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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Un parásito que cruza la frontera entre gatos y humanos: qué encontró un megaestudio en América del Norte

Un análisis de más de 157.000 muestras de gatos en Estados Unidos y Canadá detectó la presencia de variantes de Giardia duodenalis que también pueden infectar a personas, en especial en felinos menores de un año.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 5 min
Un parásito que cruza la frontera entre gatos y humanos: qué encontró un megaestudio en América del Norte

Son las primeras horas de la tarde en la redacción y, mientras reviso la pantalla con el café todavía humeando, me topo con un estudio que me obliga a levantar las cejas: una investigación publicada en la revista PLOS One acaba de pasar por el microscopio, literalmente, a más de 157 mil muestras fecales de gatos domésticos en América del Norte, y lo que encontró pone en discusión varios lugares comunes sobre la convivencia con nuestras mascotas, sobre todo cuando en casa hay chicos, personas mayores o cualquiera con las defensas un poco bajas.

El trabajo revisó registros de un laboratorio comercial de referencia que procesa análisis en 49 estados de Estados Unidos y en cinco provincias canadienses, con muestras tomadas entre marzo de 2022 y agosto de 2023. El objetivo era enorme: determinar qué tan frecuente es en los gatos la presencia de Giardia duodenalis, un protozoo intestinal que suele asociarse a diarrea, dolor de panza y pérdida de peso, pero que en muchos casos pasa completamente desapercibido porque el animal no muestra síntomas visibles. Es uno de esos parásitos que avanzan en silencio y que, cuando aparecen los malestares, a veces cuesta relacionarlos con el verdadero origen.

Los números que dejó el relevamiento

  • El 6,3 por ciento de los gatos analizados, es decir 9.962 de los 157.616 estudiados, dio positivo para Giardia duodenalis.
  • De esos animales infectados, 1.840 portaban los ensamblajes genéticos A o B, que representan el 18,5 por ciento del total de positivos y son los que pueden transmitirse también a seres humanos y a otros mamíferos.
  • Los gatos menores de un año fueron los más golpeados, con una prevalencia del 10,7 por ciento, frente a apenas el 1,3 por ciento en los adultos.
  • Entre los cachorros positivos, casi uno de cada cinco, exactamente el 19,7 por ciento, presentó las variantes A o B, las que despiertan mayor preocupación desde el punto de vista sanitario.

El número duro, mirando en limpio, es este: de cada cien gatos infectados, alrededor de dieciocho llevan en su intestino una variante de Giardia que también puede enfermar a una persona. No es una mayoría, pero tampoco es una cifra menor si se piensa en la cantidad de felinos que conviven en casas, departamentos y hasta en los mismos sillones donde duermen los chicos.

Por qué los más chicos son los más expuestos

La diferencia entre los gatos menores de un año y los adultos es de las más llamaderas que deja el informe. Los cachorros, casi triplican la tasa de infección detectada en los animales más grandes, y entre ellos la presencia de las variantes que pueden saltar a humanos se acerca al veinte por ciento. Los investigadores lo explican por una combinación de factores que cualquier familia con un gato reconoce: los más jóvenes suelen compartir espacios con camadas enteras, camaditas, cajas de arena, bebederos, suelos de baldosas donde alguna vez se escurren gotas, y encima todavía están terminando de armar su sistema inmune, esa barrera natural que termina de aprender, con el paso de los meses, a defenderse de los invasores microscópicos.

Cómo se transmite y qué síntomas mirar en casa

La Giardia se transmite por una vía que cualquier manual de epidemiología repite, pero que conviene recordar igual: el parásito sale del cuerpo del gato en forma de quistes, unas estructuras muy resistentes que pueden quedar en el agua, en la comida, en los pisos, en las camas, en los juguetes, prácticamente en cualquier superficie que haya recibido una gotita de materia fecal, incluso cuando el animal parece sano y no hay signo evidente de diarrea. A partir de ahí, el contacto con las manos, con los zapatos o con el propio pelaje del gato alcanza para que otra persona pueda ingerir el parásito, y casi lo mismo ocurre con otros animales de la casa que comparten el mismo territorio.

El dato más interesante, y el que más suele confundir a los dueños, es que un gato puede estar infectado, eliminando quistes en sus deposiciones, y al mismo tiempo no mostrar absolutamente nada raro. Cuando los síntomas aparecen, las señales más frecuentes son deposiciones blandas o directamente líquidas, panza hinchada, cambios de apetito, pelo opaco, menor nivel de actividad, a veces vómitos y, en casos más sostenidos, pérdida de peso. Ninguno de esos signos, ninguno, confirma por sí solo la presencia del parásito, pero sí enciende una señal de alarma que vale la pena conversar con el veterinario, sobre todo si en casa hay niños pequeños, personas mayores, embarazadas o alguien con las defensas bajas.

El mensaje que deja el estudio para los hogares

Que un gato tenga Giardia no significa automáticamente que vaya a contagiar a nadie de la familia, ni muchísimo menos, pero sí significa que el animal necesita una evaluación profesional y, si corresponde, un tratamiento que termine con el parásito y con los quistes que pueda estar dejando en el entorno. Los especialistas coinciden en que la mejor forma de cortar el ciclo es bien concreta: mantener la caja de arena impecable, lavarse las manos después de manipularla, limpiar con agua caliente los lugares donde el gato suele hacer sus necesidades, controlar la calidad del agua que bebe y consultar al veterinario ante cualquier cambio en las heces, por mínimo que parezca. Y, sobre todo, recordar que los gatos menores de un año, los que mejor descrita tiene la investigación como la franja más vulnerable, son los que más se benefician de los controles periódicos y de un ambiente limpio, porque en esa etapa de la vida cualquier infección intestinal pesa más en el equilibrio general del animal y, por extensión, en la tranquilidad del hogar.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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