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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Aftas bucales: por qué una llaga en la boca que no se va merece una consulta profesional

Son lesiones frecuentes, dolorosas y, en general, inofensivas. Pero hay señales claras que indican cuándo conviene dejar de esperar y sentarse en el consultorio para que un odontólogo o un médico mire de cerca.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 4 min
Aftas bucales: por qué una llaga en la boca que no se va merece una consulta profesional

Son las nueve de la mañana de un martes cualquiera en la sala de espera de un consultorio odontológico del barrio de Belgrano, en la Ciudad de Buenos Aires, y mientras reviso mi anotador me cruzo con una mujer de unos cuarenta y tantos que se toca la comisura del labio con la punta de la lengua, como buscando algo que la molesta. Le pregunto qué le pasa y me dice, sin más, que lleva casi veinte días con una llaga en la boca que no se le va. No es la primera vez que le pasa, me cuenta Laura, vecina de San Telmo, mientras hojea una revista vieja: cada tanto le aparece una, se le cura, y a los pocos meses vuelve a estar en la misma. Yo vine porque ya me tiene cansada, me dice, y la entiendo, porque las aftas —esas úlceras chiquitas y traicioneras que se instalan en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua— suelen ser una molestia pasajera, pero cuando se quedan más tiempo del previsto o regresan una y otra vez dejan de ser un tema menor y empiezan a merecer una mirada profesional.

Antes de entrar en las señales de alarma, vale la pena repasar qué son y por qué aparecen. Las aftas, también conocidas como llagas bucales, son heridas dolorosas que se forman dentro de la boca y que, según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos, afectan a cerca de una cuarta parte de la población en algún momento de la vida. No tienen origen infeccioso y, por eso, no se contagian por compartir un vaso, un mate o un beso. En la mayoría de los casos se resuelven solas, sin tratamiento, en el transcurso de una o dos semanas.

Por qué aparecen y qué hacer cuando son una molestia leve

La Mayo Clinic menciona varios desencadenantes frecuentes: mordeduras accidentales mientras se mastica, un cepillado demasiado enérgico, el roce de aparatos de ortodoncia o de prótesis mal ajustadas, y los bordes filosos de alguna pieza dental. Los alimentos muy ácidos, picantes o salados también pueden irritar la zona y prolongar las molestias. Cuando se identifica y corrige el factor —por ejemplo, ajustando un aparato, alisando un borde o suavizando el cepillado— las posibilidades de que la llaga vuelva se reducen de manera considerable. Para las molestias leves, mientras tanto, los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos suelen ser suficientes para controlar el dolor y acompañar la cicatrización.

  • La lesión supera las dos semanas sin cicatrizar.
  • Las aftas reaparecen con frecuencia o de manera repetida en cortos períodos.
  • La úlcera es inusualmente grande o aparece una nueva antes de que cicatrice la anterior.
  • El dolor no se controla, impide comer o beber con normalidad.
  • La llaga se acompaña de fiebre o de otros síntomas generales.

Ahora bien, las aftas que se repiten con regularidad pueden estar hablando de algo más. La Mayo Clinic señala que existe una asociación entre lesiones recurrentes y niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. Eso no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba salir corriendo a comprar suplementos por su cuenta: el profesional evaluará la historia clínica y los síntomas y, si lo considera necesario, indicará análisis para confirmar o descartar esa posibilidad. En el mismo sentido, una revisión publicada en el repositorio científico PMC advierte que, antes de cargarles la responsabilidad a las aftas recurrentes, hay que descartar otras causas posibles, lo que vuelve más importante todavía la evaluación profesional en episodios frecuentes, que suele incluir los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.

En el consultorio, mientras la odontóloga revisa a Laura y le pregunta desde cuándo, cómo y con qué frecuencia le aparecen las lesiones, pienso que la diferencia entre una llaga ocasional y un problema que pide atención está, sobre todo, en el tiempo y en el patrón. Una afta suelta, que duele unos días y se va sin más, no suele ser motivo de preocupación. La preocupación aparece cuando la herida se queda más allá de lo razonable, cuando vuelve una y otra vez, cuando crece o cuando se suma una nueva antes de que la anterior haya cerrado. En todos esos casos, la consulta deja de ser opcional y se convierte en el paso más sensato.

Antes de despedirme, Laura me mira desde el sillón y me deja una frase que resume bastante bien la cuestión: A mí siempre me dijeron que eran cosas sin importancia, pero cuando te aparecen cada dos por tres y no te dejan ni comer tranquila, algo te está diciendo el cuerpo. Y, la verdad, vale la pena escucharlo.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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