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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Aftas en la boca: por qué aparecen, qué las distingue del herpes y cuándo conviene consultar al médico

Úlceras frecuentes y, en la mayoría de los casos, inofensivas. La repetición, el tamaño o la suma de otros síntomas pueden estar hablando de una enfermedad de base. Una guía para leer la señal antes de que se vuelva un problema.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 4 min
Aftas en la boca: por qué aparecen, qué las distingue del herpes y cuándo conviene consultar al médico

Eran cerca de las diez de la mañana de un martes cualquiera cuando me senté a conversar con Alicia, una docente jubilada de Morón que arrastraba desde hacía varios días una molestia en la boca que no terminaba de irse. Me dijo, con la tranquilidad de quien ya pasó por varias consultas, que al principio pensó que se trataba de una lastimadura sin importancia, de esas que aparecen cuando uno se muerde la mejilla sin darse cuenta o cuando come algo demasiado caliente. Lo que empezó como una pequeña úlcera en la cara interna del labio se transformó con los días en una llaga más grande, más dolorosa, que se negaba a desaparecer como las anteriores. Cuando finalmente se decidió a ir al consultorio, la sorpresa fue descubrir que detrás de esa afta persistente había un cuadro de anemia que llevaba meses sin diagnóstico y que se expresaba, justamente, a través de la mucosa bucal. La historia de Alicia no es un caso aislado ni raro: las aftas son lesiones extremadamente frecuentes, aparecen en algún momento de la vida en una de cada cinco personas, según estiman distintas revisiones, y en la enorme mayoría de los casos se resuelven solas en una o dos semanas, sin tratamiento y sin dejar rastros.

Cómo son, dónde aparecen y en qué se diferencian del herpes

Las úlceras bucales, conocidas popularmente como aftas, se forman en la cara interna de las mejillas, debajo o sobre la lengua, en las encías, en el interior de los labios o en el paladar blando. Suelen presentar un centro blanquecino, gris o amarillento rodeado por un borde rojizo bien marcado, y en muchos casos dan aviso antes de aparecer mediante una sensación de ardor u hormigueo en la zona. Esa pista previa es una de las claves que las distingue del herpes labial clásico, que es otra cosa: el herpes aparece en la superficie exterior de los labios, forma vesículas que se rompen y deja una costra, y es contagioso, algo que las aftas no son. Esa diferencia no es menor, porque a veces se confunden y la confusión retrasa la consulta o lleva a aplicar tratamientos que no corresponden.

Las tres formas que pueden presentar

La más habitual y la mejor tolerada es la afta menor, pequeña y redondeada, que cicatriza sola en pocos días y no deja marca en la mucosa. Existe también una variante mayor, menos frecuente pero más profunda y mucho más dolorosa, cuya curación puede extenderse hasta seis semanas y que en ocasiones deja una cicatriz visible en la zona donde se asentó. Por último, hay una forma compuesta por múltiples ulceraciones diminutas, tipo granitos, que tienden a agruparse en racimos y que también pueden resultar muy molestas, sobre todo al comer, al hablar o al cepillarse los dientes.

  • Traumatismos locales: morderse la mejilla, cepillarse con demasiada fuerza, roces con aparatos de ortodoncia, prótesis mal ajustadas y quemaduras por alimentos o bebidas calientes.
  • Estrés, cansancio y cambios hormonales, especialmente los vinculados a la menstruación y al embarazo.
  • Carencias nutricionales: déficit de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes registran con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina, aunque los propios autores aclaran que asociación no implica causalidad directa.
  • Enfermedades de base: celiaquía, enfermedad de Crohn, lupus, enfermedad de Behçet, artritis reactiva, infecciones virales, bacterianas o fúngicas y estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH.

Señales de alerta que no conviene ignorar

Aunque la mayoría de las aftas son pasajeras, hay combinaciones de signos que funcionan como una bandera roja y que justifican una consulta sin postergaciones. Una lesión que persiste más allá de las dos o tres semanas, que crece de tamaño o que aparece junto con fiebre, diarrea, pérdida de peso, manchas en la piel, dolor en las articulaciones o lesiones en otras partes del cuerpo puede estar dando cuenta de una condición subyacente que necesita evaluación. También conviene prestar atención cuando los episodios se repiten con frecuencia, cuando aparecen varias a la vez o cuando se instalan en zonas poco habituales, como el paladar duro o la garganta, porque ese patrón puede orientar la pesquisa diagnóstica hacia causas sistémicas. En esos casos, el profesional suele pedir análisis de sangre para descartar anemia, déficit vitamínicos o marcadores de enfermedad autoinmune, y eventualmente derivar al especialista que corresponda según la sospecha clínica.

Antes de irme, Alicia me resumió lo que aprendió en estos meses con una frase que me quedó dando vueltas: uno se acostumbra tanto a las molestias chicas de la boca que termina conviviendo con ellas como si fueran parte del paisaje, y lo importante es recordar que la boca habla, y a veces lo que dice hay que escucharlo a tiempo.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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