La mujer que le enseña a un robot a cortar verduras, con un celular atado a la cabeza
Divya vive en India y filma sus tareas domésticas para entrenar sistemas de inteligencia artificial. El trabajo paga, pero le consume más tiempo del que parece: de cuatro horas de grabación, apenas dos y media terminan siendo aprobadas.
A esta altura ya nada me sorprende, pero confieso que me sacó una sonrisa la imagen de Divya caminando por su cocina con un celular pegado a la frente, como si fuera una lámpara de minero versión siglo XXI. Ella no está filmando un tutorial para TikTok ni un video familiar: está entrenando robots. Y le pagan por eso.
Un trabajo que parece fácil y no lo es tanto
Divya vive en el distrito de Karur, en India. Su oficio consiste en registrar actividades cotidianas, como cortar verduras o limpiar, con un teléfono sujeto a la cabeza. La cámara capta todo desde su punto de vista y los videos se usan para entrenar sistemas de IA que después tienen que replicar esos movimientos en un robot físico.
Acá conviene una traducción casera para los que no estamos en el tema: los robots viejos eran como un mp3 con playlist fija, repetían lo que tenían programado sin desviarse un milímetro. Los robots con IA, en cambio, son más parecidos a un músico que escucha temas y después improvisa: necesitan ver muchas versiones de la misma tarea para aprender a adaptarse a una cocina real, con sus objetos cambiantes y sus superficies traicioneras.
La lógica es simple: si querés que una máquina aprenda a manipular cosas en un hogar, primero alguien tiene que mostrarle cómo lo hace un humano. Y eso, hoy, se paga.
Filmar cuatro horas, aprobar dos y media
Ahora, acá viene la parte que a mí me genera esa mezcla de admiración y agotamiento ajeno. Divya cuenta que, cuando graba cuatro horas en un día, le aprueban entre dos y dos horas y media de material. El resto se descarta, porque la cámara se mueve mal, el encuadre no sirve, la toma queda fuera de foco o lo que sea que pidan los controles de calidad.
“Si normalmente me toma 30 minutos cortar verduras, este trabajo me toma una hora cuando tengo que grabarlo en video.”Divya
O sea: hacer la tarea ya lleva su tiempo, pero filmarla la duplica. Hay que pensar en el ángulo, en no cortarse el dedo, en que la luz entre bien, en mover la cabeza a una velocidad razonable. Es como cocinar y hacer un tutorial de cocina al mismo tiempo, pero sin la posibilidad de repetir la toma hasta que quede perfecta.
Lo que cambió en su economía cotidiana
Y acá es donde la nota deja de ser una curiosidad tecnológica y pasa a ser una historia con peso. Divya relata que antes, para cosas tan básicas como recargar saldo en el teléfono, tenía que pedirle plata a su esposo. Hoy puede hacerlo sola con lo que le queda de las grabaciones aprobadas.
- Grabar tareas del hogar con un celular sujeto a la cabeza.
- Enviar los videos para que sean evaluados antes de aprobarlos.
- Cobrar según la cantidad de material que efectivamente sirve.
- Poder manejar gastos personales sin depender de terceros.
No es un sueldo que la saque de pobre, y tampoco la nota dice eso. Pero sí le dio un margen de autonomía que antes no tenía, que es algo que a veces vale más que el número en sí.
El consejo de siempre, ahora aplicado a esto
La próxima vez que te quejes porque tu robot aspirador se traba con una cortina o porque el asistente de voz no te entiende cuando le pedís algo simple, acordate de Divya cortando verduras con un celular en la frente. Alguien, en algún lugar del mundo, estuvo media hora extra en la cocina para que esa máquina aprendiera a no chocar contra la pata de la mesa.
Moraleja para el lector argentino de entre 40 y 60 que llegó hasta acá: no le pidas peras al olmo con la inteligencia artificial. Si hoy un robot todavía no sabe doblar una sábana, no es porque la tecnología sea mala; es porque todavía falta gente como ella enseñándole, frame por frame, cómo se hace. Y sí, también me incluyo: yo, con toda la buena voluntad, todavía no logré que mi propio lavarropas me entienda cuando le pido que no centrifugue tan fuerte. Pero bueno, eso es otra nota.
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