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SÁB, 17 OCT 2026
Tecnología

Un pibe de 17 años, un ferrofluido casero y un robot que pesca plástico en la pileta del laboratorio

El canadiense Moroti Adegboyega se llevó el Stockholm Junior Water Prize 2026 con un prototipo que usa inteligencia artificial para encontrar residuos y un líquido magnético para levantarlos. Todavía no sale del agua controlada, pero los números en la pileta llaman la atención.

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Nicolás SartoriTecnología · · lectura 4 min
Un pibe de 17 años, un ferrofluido casero y un robot que pesca plástico en la pileta del laboratorio

A esta altura ya arruinamos tantas cosas con la tecnología que una más y no se nota. Pero cuando la usamos para desarmar un quilombo que nosotros mismos armamos, la cosa cambia. Eso es, más o menos, lo que hizo Moroti Adegboyega, un canadiense de 17 años al que le sobran ideas y, por ahora, le falta temporada en aguas abiertas.

El proyecto se llama Ecoferroquatics y se llevó el Stockholm Junior Water Prize 2026, el Nobel junior del agua, según se ufanan los organizadores. En pocas palabras: un robot que nada, ve y junta plástico. La diferencia es cómo lo junta, y ahí aparece lo entretenido.

Qué hace y cómo se mueve

La inteligencia artificial del bicho identifica plásticos sobre la superficie, calcula dónde están y le pasa la data a los microcontroladores, esos circuititos chiquitos que son el cerebro de movimiento del robot. Piensen en el microcontrolador como el joystick automático de la máquina: recibe una coordenada y la ejecuta sin chistar. El aparato se desplaza hacia el residuo y, cuando llega, entra en escena el truco de magia.

El ferrofluido: aceite, magnetita y un poco de ácido

  • Aceite vegetal: hace de base y ayuda a que el líquido se pegotee bien al plástico.
  • Magnetita: el mineral que reacciona al campo magnético, la parte ferrosa de la mezcla.
  • Ácido oleico: el surfactant casero, el que evita que las partículas se amontonen entre sí.

Esa mezcla recubre una parte del equipo. Cuando toca el plástico, se le adhiere. Después, los imanes del robot retiran el compuesto con el residuo enganchado. Traducción al castellano de inventor adolescente: el plástico se ensucia con aceite magnetizado y el imán lo levanta como si fueran clips sobre una heladera.

Los números: 51,85 % y 1,73 piezas por minuto

En nueve ensayos dentro de una piscina cargada con plásticos de distintos tamaños y tipos, el robot retiró el 51,85 % de los residuos. La recolección promedio fue de 1,73 piezas por minuto, según el informe técnico presentado al premio. Son datos de laboratorio, ojo: la pileta es controlada, no hay oleaje, no hay viento, no hay peces enojados ni ramas traicioneras.

El propio Adegboyega lo aclara: el prototipo todavía no está listo para ríos ni lagos. El objetivo declarado es juntar plástico de manera selectiva y evitar la captura involuntaria de plantas y animales, algo que las redes y los tamices convencionales suelen hacer sin querer. Como cuando pasás la escoba y te llevás por delante el juguete del gato.

La comparación con el tamiz

En los ensayos con microplásticos, esas partículas tan chicas que se te meten en cualquier parte, el robot le ganó al tamiz convencional. La malla deja pasar lo pequeño, el ferrofluido no. Apretás un imán y te llevás hasta lo que no se ve a simple vista.

¿De dónde sacó la idea? Adegboyega conoció un trabajo que separaba residuos con agua y ferrofluido y pensó, con buen criterio, que eso era difícil de llevar a un río. Entonces le puso ruedas, un cerebro artificial y aceite de cocina. A veces la innovación es eso: mirar lo que ya existe y moverlo un metro más allá.

Qué falta para que deje la pileta

Todavía varias cosas. Los ensayos fueron en entorno controlado, con plásticos plantados a propósito. En agua real aparecen corrientes, turbiedad, hojas, ramas y, sobre todo, plásticos que no se quedan donde los pusiste. El informe técnico no menciona pruebas en río ni lago, una deuda del founder con el ecosistema, nunca mejor dicho.

Con todo, la vara es interesante. Un pibe de 17 años, tres ingredientes de cocina y un circuito de inteligencia artificial logran retirar poco más de cinco de cada diez plásticos en una pileta llena de basura. No es la solución al problema, pero es una línea de trabajo que combina IA, magnetismo y paciencia de inventor. Y, francamente, yo a esa edad desarmaba radios y no juntaba ni un tornillo.

“El prototipo todavía no está listo para ríos ni lagos; su objetivo es recoger plástico de manera selectiva y reducir la captura de plantas y animales que ocurre con redes y otros mecanismos de arrastre.”Moroti Adegboyega, creador de Ecoferroquatics

Consejo práctico

Si te interesa seguir el proyecto o probar algo parecido en casa: arrancá con un ferrofluido casero en un recipiente chico, revisá las hojas de seguridad de la magnetita y no metas imanes potentes cerca de la compu o del disco rígido de la computadora. Después, sí, animate a pensar tu propio recolector. Pero antes de tirarte al río con un invento, probalo en la pileta, como hizo Adegboyega. Si él pudo a los 17, dejá de quejarte y empezá a armar.

NS
Nicolás SartoriTecnología

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