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DOM, 18 OCT 2026
Tecnología

La IA en el aula: cuando la promesa de igualdad termina agrandando la brecha

Un investigador británico advierte que las herramientas actuales no reemplazan a un buen docente y que, en los barrios donde faltan maestros, se usan para tapar agujeros en lugar de enseñar mejor.

NS
Nicolás SartoriTecnología · · lectura 4 min
La IA en el aula: cuando la promesa de igualdad termina agrandando la brecha

Hay una fantasía muy cómoda: metemos inteligencia artificial en las escuelas, los pibes aprenden solos y se acaba la desigualdad. Suena lindo, pero un investigador que viene estudiándolo desde hace años dice que es al revés: la IA puede agrandar la grieta, no cerrarla.

Se llama Wayne Holmes, es profesor en el UCL Knowledge Lab de la University College London y se dedica justamente a eso: a mirar de cerca qué le hace la inteligencia artificial a la enseñanza. Su postura es, cuanto menos, incómoda: descree de las herramientas que hoy inundan el mercado y diferencia muy bien entre dos cosas que suelen mezclarse, que son enseñar sobre IA y usar la IA para enseñar.

El parecido con la calculadora no existe

El argumento más repetido es el de la calculadora. Así como ese aparatito no mató la matemática sino que cambió cómo se enseña, la IA haría lo mismo. Holmes lo descarta de un plumazo.

“Con una calculadora, si apretás los botones correctos en el orden correcto, obtenés la respuesta correcta siempre. Con la IA generativa no podés estar seguro de lo que sale.”Wayne Holmes, investigador del UCL Knowledge Lab

La diferencia parece técnica, pero no lo es. Con la calculadora la respuesta correcta siempre cae, como cuando cortás el pan con cuchillo y sale pan. Con la IA generativa la respuesta sale, sí, pero a veces es un disparate. Y lo peor: el usuario muchas veces no tiene cómo distinguir una cosa de la otra. Eso, dice Holmes, invalida la comparación.

La paradoja de la desigualdad

Acá aparece lo más interesante y lo más feo. Holmes detectó una paradoja que ya está pasando, no que vaya a pasar. En las escuelas privadas de las grandes ciudades nadie te vende un colegio por la cantidad de computadoras que tiene ni por cuánto usan la IA. Te lo venden por los docentes que tiene. En cambio, donde faltan maestros o sobra la pobreza, la tecnología se presenta como solución.

¿El problema? Que en vez de sumar tecnología para reforzar a un docente que ya está, se usa a la tecnología para reemplazar al docente que no está. Y entonces la distancia entre unos y otros, en lugar de achicarse, se estira.

“Si esa brecha aumenta, debilitamos la democracia para todos.”Wayne Holmes

Holmes no lo dice en passant. Para él la educación es la base de la participación ciudadana, y desfinanciarla en nombre de la eficiencia tecnológica tiene consecuencias que van mucho más allá del aula. Es una de esas frases que, por suerte, todavía se pueden decir sin que la IA te las corrija.

Todo el mundo piensa igual, gracias

Hay otro punto que Holmes desarrolla y que a mí, como laburante de la palabra, me suena fuerte. La IA generativa funciona eligiendo las palabras más probables según los millones de textos con los que fue entrenada. ¿Eso qué significa? Que las miradas minoritarias, las críticas, las que incomodan, quedan afuera por defecto.

Lo probó él mismo. Consultó a varias herramientas sobre los problemas del aprendizaje personalizado, que es uno de esos conceptos que ya nadie se anima a cuestionar. Todas le respondieron lo mismo: el único inconveniente es que es difícil de implementarlo. Ninguna le dijo lo más obvio, que primero habría que preguntarse si sirve o no, porque en los textos con que se entrenó a esas máquinas la idea de que es algo bueno ya viene instalada como verdad revelada. La IA, dice Holmes, no puede cuestionar lo que ya está aceptado. Buen negocio para la corrección política, pésimo negocio para pensar.

El reportaje lo dejó picando con una pregunta que a mí me gustaría hacerle a cada funcionario que gasta plata en licencias de IA: ¿usted qué haría? Holmes fue directo: si tuviera que armar una escuela hoy, no metería ninguna de las herramientas disponibles. Punto. Lo que sí haría, se entiende, es contratar buenos docentes y darles condiciones para trabajar.

Mi consejo, ya que estamos

Si sos docente, director o alguien que toma decisiones de plata para una escuela, antes de comprar la suscripción cara preguntate tres cosas: ¿esto reemplaza a alguien o lo acompaña? ¿puedo verificar lo que la herramienta responde? ¿estoy ampliando la mirada de mis estudiantes o achicándola al promedio de Internet? Si la respuesta a alguna de las tres no te convence, guardá la plata y comprá libros. O, mejor todavía, invertí en salario docente, que es lo que la evidencia viene diciendo hace rato y nadie escucha.

NS
Nicolás SartoriTecnología

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