La palabra que se escapa: por qué a veces no sale y qué hacer cuando vuelve a pasar
La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas, especialista en Neuropsicología Clínica, détaille los recursos caseros para retomar una idea y las señales que indican cuándo conviene pedir una evaluación profesional.
Son las diez y media de la mañana y la consulta ya lleva un rato en marcha cuando Camila Sánchez Salinas, que trabaja en su consultorio del barrio de Belgrano, se detiene un segundo antes de empezar a explicar algo. Lo hace a propósito, me dice, porque así se entiende mejor lo que sienten quienes se quedan trabados a mitad de una frase: uno sabe qué quiere decir, tiene la imagen clarísima en la cabeza, pero el término exacto no aparece. Esa incomodidad tan común, agrega la licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica, tiene nombre y, sobre todo, tiene salida.
Estrategias simples para destrabar el habla
Antes de alarmarse, conviene probar algunos recursos al alcance de cualquiera. La idea es acercarse a la palabra por distintos caminos hasta que aparezca, y para eso Sánchez Salinas, que también se desempeña como investigadora en la Universidad de Buenos Aires, sugiere un menú variado que va de lo más elemental a lo más creativo.
- Apelar a un sinónimo o describir lo que se quiere nombrar con otras palabras, sin obsesionarse con el término original.
- Pensar en la letra inicial, en la cantidad de sílabas o en el sonido con el que termina la palabra buscada.
- Asociar el objeto o concepto con su utilidad, su color, su contexto habitual o algún rasgo distintivo.
- Contar la idea con palabras propias, como si hubiera que explicársela a alguien que no conoce el tema, porque eso obliga a activar significados y ordenar el pensamiento.
- Conversar seguido sobre temas de interés y leer con regularidad, dos hábitos que entrenan la fluidez verbal y mantienen ágil la memoria de palabras.
Cuándo la pausa deja de ser ocasional
Ahora bien, no todo olvido intrascendente merece la misma atención. La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas, que atiende pacientes de todas las edades en la ciudad de Buenos Aires, marca una línea clara: la diferencia está en la frecuencia y en el impacto. Si la dificultad aparece de vez en cuando y se resuelve con alguna de las estrategias mencionadas, probablemente no haya nada raro. El problema empieza cuando el fenómeno se repite, se vuelve motivo de frustración o empieza a interferir en la comunicación cotidiana. También hay que prestar atención a otros signos de alerta, como confundir objetos de uso frecuente, perder el hilo de una charla con facilidad o mostrar cambios notorios en el habla que detectan tanto la persona como su entorno. En esos casos, lo recomendable es consultar con un profesional para hacer una evaluación clínica y neuropsicológica que permita entender qué está pasando y, si hace falta, orientar un tratamiento.
Mientras la charla avanza, Sánchez Salinas me explica la mecánica interna de ese tropiezo tan humano. Acceder a una palabra no es un solo movimiento, me dice, sino dos: primero se activa su significado y después se recuperan los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno conocido como punta de la lengua, el primer paso funciona, pero el segundo se demora o se interrumpe por un instante. Puede ocurrir a cualquier edad y se potencia con el cansancio, las distracciones o la presión del momento. Con los años tiende a repetirse más, aunque eso no significa que la palabra se haya perdido para siempre: a veces aparece minutos después, justo cuando uno dejó de buscarla con insistencia. El envejecimiento, aclara la especialista, no golpea a todas las capacidades del lenguaje por igual: puede volver más lenta la recuperación de ciertos términos, pero la comprensión cotidiana suele mantenerse intacta. Antes de cerrar la entrevista, Sánchez Salinas vuelve sobre una idea que repite a quienes se preocupan por estas pausas: tener la palabra en la punta de la lengua, me dice mirándome fijo, es una muestra de que el significado está ahí, intacto, esperando el momento justo para salir.
“Tener la palabra en la punta de la lengua es una muestra de que el significado está ahí, intacto, esperando el momento justo para salir.”Camila Sánchez Salinas, neuropsicóloga clínica
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Matriarcado Noticias