Pymes industriales de Buenos Aires reescriben su calendario de pagos para sostener el empleo en un mercado que se enfría
Fábricas de la provincia reparten el medio aguinaldo, estiran plazos con proveedores y ajustan cada gasto fijo para no desprenderse de personal, mientras la facturación retrocede y la presión tributaria se vuelve más difícil de absorber.
En el corazón fabril de la provincia de Buenos Aires, el año encuentra a las pymes industriales gestionando mes a mes una paradoja que las autoridades y los propios empresarios describen con creciente nitidez: cuando los volúmenes de venta se contraen, las erogaciones corrientes —sueldos, impuestos, servicios, cuotas de crédito— mantienen su periodicidad y su monto, de modo que el desfasaje entre ingresos y egresos se profundiza. Para evitar que esa brecha termine en despidos, las pequeñas y medianas industrias apelan a un repertorio de medidas de administración de caja que incluye la postergación de compromisos, el fraccionamiento del medio aguinaldo y una revisión minuciosa de cada partida de gasto.
Vamos a los números. De acuerdo con los registros del INDEC correspondientes al mes en curso, la Encuesta Mensual Industrial que publica el organismo mostró que la utilización de la capacidad instalada en la industria manufacturera se ubicó en torno al 60%, un nivel que refleja la ociosidad que las fábricas vienen arrastrando y que explica, en buena medida, la estrechez financiera que describen los empresarios. En materia de género, la encuesta señala que el empleo industrial femenino representa cerca del 30% de los puestos registrados del sector manufacturero a nivel nacional, mientras que el masculino concentra alrededor del 70% restante, y que la merma de actividad tiende a impactar con mayor fuerza en los contratos más recientes. Por regiones, la provincia de Buenos Aires aporta aproximadamente el 40% del valor agregado manufacturero del país y concentra algo más de un tercio de los establecimientos industriales pyme relevados por el INDEC, lo que vuelve visible cualquier fenómeno que atraviese al sector.
Dividir el aguinaldo, estirar plazos y revisar cada gasto
Entre las herramientas más utilizadas para capear la baja de ventas aparece la decisión de fraccionar el pago del medio aguinaldo, una práctica que las pymes adoptan como vía para distribuir en el tiempo un desembolso significativo y evitar tensiones de liquidez. En paralelo, las empresas extienden los plazos a proveedores, postergan el pago de depósitos y obligaciones accesorias, y ajustan erogaciones con la premisa central de no desprenderse de personal. La lógica, según relatan los propios empresarios, es que el costo de reponer un operario formado resulta más elevado que el esfuerzo financiero de sostenerlo durante un período de actividad reducida.
“Cuando la rentabilidad empieza a mermar, las dificultades se acumulan mes a mes. Uno trata de sostener y de no echar.”Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva
Jomsalva, fabricante de compuestos de caucho con 53 años de trayectoria en la provincia, constituye un caso testigo de esta dinámica. La firma cuenta con un plantel cuya antigüedad promedio roza los 15 años, un indicador que su presidenta, Patricia Malnati, mencionó como factor que refuerza el compromiso recíproco entre la compañía y sus trabajadores en las etapas de menor actividad. Esa relación de largo plazo opera como un ancla frente a la decisión de prescindir de personal, aun cuando la facturación no alcance para cubrir la totalidad de las obligaciones corrientes en tiempo y forma.
- El impuesto sobre los Ingresos Brutos puede representar hasta un 3% de la facturación, un porcentaje que se mantiene inalterable cuando las ventas retroceden.
- Las tasas municipales de seguridad e higiene llegan al 8% según el municipio, otro componente fijo que se paga aun en períodos de facturación reducida.
- La combinación de ambos tributos, sumada a impuestos nacionales, configura la estructura que los empresarios describen como parte del costo argentino y que, según su lectura, dificulta la sostenibilidad de las plantas cuando la actividad cae.
- La competencia de productos importados —en particular, de origen chino— a precios que las fábricas locales no siempre pueden igualar agrega una capa adicional de presión sobre los márgenes.
- El reclamo de controles sobre la subfacturación en operaciones de comercio exterior apunta a nivelar las condiciones de competencia con la producción local.
“El costo argentino, el nivel impositivo nos saca totalmente.”Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva
En la lectura que realizan los propios empresarios, la administración de la caja mediante el diferimiento de pagos y la renegociación de plazos funciona como un amortiguador transitorio, pero deja al descubierto una fragilidad estructural: cuando el consumo no repunta, los márgenes operativos se reducen y la diferencia entre lo que ingresa por ventas y lo que debe abonarse se sostiene con financiamiento propio, créditos puente o, en el extremo, con la postergación de obligaciones que termina trasladando el problema a otros eslabones de la cadena de valor. La carga tributaria, que puede combinar hasta un 3% de Ingresos Brutos y un 8% de tasas municipales, se vuelve más pesada a medida que la facturación retrocede, porque los porcentuales operan sobre una base cada vez menor, mientras que los costos fijos —incluidos los sueldos y las contribuciones— permanecen prácticamente inalterados.
Qué cambia en un hogar promedio
Para un hogar promedio del conurbano bonaerense o de las ciudades industriales del interior provincial, el sostenimiento del empleo pyme tiene efectos directos y verificables. Mantener activas las plantas significa preservar la fuente de ingresos de familias en las que, según los datos de actividad y empleo del INDEC, la industria manufacturera constituye uno de los principales sostenes laborales. Si una pyme logra atravesar la baja de ventas sin reducir personal, el aguinaldo —aunque fraccionado— termina completándose y la estabilidad del puesto se mantiene; en el escenario contrario, la pérdida del empleo implica, en términos concretos, la interrupción del ingreso formal, la caída de los aportes previsionales y de obra social, y la necesidad de recurrir a programas de contención social. La diferencia entre ambos desenlaces depende, en gran parte, de la capacidad de cada empresa para administrar su caja, de las condiciones generales del consumo y del acompañamiento —o la ausencia de acompañamiento— de políticas públicas que morigeren la carga tributaria durante los ciclos de menor actividad. La firma especializada en compuestos de caucho, en tanto, resume el estado de situación con una frase que condensa la estrategia dominante del sector: sostener los puestos, incluso a costa de reformular el calendario de pagos, antes que resignar el capital humano acumulado durante décadas.
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