Una aventura animada que huele a Filipinas y habla de las amistades que se resienten en la adolescencia
La nueva película de DreamWorks, dirigida por Joel Crawford y Januel Mercado, pone a dos adolescentes en el centro de una fantasía atravesada por la separación, el humor y los recuerdos compartidos.
Me acomodé en la butaca con la expectativa de siempre cuando se anuncia un estreno de DreamWorks: una historia animada que, en el fondo, hable de cosas grandes con un lenguaje simple. La pantalla se llena de color, de chicos que se zambullen en mundos que no existen y de un vínculo que se resiente justo cuando más lo necesitan. Eso es, justamente, lo que propone La isla olvidada, la película que Joel Crawford y Januel Mercado firmaron como directores y que llegó a las salas locales con una particularidad que no pasa desapercibida: la acción se sitúa en Filipinas, y la identidad de ese país se mete de lleno en la aventura.
Las protagonistas son Raissa y Jo, dos adolescentes que tienen que separarse y que, antes de que la distancia les gane de mano, se embarcan en un viaje por distintos mundos. La historia se apoya en lo que ellas vivieron juntas y en los recuerdos que cada una guarda. Esa amistad, que es el motor emocional del relato, funciona como un cable a tierra en medio de una trama que combina fantasía, acción y comedia con un ritmo bastante vertiginoso.
Un recorrido con humor físico y villanas incluidas
A medida que Raissa y Jo avanzan, se cruzan con otros personajes y se va armando un pequeño grupo que también construye sus propios lazos. En paralelo, una villana las persigue y suma otro condimento al conflicto. La propuesta visual mezcla estilos de animación, se permite movimientos de cámara ambiciosos y se apoya mucho en el humor físico y en gags que viven de la imagen. En el medio, cuelan referencias a series de los años ochenta, un guiño que los fans más grandes seguro agradecen.
Aunque el tono es descontracturado, la película no esquiva los temas pesados. La separación, el trauma y el valor de las experiencias compartidas aparecen sin que la historia se vuelva solemne. Los personajes tienen sus imperfecciones, no son heroicos todo el tiempo, y la relación entre las dos amigas concentra buena parte del desarrollo sentimental, que se hace más fuerte en el tramo final.
- Toy Story (1995): la historia de Buzz y Woody sigue siendo una de las mejores formas de hablar de la amistad entre opuestos.
- Mi vecino Totoro (1988): un clásico de Studio Ghibli que muestra cómo los lazos se construyen en la infancia y en lo cotidiano.
- Up (2009): la amistad y la compañía como motor de aventuras, con un arranque que pega fuerte en la memoria.
- Intensa-Mente (2015): un viaje por las emociones que también es un retrato de la amistad y de los recuerdos que nos construyen.
- Kung Fu Panda (2008): el clásico de DreamWorks sobre un protagonista que encuentra su lugar gracias a los otros.
- Cómo entrenar a tu dragón (2010): dos personajes que se entienden en las diferencias y crecen juntos.
La isla olvidada funciona como una carta de amor a esas amistades adolescentes que sobreviven a las distancias y a los cambios. Para quienes se criaron viendo al estudio californiano, la película se suma a una lista larga que incluye a Po, Hipo y compañía. Y para los que están transitando la adolescencia ahora, o crian a alguien en esa etapa, les deja una pregunta que rebota en la butaca cuando se encienden las luces: qué hacés con esos recuerdos cuando el vínculo empieza a transformarse.
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