Un auto limpio y ordenado puede cambiar la manera de sentarse al volante
La Asociación Internacional de Detallado de Vehículos asegura que mantener el habitáculo prolijo favorece el ánimo y la concentración al conducir. Especialistas consultados remarcan que la higiene adentro del rodado admite varias lecturas y no dice, por sí sola, nada sobre la tristeza, el estrés o el descuido de quien maneja.
Eran cerca de las diez de la mañana de un martes cualquiera y la estación de servicio de siempre, sobre una avenida ancha de la zona oeste del conurbano bonaerense, ya empezaba a llenarse de clientes que aprovechaban el rato antes de entrar a trabajar. Entre mate en mano y un plumero improvisado, Marcela Romero, vecina de Morón que hace más de quince años limpia su Volkswagen Gol por dentro y por fuera antes de cada fin de semana, se acomodó en el pequeño sillón de la administración mientras esperaba el turno para el lavado automático y me contó, con esa tranquilidad que da la costumbre, que para ella ordenar el habitáculo no es un capricho ni una obligación impuesta por nadie, sino casi una manera de empezar el día con la cabeza más liviana. Lo dijo mientras miraba, a través del ventanal, cómo una manguera de alta presión le quitaba el polvo del paragolpes trasero a una pick-up gris.
La escena, tan común en cualquier barrio de la Argentina, es la que toma como punto de partida un informe reciente de la Asociación Internacional de Detallado de Vehículos, conocido por su sigla IDA, que sostiene que la limpieza y la organización del interior del rodado pueden influir de manera positiva en el estado de ánimo, en la disposición mental y hasta en el desempeño de quien se sienta al volante. El foco está puesto, según la entidad, en cómo se vive ese pequeño espacio mientras dura el viaje y en la calma que puede transmitir un ambiente visualmente despejado, sin papeles viejos, sin envoltorios de golosinas y sin esos objetos sueltos que, cuando aparecen, se vuelven un dolor de cabeza al momento de frenar bruscamente.
El orden también es seguridad
La cuestión del orden adentro del vehículo tiene, además, una dimensión que a veces se pasa por alto y que tiene que ver con la prevención de accidentes: cualquier cosa suelta, desde una botella de agua hasta un paquete de galletitas apoyado sobre la luneta trasera, se transforma en un proyectil en potencia si el conductor tiene que esquivar un bache de repente o si se ve obligado a pegar un frenazo en medio de una avenida. Por eso, el cuidado del habitáculo va bastante más allá de que la carrocería luzca brillante por fuera o de que el rodado deje una buena impresión entre quienes suben como acompañantes.
“Para mí el auto es como una segunda casa, porque paso varias horas adentro por el trabajo, así que si está desordenado me agobia y me cuesta arrancar el día. Si lo dejo limpio, manejo más tranquila y hasta siento que pienso mejor.”Marcela Romero, vecina de Morón
Por qué se posterga la limpieza
Ahora bien, lo que el informe también aclara, y que a esta cronista le pareció especialmente atendible, es que la suciedad adentro del rodado puede responder a situaciones muy distintas y no alcanza, por sí sola, para afirmar que alguien está triste, atraviesa un cuadro de estrés o directamente se descuida. Cuando el trabajo, los hijos, los trámites y los problemas cotidianos ocupan buena parte de la energía disponible, las tareas de mantenimiento suelen quedar para más adelante porque demandan un tiempo que, simplemente, no aparece en la agenda. La dificultad para sostener una rutina de limpieza también puede ser parte de una desorganización más amplia que toca varias áreas de la vida y no exclusivamente el rincón del garaje.
- Quien lo usa como herramienta principal para trasladarse y le presta menos atención a la apariencia porque prioriza la funcionalidad.
- Quien posterga la limpieza por sobrecarga de tareas y no llega con el tiempo ni con la energía.
- Quien convive con el desorden como parte de una etapa atravesada por situaciones complejas.
- Quien, simplemente, todavía no encontró un momento del día para dedicarle al rodado.
Hay, por ejemplo, otra explicación posible y bastante razonable: el lugar que cada persona le asigna al vehículo. Están quienes lo consideran, sobre todo, un medio para ir de un punto a otro, sin mayor apego emocional ni estética, y por eso le destinan menos horas a dejarlo prolijo por dentro. Esa relación práctica con el rodado es muy distinta de la falta de motivación y muestra, de manera bastante clara, por qué un mismo estado de limpieza admite lecturas tan diversas según quien mire el tablero y los asientos.
Conviene, entonces, separar dos cosas que a veces se mezclan en la conversación cotidiana: por un lado, el beneficio concreto de contar con un espacio cuidado, cómodo y sin objetos sueltos a la hora de manejar; por el otro, las conclusiones apresuradas sobre la personalidad o el estado emocional de su dueño, que suelen escucharse en reuniones familiares o en comentarios en redes sociales y que no siempre tienen demasiado asidero. Las posibles relaciones entre desorden, sobrecarga y apatía son eso, posibles, y de ningún modo permiten afirmar que todas las personas con el auto sucio estén atravesando el mismo malestar ni que necesiten, en todos los casos, una intervención profesional.
Antes de despedirse, con las llaves del Gol ya en la mano y un termo limpio acomodado en el piso del acompañante, Marcela Romero dejó una frase que resume, mejor que cualquier manual, lo que muchos sienten al subirse a un vehículo ordenado: «Cuando manejo un auto prolijo siento que tengo la cabeza más ordenada yo también, y eso me hace llegar a destino con otra energía». Dicho queda, entonces, como una invitación a mirar el habitáculo con la misma atención con la que se mira la ruta.
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