Una velada en las alturas para empezar a tejer redes entre jóvenes empresarios patagónicos
La segunda edición de Paralelo Nights reúne a unos 40 referentes menores de 40 años de Neuquén y Cipolletti en el piso 28 del Hilton, con la mira puesta en un foro nacional que se proyecta para abril de 2027.
Son las seis y pico de la tarde del jueves 12 de noviembre cuando el ascensor del Hilton Neuquén deja a los primeros invitados en el piso 28. Afuera todavía queda algo de luz sobre el boulevard Doctor Ramón, pero acá arriba la ciudad ya se ve chiquita, rendida a los pies de la Patagonia. En el SUM, con las ventanas enormes de fondo, empiezan a acomodarse unas cuarenta personas: empresarios y emprendedores menores de 40 años, vecinos de Neuquén capital y de la rionegrina Cipolletti, que llegaron con las tarjetas en el bolsillo y la idea, dicen, de cruzar aunque sea una palabra con alguien que les abra un panorama nuevo.
La convocatoria lleva la firma de GEN Patagonia, un grupo impulsado por cuatro empresarios de perfiles bien distintos: Facundo Veas, de ASPA Desarrollos; Nicolás Schedler, de Leben; Sebastián Rizza, del estudio Rizza; y Mauro Marín, del sector de servicios petroleros. La heterogeneidad no es un accidente ni un capricho: a la hora de armar la lista se aseguraron de que hubiera lugares para el petróleo y el gas, para los desarrollos inmobiliarios, para la fruticultura, para la logística. La idea, me contaba Veas mientras organizaba las últimas sillas, es que la red no termine convertida en un club de un solo rubro donde todos terminan hablando el mismo idioma.
Una agenda con cálculos precisos
- Apertura formal y panel de empresarios en la primera parte de la noche.
- Lanzamiento oficial de Paralelo Forum 40, el foro de alcance nacional que GEN Patagonia proyecta para abril de 2027.
- Cóctel de cierre pensado para que los cuarenta invitados puedan encontrarse cara a cara, sin protocolo en el medio.
El formato reducido no es casual ni mucho menos improvisado. Es una decisión pensada y explicada con franqueza por los organizadores, que saben que su público tiene la agenda apretada y la paciencia corta. Veas lo resumió en una frase que me quedó dando vueltas mientras bajaba por el pasillo vidriado: ofrecer un formato que resulte útil, atractivo y posible de sostener es la prioridad, porque los empresarios están dispuestos a conectar, pero no siempre a comprometerse con reuniones mensuales que se vuelven una obligación más del calendario.
Entre los asistentes se ve un perfil que los organizadores tienen muy en la mira: hijos y nietos de familias empresarias que están dando el salto al sillón de conducción. Son chicos que, como me decía Sol desde Cipolletti mientras esperaba el café, tienen que tomar decisiones de inversión, armar equipos y adaptarse a un mercado que cambia más rápido que los manuales que les dejaron sus padres. La promesa del encuentro es que esos dilemas se puedan charlar con pares de otros rubros, sin receta única, pero con el consuelo, y a veces el dato justo, que aparece cuando alguien te cuenta cómo lo resolvió en su propia trinchera.
La cita se extenderá hasta las 22, pero el objetivo, según remarcan los organizadores, es que los contactos no se queden en la foto grupal del final de la noche. La expectativa es que alguno de esos cruces de WhatsApp que arrancan con un apretón de manos termine, más temprano que tarde, en un negocio compartido, en una sociedad concreta o en ese consejo que llegó en el momento justo. Parafraseando a Veas, la idea es que cada apretón de manos se transforme, cuando el reloj lo permita, en algo más que un contacto en la agenda.
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