Tres tiros en la cabeza frente a un lavadero de Villa Dorrego y la principal hipótesis apunta al narcotráfico
Juan Manuel Oviedo, pintor y padre de un adolescente, fue ejecutado el viernes a la tarde en La Matanza. El dueño del lavadero dio una versión que no convenció a la fiscalía, se ausentó durante la inspección y no volvió a ser ubicado. En el local hallaron vainas calibre 9 milímetros y las cámaras habían sido desconectadas.
El viernes a la tarde, en el cruce de Saturnino Saraza y Donizetti, en el barrio Villa Dorrego del partido de La Matanza, dos hombres que viajaban en un Ford verde frenaron frente a un lavadero y abrieron fuego. Juan Manuel Oviedo, pintor de obra de 36 años y oriundo de Laferrere, comía en la vereda y recibió tres impactos en la cabeza. Fue trasladado al Hospital Simplemente Evita, donde murió. Lo acompañaba un hombre de 40 años, que resultó herido con un tiro en la garganta y permanece internado en condición estable.
La hermana de la víctima, Daiana Oviedo, describió el ataque: Lo balearon por atrás. Lo mataron de tres tiros en la cabeza. Además recordó que el lavadero ya había sido blanco de disparos en otra oportunidad y sostuvo que lo balearon no una, sino dos veces.
La versión del dueño y lo que halló la Policía Científica
El propietario del lavadero, identificado como José, declaró ante la Comisaría 4ª de Villa Dorrego y dijo que el ataque se originó en el robo de una bicicleta, que él había ido a reclamarla a un sector del barrio y que los pistoleros llegaron después como represalia. No mencionó negocios ilegales ni conflictos previos.
El fiscal Diego Rulli, de la UFI de Homicidios, no dio por válida esa explicación y ordenó una inspección con Policía Científica. Los resultados la desarmaron.
- Adentro del lavadero aparecieron vainas calibre 9 milímetros, lo que indica que alguien respondió el fuego desde el local.
- Los grabadores de las cámaras de seguridad no estaban: alguien los había retirado antes del procedimiento.
- Durante la inspección, José se ausentó del lugar y adujo que debía atender a su madre internada y que regresaría con un abogado. No volvió.
- Su teléfono dejó de recibir mensajes y los vecinos del lavadero se negaron a prestar declaración.
Para el fiscal Rulli, el local no funcionaría únicamente como lavadero, sino también como punto de venta de drogas, hipótesis que orienta la pesquisa. Hay un segundo herido en la causa, un hombre de 40 años, cuyas explicaciones tampoco convencieron a los investigadores; Rulli pidió su detención, entre otras medidas que la causa mantiene bajo reserva. En lo que respecta a violencia de género, los organismos competentes atienden la línea 144 las 24 horas.
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