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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y la serie la cruza con Lizzie: lo que hay de verdad y lo que no

La cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy suma a la asesina serial de Florida al relato de los Borden. El vínculo entre ambas es un invento del guion: no hay pruebas de obsesión ni de una visita a la casa de Fall River.

AP
Ana Paula LedesmaCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y la serie la cruza con Lizzie: lo que hay de verdad y lo que no

Te imagino la escena antes de leer esta nota: un living con un solo foco encendido, dos actrices que se miden con la mirada y un guion que se atreve a cruzar dos siglos en un mismo plano. Eso es exactamente lo que propone la nueva entrega de Monstruo en Netflix, donde Sarah Paulson se calza el cuero de Aileen Wuornos y la sienta, casi como invitada de honor, en la misma mesa que Lizzie Borden. La idea suena poderosa, pero conviene separar la adrenalina del capítulo del ruido de archivo: la relación entre estas dos mujeres es, en el mejor de los casos, una licencia poética de Ryan Murphy y compañía.

Qué hay de cierto y qué se inventó

Para no perdernos, vale aclarar dos planos desde el arranque. El primero es el de los hechos: Wuornos fue condenada por seis asesinatos cometidos en Florida entre 1989 y 1990, confesó haber matado a siete hombres y en un principio se defendió diciendo que había intentado repeler ataques o intentos de agresión. Recibió seis condenas a muerte y fue ejecutada por inyección letal en 2002, a los 46 años. El segundo es el de la ficción: no existe evidencia de que Wuornos sintiera la fascinación que muestra la serie, ni de que haya pisado la casa de los Borden en Massachusetts o pasado una noche allí. Si te cruzás con alguien que te lo cuenta como un dato histórico, desmintelo con amabilidad.

La serie lo sabe y, en vez de disimularlo, lo explicita. El cocreador Ian Brennan lo planteó sin vueltas: querían darle a Wuornos un cierre que funcionara para el personaje, aunque no fuera un cierre feliz. Esa búsqueda se nota en las escenas donde Lizzie aparece como un recuerdo, una aparición, una presencia que la recibe después de la muerte. Es un recurso narrativo, no una tesis: la pantalla necesita esos cruces para sostener la idea de que dos mujeres marcadas por la violencia pueden mirarse de igual a igual.

Cómo se arma el cruce en pantalla

  • Desde el cuarto episodio la acción se muda a Florida en 1988 y arma un encuentro en la ruta que termina con Wuornos disparándole a un hombre.
  • Después aparece leyendo con su novia un libro sobre Borden y se reconoce en esa historia, como si encontrara un espejo tardío.
  • En el sexto capítulo la situación se invierte: Wuornos se queda en la casa de los Borden mientras el montaje intercala pedazos de la investigación de 1892.
  • Las visiones de Lizzie completan la asociación entre ambas, concebida para la narración y sin un vínculo histórico acreditado.
“Buscábamos darle a Wuornos un cierre satisfactorio, aunque no fuera feliz. La historia de Lizzie le ofrecía un espejo donde mirarse.”Ian Brennan, cocreador de la serie

Sarah Paulson, criada artísticamente en Estados Unidos y ya convertida en una de las caras de esta antología, vuelve a entregarse a un personaje extremo con la misma energía que mostró en otras temporadas. Su Wuornos no imita a la real: la interpreta como una mujer que busca una explicación en otra mujer que mató casi cien años antes. Esa búsqueda es, a la vez, lo más interesante y lo más frágil del capítulo, porque pide que el espectador le crea una obsesión que los papeles no respaldan.

Y acá se cuela la pregunta que sobrevuela toda la entrega y que la propia nota de base deja picando: qué lugar deberían tener estas licencias en las series basadas en casos reales. Mientras la respuesta no llega, la serie sigue apostando por un cruce imposible, pero consciente de su propia inventiva. Si te picó la curiosidad, agendá: la cuarta entrega de Monstruo ya está disponible en Netflix y el sexto capítulo es el que concentra el encuentro entre ambas, con Lizzie como fantasma de cabecera y Wuornos como visitante inesperada en una casa que, en la vida real, jamás pisó.

AP
Ana Paula LedesmaCultura y espectáculos

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