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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Lo que la ciencia viene diciendo sobre la vida con un perro: compañía que también ordena la rutina

Investigaciones revisadas por especialistas asocian la convivencia con perros a cambios en el cortisol y la oxitocina, más movimiento físico y una estructura diaria que puede aliviar la soledad, sin reemplazar la atención profesional.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 3 min
Lo que la ciencia viene diciendo sobre la vida con un perro: compañía que también ordena la rutina

Son las nueve de la mañana y en la vereda de una casa del barrio de Villa del Parque, Buenos Aires, ya se escuchan las correas y los ladridos de salutación. Marta Pereyra, de 58 años, abre la puerta como todos los días desde hace seis años y sabe que antes de tomar el primer mate tiene que sacar a Fausto, su perro mestizo, a dar la vuelta manzana. Esa pequeña coreografía, repetida sin falta, es la que muchos investigadores vienen mirando con atención: la de la vida cotidiana compartida con un animal y sus efectos sobre el bienestar emocional de las personas.

Porque vivir con un perro no es solo una cuestión de compañía. Implica horarios, paseos, juego, alimentación e higiene, una secuencia que organiza la jornada y que, según diversos estudios, puede tener efectos concretos sobre la salud mental: menos estrés percibido, más movimiento físico y una rutina que funciona como ancla para quienes atraviesan períodos de soledad o bajo estado de ánimo.

Qué dicen las revisiones sobre el vínculo

Una revisión realizada por la investigadora Diane Dreher reunió trabajos sobre los efectos físicos y emocionales del vínculo entre personas y perros, y abarcó estudios sobre ansiedad, depresión, estrés, desarrollo infantil, adultos mayores y programas de terapia asistida con animales. En esa línea, una revisión de 2012 firmada por Andrea Beetz, Kerstin Uvnäs-Moberg, Henri Julius y Kurt Kotrschal profundizó en los mecanismos biológicos detectados y describió posibles efectos de calma asociados al contacto afectivo con animales.

  • Variaciones en el cortisol, la hormona vinculada a la respuesta al estrés, tras el contacto visual o físico con el perro.
  • Cambios en la oxitocina, relacionada con los lazos sociales y la confianza.
  • Mayor nivel de actividad física por los paseos diarios, asociada a mejoras en el humor.
  • Estructura de rutina que ordena el día y favorece la salida regular del hogar.
  • Aporte de compañía, propósito y organización cotidiana en adultos mayores con menos interacción social.
  • Presencia constante y sin juicios que puede ayudar a niños y adolescentes a regular emociones después de situaciones estresantes.

Los expertos subrayan, sin embargo, que una asociación estadística no prueba causalidad directa: el bienestar mental depende también de las condiciones materiales, la salud física, los vínculos personales y el acceso a atención especializada. La evidencia disponible no indica que un animal reemplace la atención profesional, pero sí describe por qué la compañía canina puede integrarse como una pieza más dentro de una red de bienestar más amplia.

Para los adultos mayores, el vínculo con un perro puede cobrar especial relevancia cuando las oportunidades de interacción social se reducen: la presencia del animal no elimina las causas de la soledad, pero modifica la experiencia diaria de quien la atraviesa. En la infancia y la adolescencia, en tanto, los perros pueden ocupar un lugar como fuente de cercanía y consuelo, siempre dentro de una red que incluya acompañamiento adulto y, cuando haga falta, intervención profesional.

“Yo antes me quedaba en la cama hasta tarde, ahora Fausto me pone los tiempos: la mañana es para él, la tarde es para los nietos y a la noche vuelvo a salir con él. Es como tener un reloj con patas.”Marta Pereyra, vecina de Villa del Parque
LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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