Nicolas Cage en doble partida: la rareza de «Adaptation» y el cine que se piensa a sí mismo
El filme de Spike Jonze y Charlie Kaufman pone a Nicolas Cage a hacer de sí mismo y de su hermano imaginario, en una comedia agridulce sobre las dudas del escritor. Un repaso por la película y por otros títulos del actor que muestran su cara menos taquillera.
Le tengo que confesar algo: la primera vez que vi «Adaptation» me pasó lo que le pasa a mucha gente cuando se sienta sin saber bien de qué va la cosa. Salí del cine con la cabeza hecha un bombo, pero también con esa sensación rara de haber visto algo que no se parece a nada. Y eso, a esta altura de la vida, es un regalo.
La película es de 2002, la dirige Spike Jonze —el mismo de «Her» y «Dónde están las criaturas»— y la escribe Charlie Kaufman, un guionista con fama de romper los moldes. La idea de arranque es bien concreta: adaptar el libro «The Orchid Thief», de la periodista Susan Orlean, sobre un hombre obsesionado con una orquídea rara en los pantanos de Florida. Hasta ahí, una película tranquila. El problema es que Kaufman no sabe cómo llevar esa historia al cine, se traba, se pelea consigo mismo, y termina metiéndose en el guion. Y ahí empieza lo lindo.
Cage haciendo de dos Cage
Nicolas Cage se anima a un doble papel que es de lo más jugadito: interpreta a Charlie Kaufman, el guionista bloqueado, y también a su hermano gemelo imaginario, Donald Kaufman, un tipo más suelto, más comercial, el que le dice «escribí una película con sexo y persecuciones de autos» y te deja pensando. Los dos hermanos conviven en la pantalla con una química que por momentos parece de verdad, y por momentos parece una pelea interna. Cage se sale del molde que le conocíamos por entonces —el de «The Rock», «Con Air», «Cara a cara»— y se permite el ridículo, el drama y la risa nerviosa en la misma escena.
Y ojo, porque no es un capricho: el doble papel es el motor de la película. Mientras Charlie quiere escribir algo serio, Donald tira para el lado del Hollywood más plástico. Esa tensión es, en el fondo, la pregunta que se hace cualquier adaptador: ¿respeto el libro o le pongo un guión de auto explotao de mitad para adelante para que el público no se vaya del cine?
Cage lejos de la pirotecnia
Si uno se queda con la imagen del Nicolas Cage gritando y rompiendo cosas, se pierde lo mejor del tipo. Hay un Cage más callado, más roto, que es el que a mí más me llega:
- «Leaving Las Vegas» (1995): la película que le dio el Óscar al mejor actor. Hace de un guionista que se va a Las Vegas a beber hasta morirse, y la pasa con Elisabeth Shue. Duele de verdad.
- «Al límite» («Bringing Out the Dead», 1999): lo dirigen Martin Scorsese y el guionista Paul Schrader. Cage es un paramédico deambulando por Nueva York, quemado, con insomnio y alucinaciones. Una joyita que el público suele pasar por alto.
- «El hombre del tiempo» («The Weather Man», 2005): comedia negra con corazón roto. Un tipo que presenta el pronóstico del tiempo en una cadena de televisión y cuya vida personal se le desarma por todos lados.
- «El señor de la guerra» («Lord of War», 2005), del neozelandés Andrew Niccol: drama criminal sobre el tráfico internacional de armas. Cage se pone en la piel de un traficante que recorre el mundo como si vendiera seguros.
Lo que me gusta de repasar estos títulos es que muestran a un actor con más registros de los que el meme de internet le reconoce. Sí, después vendrían los años de películas directas a streaming, con títulos que a veces eran un dolor de cabeza. Pero el Cage de los noventa y de principios de los 2000 es un actorazo, de los que se juegan el físico, la voz y la cara sin pedir permiso.
Volviendo a «Adaptation», lo que la convierte en una rareza dentro del cine sobre el cine es que no tiene miedo de mostrarse en plena crisis creativa. Kaufman firma un guion sobre alguien que no puede escribir, y lo entrega igual. Es un acto de casi terapéutico. Y Cage le pone el cuerpo a esa con uno de los trabajos más libres y desquiciados de su carrera.
Como tantas veces no hay una próxima fecha confirmada para volver a verla en pantalla grande, pero ya se sabe: cada tanto, algún ciclo de cine o alguna plataforma la rescata del cajón. Mi recomendación, si nunca la vio, es que la busque un domingo a la tarde, con el teléfono lejos y un café de por medio. Y si ya la vio, me sumo a la pregunta del final: ¿con qué Nicolas Cage se vuelven a sentar frente al sillón? Yo, esta semana, ando con ganas de revisitar al paramédico de Scorsese. Pero eso es tema para otra nota.
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