Veintisiete años después, la secuela de Prácticamente magia vuelve a conjurar al público y hasta se da el gusto de superar a la original
Sandra Bullock y Nicole Kidman repiten como las hermanas Owens en una continuación que mejora las calificaciones de la película de 1998, aunque la crítica especializada la recibe con los brazos solo a medias.
Les confieso algo: cuando me senté a revisar los números de esta secuela, me preparé para el escenario clásico, el de la nostalgia que no se traduce en boletos. Y terminé sorprendiéndome. Prácticamente magia 2, que Warner puso en cartel este finde en Estados Unidos, no solo lidera la taquilla norteamericana en su fin de semana de estreno: también le saca unos puntos a la película original en la única encuesta que importa el sábado a la noche, la del público que sale de la sala con la tarjeta de CinemaScore en la mano.
La primera entrega, dirigida por Griffin Dunne y basada en la novela de Alice Hoffman, había sacado un B- en 1998. La secuela, dirigida por Susanne Bier, se anota un B+. No es una calificación que nadie vaya a enmarcar, pero significa que la gente sale conforme del cine, y eso, en un mercado tan peleado como el actual, ya es mucho más de lo que muchos blockbusters de cien millones de dólares pueden presumir.
Un matiz que los números no cuentan
Ahora, ojo con una de las trampas más comunes de las comparaciones: la película de hace casi tres décadas llegó a los cines sin comunidad previa, sin fans de un libro que todavía estaba fresco en las librerías, sin el boca a boca de la televisión por cable que después la convirtió en objeto de culto. La secuela, en cambio, convoca sobre todo a quienes ya guardan un cariño especial por Sally y Gillian Owens. Es decir, a un público predisuesto a pasarla bien, que es exactamente el tipo de espectador que infla las notas de apertura.
Dicho esto, y aun tomando ese resguardo, la diferencia existe y se nota. En CinemaScore la brecha es de un escalón completo, y en Rotten Tomatoes la película se ubica en un 39% de críticas positivas frente al 31% de la original. Es una mejora, sí, pero de esas que no alcanzan para hablar de un triunfo resonante: la crítica especializada la recibe con un tibio "bueno, no está mal", que en el fondo es casi un certificado de irrelevancia.
La cuenta pendiente: los 75 millones
- Presupuesto de producción: 75 millones de dólares, una cifra moderada para los estándares actuales de Hollywood pero igualmente exigente.
- Estrategia de recuperación: los analistas coinciden en que la película necesita sostenerse varias semanas en cartel para llegar al punto de equilibrio, sobre todo porque las campañas internacionales pesan fuerte en el presupuesto total.
- Antecedente inmediato: la película original fracasó en su estreno y construyó su público con el correr de los años, un trayecto largo que ningún estudio puede darse el lujo de repetir sin planificación.
Acá aparece la pregunta de fondo que se hacen por estos días en las oficinas de Warner: ¿esta secuela tiene techo en el estreno o puede construir esa audiencia lenta que tuvo su predecesora? Porque la historia del cine está llena de títulos que fueron fenómenos de culto precisamente porque nadie los vio en su momento, y replays como este suelen correr con la ventaja de la marca y la desventaja de las expectativas infladas.
Mientras tanto, para quienes crecimos viendo a las hermanas Owens pelearse con maleficios de amor en el reproductor de VHS, lo de este fin de semana tiene un valor que no aparece en ningún ranking: volver a ver a Sandra Bullock, nacida en Arlington, Virginia, y a Nicole Kidman, criada en Sídney, compartiendo pantalla otra vez, con la complicidad de dos carreras enormes encima, ya es una pequeña victoria del oficio por encima de los algoritmos.
La próxima fecha a mirar es la del próximo fin de semana largo en Estados Unidos, el del Día del Trabajo, último empuje del verano cinematográfico antes de que la cartelera se llene de premios y de cine adulto. Si Prácticamente magia 2 aguanta el ritmo, la conversación va a empezar a cambiar. Si no, la secuela habrá sido, como le pasó a su propia historia, un hechizo que duró lo que dura un suspiro.
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