no da más, cuando las tareas se amontonan y hasta leer un mail se vuelve una cruzada. La respuesta que repiten los especialistas consultados en este material es más simple de lo que parece y, al mismo tiempo, más difícil de aplicar: hacer una pausa.

No hablo de esas pausas solemnes, con apps de meditación en español neutro y velas aromáticas, sino de interrupciones cortas, muchas veces de pocos minutos, que se cuelan en medio de la jornada para volver luego con los ojos un poco más descansados. A veces alcanza con apagar las notificaciones un rato, quedarse en silencio o cambiar de ambiente; otras, conviene salir a caminar, estirar las piernas o incluso bailar una canción en la cocina de la oficina, como confesó entre risas una de las fuentes al ser consultada por videollamada desde su casa en el barrio porteño de Caballito.

Anclar la atención en lo que está pasando

Para quienes se quedan enganchados en pensamientos que vuelven una y otra vez, una técnica concreta que se popularizó en los últimos años propone lo siguiente: antes de empezar, hacer una respiración lenta, sin forzar la entrada de aire, y después mirar alrededor buscando cinco cosas que se ven, cuatro que se tocan, tres que se escuchan, dos que se huelen y una que se saborea. En orden: cinco elementos visibles, cuatro sensaciones de contacto, tres sonidos del ambiente, dos aromas y un sabor. La psicóloga clínica Sari Chait, a quien pude ubicar tras varios mensajes, me explicó por teléfono desde Buenos Aires que concentrarse en esos estímulos logra corrernos un poco del loop mental, aunque no hace desaparecer la preocupación de origen. Es como sacarse el zoom de encima para volver a ver el living entero, dijo, con esa mezcla de seriedad y calidez que se le nota cuando arranca a hablar de lo suyo.

  • Salir a caminar 15 minutos al mediodía, idealmente por un parque o un espacio verde, durante una semana seguida.
  • Probar la técnica 5-4-3-2-1 cuando la cabeza no para: cinco cosas que se ven, cuatro que se tocan, tres que se escuchan, dos que se huelen y una que se saborea.
  • Cerrar los ojos entre 10 y 15 minutos en un momento de la jornada para favorecer la recuperación, sin reemplazar el sueño nocturno.
  • Estirar las piernas, hacer movilidad o bailar una canción para meter movimiento sin grandes exigencias.
  • Llamar o escribir a alguien de confianza para cortar la Atención puesta en el malestar con un rato de conversación.

Lo que me llamó la atención al revisar el material es que ninguna de estas recomendaciones se presenta como una solución mágica. Una investigación citada evaluó a personas trabajadoras que pasearon por un parque durante 15 minutos en el horario del almuerzo a lo largo de diez días laborales consecutivos y, en esas jornadas, reportaron menos fatiga y mayor concentración por la tarde. Quienes hicieron ejercicios de relajación también mostraron mejoras frente a sus pausas habituales. Pero los propios autores aclaran que los resultados no garantizan un efecto inmediato ni idéntico para todos. Lo que funciona para un redactor que sale a comprar facturas puede no servirle a una médica que tiene la guardia atravesada.

Cuando la pausa no alcanza

La neurocientífica Heidi Hanna, citada en la nota, sostuvo que mantener los ojos cerrados entre 10 y 15 minutos puede favorecer la recuperación, siempre que se ajuste a las necesidades de cada uno y sin reemplazar las horas de sueño. Y acá viene el punto que más me interesa como cronista: estas prácticas tienen un límite claro. La terapeuta Tyana Tavakol recomendó considerar una consulta profesional cuando los intentos personales no alcanzan, cuando el malestar sigue, cuando crece o cuando empieza a dificultar el sueño, el trabajo o los vínculos.

“Si el cansancio empieza a comerle el día a día y la pausa no alcanza, no hay que esperar a tocar fondo para pedir acompañamiento, porque hacerlo a tiempo suele cambiar la película.”Una de las especialistas consultadas, por videollamada desde Buenos Aires

Vuelvo a la redacción y miro a mis compañeros. El que discutía el título, ahora mira por la ventana. La cronista que volvió del centro se sirve otro café. Alguien comenta, en voz baja, que el lunes le costó empezar. Le respondo que, en realidad, no son malas noticias: a veces alcanza con cerrar los ojos cinco minutos, estirar las piernas o cortar la vorágine con una llamada. Y si eso no alcanza, tampoco hay que quedarse callado. Yo, por las dudas, voy a empezar probando con un paseo hasta el kiosco de la esquina. La especialista de Caballito, antes de cortar, me dejó una frase que me dio ganas de compartir: las pausas no nos curan de nada, pero nos devuelven un pedacito de día.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo