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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Mover el cuerpo, mover el deseo: lo que el ejercicio puede hacer (y lo que no) por la vida sexual

Una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, Erika Lydon, repasa cómo la actividad física bien dosificada puede sumar al bienestar sexual y por qué entrenar de más, dormir poco o comer mal puede jugar en contra del deseo.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 4 min
Mover el cuerpo, mover el deseo: lo que el ejercicio puede hacer (y lo que no) por la vida sexual

Son las nueve de la mañana de un martes cualquiera y, mientras la ciudad todavía se acomoda en sus ruidos de siempre, yo estoy tomando nota de una conversación que me deja pensando más de lo que esperaba. La cita fue por videollamada, en un living cualquiera, pero del otro lado hay una voz muy concreta: la de Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, que desde su consultorio en Mar del Plata se dedica a explicar algo que parece obvio y, sin embargo, casi nunca se dice con todas las letras: lo que hacemos con el cuerpo durante el día termina cayendo, para bien o para mal, en la vida sexual.

Empezar por algo que se pueda sostener

La primera idea que plantea Lydon es casi una invitación a no enloquecerse con la última moda deportiva. Antes de pensar en rutinas intensas, dice, conviene preguntarse qué actividad resulta agradable y, sobre todo, qué se puede mantener en el tiempo. Su sugerencia más concreta es bien terrenal: arrancar con caminatas de unos quince minutos e ir subiendo la exigencia de manera gradual, semana a semana, sin saltos que el cuerpo termine pagando.

Como referencia general para la mayoría de las personas adultas, la especialista menciona la pauta que repiten las guías de actividad física: sumar alrededor de ciento cincuenta minutos de ejercicio aeróbico moderado por semana o, en su defecto, setenta y cinco minutos de actividad intensa, más dos jornadas de entrenamiento de fuerza. Pero se encarga de aclarar algo clave, y acá me parece que está el corazón del asunto: esa meta apunta a la salud integral y no es, por sí misma, un tratamiento para el bajo deseo ni una garantía de que la libido vaya a cambiar. Influyen también el estado emocional, el descanso, la alimentación y la historia clínica de cada persona.

Antes de sumar ejercicios: atender las molestias

Hay un punto sobre el que Lydon insiste mucho, y lo cito tal como me lo dejó: si aparece dolor o hay alguna preocupación vinculada con el desempeño sexual, lo primero es consultar a un profesional de salud o a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. Esa musculatura, me explica, sostiene estructuras de la pelvis y participa activamente en la función sexual, pero eso no significa que siempre necesite fortalecerse. A veces, el problema va por otro lado.

  • Los ejercicios de Kegel pueden ser útiles en algunos casos, pero también pueden sumar tensión si el piso pélvico ya está contracturado.
  • Si los músculos permanecen contraídos o les cuesta relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas, especialmente en las mujeres.
  • Entrenar en exceso, sin una alimentación suficiente y sin descanso adecuado, puede terminar jugándole en contra al deseo sexual.

Por qué moverse puede ayudar (y por qué no alcanza solo con eso)

Cuando le pregunto por qué el ejercicio puede tener un efecto positivo en la vida sexual, Lydon enumera tres mecanismos que vale la pena entender. El primero es la circulación: el trabajo aeróbico cuida el corazón y los vasos sanguíneos y facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales, algo que interviene tanto en la erección como en la excitación y la respuesta sexual femenina. El segundo es el descanso: la tensión acumulada puede apagar el interés, y el movimiento bien dosificado ayuda a mejorar el ánimo y a dormir mejor. El tercero es el entrenamiento de fuerza, que puede colaborar con procesos vinculados a la energía, el manejo del estrés y el equilibrio hormonal. Todo eso, aclara, puede sumar. Nada de eso reemplaza una consulta médica ni asegura resultados por arte de magia.

Los tiempos del cuerpo no son los de la publicidad

Algo que me llevo de la charla, y que quiero compartir así, sin adornar, es la idea de que los resultados no llegan todos al mismo tiempo. Dormir mejor o sentirse menos estresado puede notarse antes que cualquier cambio en el deseo o en la función sexual, que dependen de una mezcla más amplia de factores. Lo que sí queda claro es que el movimiento, bien elegido y bien dosificado, es una herramienta más dentro de un rompecabezas que incluye descanso, alimentación, emociones y, cuando hace falta, acompañamiento profesional.

“Elegí algo que te guste y que puedas sostener en el tiempo: si arrancás con algo que no podés mantener, lo más probable es que lo abandones y ahí se pierde todo el potencial beneficio.”Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico (Mar del Plata)
LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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