La primera billetera de los jóvenes argentinos: cedears, tecnológicas y la cuenta pendiente de la educación financiera
Dos plataformas concentran cerca de 9.000 cuentas de menores abiertas bajo la normativa de la CNV y los activos más buscados reflejan un perfil conservador y diversificado. En paralelo, más del 30% de los jóvenes del país no cancela sus deudas en tiempo y forma, lo que expone un déficit de alfabetización financiera que atraviesa a todo el segmento.
El primer contacto de una parte de la juventud argentina con el sistema financiero formal ya no pasa por un plazo fijo ni por el banco de la esquina. Pasa por una pantalla de teléfono, una aplicación de inversión y un menú donde conviven bonos, acciones, fondos comunes de inversión y, sobre todo, los certificados de depósito argentinos representativos de acciones extranjeras, conocidos como cedears. Según datos a los que tuvo acceso este medio, dos plataformas de inversión acumulan en conjunto cerca de 9.000 cuentas abiertas por menores de edad en el marco de la normativa que habilitó la Comisión Nacional de Valores (CNV) desde 2024 para que los agentes del mercado abran subcuentas para jóvenes de 13 a 17 años, siempre con la firma de un representante legal. A los 18, la titularidad pasa directamente al joven inversor.
Una deuda que no se ve en el balance, pero sí en el veraz
Antes de mirar los números de la bolsa, vale la pena detenerse en los del consumo. Un informe de Junior Achievement Argentina citado por el mercado advierte que cuatro de cada diez jóvenes argentinos no maneja conceptos elementales como presupuesto, ahorro o crédito. Esa brecha se traduce en el historial financiero: los nacidos entre 1995 y 2009, la llamada generación Z, registran apenas un 68,8% de cumplimiento en el pago de sus deudas, según el análisis elaborado por Equifax. En otras palabras, más de tres de cada diez no cancelan sus compromisos en tiempo y forma. La particularidad es que, en la mayoría de los casos, no se trata de montos grandes, sino de cuotas chicas olvidadas o postergadas que, sin embargo, dejan huella en el veraz y condicionan el acceso al crédito futuro.
Vamos a los números: qué invierten los menores
- En una de las plataformas relevadas, el 67% de las cuentas abiertas por menores se mantiene activa al día de hoy; en la otra, uno de cada dos adolescentes realizó al menos una operación en el último trimestre.
- El promedio de edad de los inversores activos ronda los 16 años, dentro del rango de 13 a 17 habilitado por la CNV.
- El instrumento más elegido es el cedear que replica el ETF del índice S&P 500, conocido como SPY, seguido por los cedears de grandes tecnológicas: Amazon, Apple, Nvidia, Google, Microsoft y MercadoLibre.
- Entre las acciones argentinas, YPF concentra la mayor cantidad de operaciones, seguida por Pampa Energía y por BYMA, el brazo bursátil del mercado local.
Para los especialistas del propio sector, esa preferencia por un instrumento diversificado como el SPY es la señal más interesante del fenómeno. 'El hecho de que su inversión principal sea el SPY nos indica que no están buscando la ganancia mágica, sino que entienden el concepto de diversificación y apuestan al ahorro de mediano y largo plazo', señaló Lorena Malatesta, vicepresidenta de Marketing en IOL Inversiones. La lectura es que, al menos entre quienes llegan a estas plataformas, hay un perfil más cercano al ahorrista paciente que al apostador.
“El objetivo de estas cuentas es que los jóvenes lleguen a la edad de acceder al crédito con herramientas para decidir. El desafío es que, cuando llegue ese momento, ya tengan incorporados los conceptos básicos y no dependan sólo del impulso.”Paula Spitaleri, Balanz Academy
¿Qué le cambia, en concreto, a un hogar promedio? Para una familia con un hijo adolescente, la diferencia entre el cuadro que muestra Equifax y el que describen las plataformas es, en buena medida, una diferencia de acceso: acceso a una aplicación con onboarding simple, acceso a un adulto que firma como representante legal y acceso a un entorno donde la primera operación es, precisamente, aprender a diversificar. En el resto de los casos, sin esa mediación, la educación financiera llega tarde, cuando la deuda ya quedó registrada y el crédito se encareció. Cerrar esa brecha entre los dos universos juveniles es, según los propios actores del mercado, el verdadero cuello de botella para que la próxima cohorte no repita el patrón de incumplimiento que hoy muestra el veraz.
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