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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Una visita al consultorio que puede cambiarlo todo: por qué medirse la presión salva vidas silenciosas

En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez lo ignora. Una recorrida por los números y los cuidados que recomiendan los especialistas para mantener a raya una condición que suele avanzar sin dar señales.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 3 min
Una visita al consultorio que puede cambiarlo todo: por qué medirse la presión salva vidas silenciosas

Son las diez de la mañana de un martes cualquiera y en el centro de salud de barrio ya se formó la fila de siempre: jubilados que llegaron temprano, madres con chicos a upa, algún que otro paciente que se tomó el colectivo para llegar antes de que el turno se le escape. Entre las preguntas de rigor de la enfermera hay una que se repite y que, sin embargo, muchísimos argentinos jamás se hicieron: ¿cuándo fue la última vez que se tomó la presión? La respuesta, muchas veces, es un silencio incómodo seguido de un "hace años" o un "sólo cuando me duele la cabeza". Ahí empieza, casi sin que lo sepamos, el problema.

La hipertensión arterial es una de esas condiciones que la medicina describe como silenciosa porque avanza sin dar señales evidentes durante años, mientras va lastimando arterias, corazón, riñones y cerebro. En la Argentina, según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial, la afecta al 36,3% de los adultos mayores de 18 años, es decir, a unos 12 millones de personas. De ese total, casi cuatro de cada diez todavía no sabe que la tiene. Y entre quienes ya están en tratamiento, apenas alrededor del 44% logra mantener los valores bajo control, lo que deja a la enorme mayoría expuesta a complicaciones que se pueden evitar.

Cifras que duelen y que se pueden revertir

El escenario no es sólo local. El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, advierte que 1.400 millones de adultos en el mundo viven con presión elevada y que sólo uno de cada cinco la tiene controlada. Cuando esa presión se sostiene en el tiempo puede terminar en infartos y accidentes cerebrovasculares, que en nuestro país figuran entre las primeras causas de muerte. La buena noticia es que la hipertensión se puede detectar con un manguito, se puede tratar y, en muchos casos, hasta prevenir.

  • Medirse la presión con regularidad, aunque uno se sienta bien, porque la ausencia de síntomas no garantiza valores normales.
  • Reducir el consumo de sal y sostener una alimentación equilibrada, con verduras, frutas y menos alimentos ultraprocesados.
  • Hacer actividad física de manera regular, adaptándola a la edad y a las posibilidades de cada uno.
  • Atender el estrés crónico, porque también pesa sobre los valores de presión arterial.
  • Tomar la medicación indicada por el profesional y no abandonarla aunque la presión parezca estabilizarse.

En la sala de espera, Marta, de Lanús, me cuenta mientras acomoda el turno de su marido que ella se enteró de que era hipertensa en un control de rutina, cuando fue a sacar el certificado de aptitud física para el gimnasio. "Yo veníaPerfecto, me sentía bárbara, y cuando la enfermera me dijo que tenía la presión alta casi me caigo de la silla", recuerda, todavía con algo de asombro en la voz. Desde entonces, dice, cambió la sal por hierbas, camina cuarenta minutos por día y no falla a la consulta. "Es un trámite barato y te puede salvar la vida, no entiendo cómo hay gente que no se la toma", reflexiona, mientras la llamann para pasar al consultorio.

La medición es un procedimiento sencillo, no duele y lleva apenas unos minutos, justo lo que dura un café de máquina. Esa sencillez es, al mismo tiempo, la mayor fortaleza y la gran deuda pendiente: alcanza con un manguito, con un profesional que tome los valores con criterio y con la decisión de cada uno de sentarse un rato en la silla del consultorio. Lo que está en juego no es un número más en la historia clínica: es la posibilidad de llegar a los años que vienen con el corazón entero y las arterias en condiciones, algo que, en definitiva, depende en gran parte de nosotros mismos.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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