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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

A menos de setenta kilómetros de la ciudad, dos bodegas pelean por reinventar el turismo del vino en el norte bonaerense

Finca Gamboa y Estancia Vigil, ambas en el partido de Campana, abren la posibilidad de combinar viñedos, gastronomía y actividades al aire libre en una misma jornada, con la Panamericana como principal vía de acceso.

MB
Mar BustamanteAmbiente y territorio · · lectura 4 min
A menos de setenta kilómetros de la ciudad, dos bodegas pelean por reinventar el turismo del vino en el norte bonaerense

A la altura del kilómetro 65 de la Panamericana, sobre la Ruta 9, el partido de Campana dejó de ser hace tiempo una mera escala en el camino hacia el norte para convertirse, de la mano de dos emprendimientos privados, en una suerte de franja vitivinícola inesperada a apenas sesenta kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires; según el registro oficial del municipio, se trata de Finca Gamboa, la bodega fundada por Eduardo Tuite, y Estancia Vigil, el complejo de gastronomía y enoturismo impulsado por el enólogo Alejandro Vigil en Los Cardales, que traslada a territorio bonaerense el concepto que el mismo Vigil ya explota en su Casa Vigil de Mendoza.

Finca Gamboa: una bodega con gravedad, cava bajo tierra y menú maridado

La propuesta de Finca Gamboa articula cuatro ejes que la diferencian de cualquier restaurante con vino en la carta: un recorrido guiado por el proceso de elaboración, una cava subterránea, una glorieta enclavada entre las plantaciones y un salón dedicado exclusivamente al vino de trescientos cincuenta metros cuadrados; el sistema de elaboración por gravedad, con capacidad para almacenar más de veinticinco mil litros, fue pensado para que el mosto descienda sin bombeo entre las distintas etapas, un detalle técnico que la bodega exhibe como sello identitario, según consta en la información oficial que el establecimiento difunde para visitantes.

  • Recorridos por la bodega con guía y degustaciones de etiquetas propias.
  • Almuerzo en Casa Gamboa con el Menú Terruño, una secuencia de platos maridados con vinos del lugar.
  • Caminatas entre las vides y opciones de picnic al aire libre.
  • Cursos de viticultura y experiencias de temporada como la vendimia y la recolección nocturna de uvas.

El paisaje que rodea a Finca Gamboa no es un decorado: las vides crecen en un terreno con desniveles, a metros de la Reserva Natural Otamendi y del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, dos áreas protegidas que suman álamos, lagunas y vegetación nativa al contorno; "venir a hacer la vendimia acá es meterse en un ecosistema que todavía funciona, no sólo en una plantación", sostuvo Graciela, vecina de Campana que participó de la última cosecha nocturna y que cada año repite la experiencia desde que el emprendimiento abrió sus tranqueras al público.

Estancia Vigil: piedra, álamos y el espejo mendocino de Alejandro Vigil

A unos veinte kilómetros hacia el oeste, ya en la localidad de Los Cardales, Estancia Vigil propone una lectura distinta del mismo fenómeno: en lugar de poner el acento en el proceso de elaboración, el complejo jerarquiza la gastronomía y la ambientación, con construcciones de piedra que remiten a antiguas viviendas de inmigrantes europeos, senderos peatonales, canales de agua, filas de álamos y viñedos jóvenes que aún están completando su primer ciclo productivo; el proyecto nació como una extensión de Casa Vigil, la bodega que Alejandro Vigil conduce en Chachingo, Mendoza, y funciona a la vez como restaurante y como vidriera de los vinos que Vigil elabora en su provincia natal.

Para organizar la salida desde la Ciudad de Buenos Aires, la diferencia operativa entre ambos proyectos es la que termina definiendo la jornada: Finca Gamboa exige reservar con anticipación los recorridos por bodega y las experiencias de temporada porque los cupos son limitados, mientras que Estancia Vigil se mueve con mayor flexibilidad horaria, aunque también recomienda reservar para asegurar mesa en el restaurante, según detallaron fuentes de ambos establecimientos; en los dos casos, la conectividad por la Panamericana y la Ruta 9 convierte a la escapada en un viaje de ida y vuelta posible en el día, sin necesidad de pernoctar, lo que amplía el perfil del público y lo aleja del turismo del vino tradicional asociado a la cordillera.

Queda, sin embargo, una pregunta que la nota no pudo cerrar: consultados sobre si existen regulaciones municipales o provinciales que amparen la expansión del turismo del vino en el periurbano bonaerense, en particular frente a la cercanía de las áreas protegidas como Otamendi y Ciervo de los Pantanos, voceros de la Secretaría de Ambiente de Campana y del Ministerio de Ambiente bonaerense no respondieron hasta el cierre de esta edición, una omisión que reabre el debate sobre cómo conviven los proyectos privados de enoturismo con la fragilidad ambiental de los humedales del norte del conurbano.

MB
Mar BustamanteAmbiente y territorio

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