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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Más allá del huevo: por qué lo que se le pone al lado cambia el impacto en la presión y el colesterol

Verduras, avena, papa con piel o palta pueden convertir un plato clásico en un menú con aliados para el corazón, siempre que se controle la sal, las grasas saturadas y los fiambres.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 4 min
Más allá del huevo: por qué lo que se le pone al lado cambia el impacto en la presión y el colesterol

Son las siete y media de la mañana de un martes cualquiera en una cocina de barrio en Lanús, y mientras revuelvo los huevos para un revuelto rápido antes de salir a trabajar, me doy cuenta de algo que parece obvio pero que uno repite sin pensarlo demasiado: lo que termina importando para la salud del corazón no es solo el huevo en sí, sino todo lo que uno le pone alrededor en el plato, porque ese conjunto es el que define si la comida termina sumando fibra, potasio y grasas amigables, o si en cambio se va al otro extremo con fiambres, manteca y sal a discreción, que es el escenario que más preocupa a los cardiólogos y a los nutricionistas cuando uno revisa las recomendaciones más actualizadas sobre hipertensión y colesterol.

Verduras, avena y palta como aliados del plato

La propuesta que llega desde distintas guías de alimentación es bastante concreta y bastante razonable al mismo tiempo, porque no pide dejar de comer huevos sino pensar el plato completo, y para eso conviene apoyarse en verduras, cereales integrales y grasas insaturadas, que son los ingredientes que más nutrientes asociados al cuidado cardiovascular aportan cuando uno se sienta a la mesa, y al mismo tiempo permiten armar preparaciones sabrosas sin necesidad de recurrir a procesados, lo que en la práctica termina siendo un cambio con impacto real sobre la presión arterial y sobre los niveles de colesterol a lo largo de los meses.

  • Papa cocida con piel: aporta potasio y fibra, dos nutrientes clave para regular la presión arterial.
  • Espinaca: suma potasio y fibra sin necesidad de salsas procesadas, y se puede preparar al vapor o salteada.
  • Avena: por su fibra soluble llamada beta-glucano, ayuda a reducir el colesterol LDL según la Escuela de Salud Pública de Harvard.
  • Palta: aporta grasas insaturadas que mejoran la composición general del plato frente a la manteca.
  • Salmón: además de grasas insaturadas, ofrece omega 3, asociado a la reducción de triglicéridos.

La sal, la manteca y los fiambres: dónde está el verdadero cuidado

Ahora bien, no todo es sumar cosas ricas, porque también hay que mirar con atención lo que uno suele agregar sin pensarlo, y ahí entran en escena tres actores centrales de cualquier discusión sobre salud cardiovascular, que son la sal, la manteca y los fiambres, ya que el consumo elevado de sodio aumenta la retención de agua en la circulación y termina empujando hacia arriba la presión arterial, algo que la propia Organización Mundial de la Salud repite cada vez que actualiza sus recomendaciones, mientras que las grasas saturadas presentes en fiambres y manteca son las que conviene ir reemplazando de a poco por opciones insaturadas como la palta, un cambio que no exige grandes esfuerzos pero que a la larga se nota en los análisis de sangre y en el bienestar general.

Algo que a mí siempre me llamó la atención y que vale la pena subrayar es que la Escuela de Salud Pública de Harvard señala que el colesterol presente en la yema del huevo tiene un impacto bastante menor del que se cree sobre los lípidos sanguíneos en personas sanas, lo que de algún modo corre el foco del huevo hacia sus acompañamientos, porque si uno mira el plato entero se da cuenta de que la fibra soluble de la avena, por ejemplo, forma durante la digestión una sustancia viscosa que favorece la eliminación de sales biliares, y para reponerlas el hígado utiliza colesterol que está en sangre, un mecanismo que, según Mayo Clinic, está bien documentado y que muestra por qué un patrón alimentario sostenido en el tiempo termina siendo más importante que cualquier cambio aislado de un solo día.

En la práctica cotidiana esto se traduce en decisiones bastante accesibles, como cocinar las verduras al vapor, hervidas o al horno en lugar de freírlas, darles sabor con hierbas aromáticas, especias o unas gotas de limón en lugar de abusar del salero, y reemplazar de a poco la manteca por aceite de oliva o palta, porque la idea de fondo no es armar una dieta imposible sino ir construyendo un plato cotidiano que cuide la presión y el colesterol sin resignar placer, que en definitiva es lo que cualquier persona razonable busca cuando se sienta a pensar qué va a cocinar hoy.

“Lo que más me cambió la cabeza fue entender que el huevo no viene solo, que siempre lo comemos con algo, y que ese algo es el que define si el plato me cuida o me juega en contra, sobre todo cuando uno tiene la presión un poquito alta y el médico te dice que bajes la sal.”Beatriz, vecina de Lanús

Después de esta recorrida por verduras, cereales, grasas y condimentos, lo que me llevo como aprendizaje más honesto es que la próxima vez que prepare huevos voy a mirar el plato entero antes de llevarme el tenedor a la boca, porque al final la diferencia entre una comida que le hace bien al corazón y otra que lo agobia está muchas veces en los detalles que uno elige sin pensar, y eso, para mí, es una buena noticia: cuidar la salud cardiovascular también puede empezar en una mañana cualquiera, en una cocina cualquiera, decidiendo qué se le pone al lado al huevo.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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