La historia secreta de las lágrimas reales de Drew Barrymore en la apertura de Scream
Tengo que confesar algo: vi Scream mil veces y nunca se me había ocurrido pensar de dónde salían esas lágrimas. Pero cuando me enteré del detrás de escena, me quedé pegada a la butaca. Imaginen la situación: estamos en el set, Drew Barrymore encerrada en una casa rodando la escena más importante de la película, y del otro lado de la puerta se escucha al mismísimo Wes Craven susurrándole algo al oído. Lo que pasaba adentro era mucho más inquietante de lo que mostraba el guion.
Una noticia que le rompió el corazón
La noche anterior al rodaje, la actriz leyó en un diario una historia que la marcó hasta las lágrimas: el dueño de un perro que había quemado vivo al animal. La crueldad del relato la golpeó tan fuerte que no pudo sacárselo de la cabeza. A la mañana siguiente, cuando llegó al set todavía conmovida, se lo comentó al director. Y acá viene lo genial: Craven, que era un zorro viejo del oficio, no dejó pasar la oportunidad. En vez de consolarla, decidió usar ese dolor en beneficio de la película. Durante toda la filmación de la secuencia, el director se acercaba a ella y le murmuraba la frase estoy encendiendo el mechero para devolverle la imagen y disparar una emoción completamente real.
“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: pero qué coño está pasando ahí dentro. Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección en el rodaje
Plecs, que después se consagró como creadora de Vampire Diaries, era una de las asistentes de Craven en esa producción. Su testimonio describe a la perfección el clima del set: alguien encerrado en una casa, una actriz berreando de verdad y un director azuzándola desde afuera con una frase que a cualquiera le revolvería el estómago. Lo que el público vio en la pantalla como una actuación brillante era, en realidad, una emoción genuina provocada con una artimaña que rozaba lo perverso.
La trampa del marketing: matarla a los doce minutos
- Barrymore apareció como figura central en todos los pósters, tráileres y avisos de la película.
- La estrategia hizo creer al público que ella era la protagonista absoluta del filme.
- Morir en la primera escena rompió las expectativas del género y dejó claro que nadie estaba a salvo.
- La movida conectaba con el precedente de Psicosis, donde Janet Leigh también caía en el primer acto.
Lo de las lágrimas reales era apenas una de las capas de una operación mucho más ambiciosa. Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films, fue uno de los cerebros de aquella campaña. La idea era tan simple como demoledora: usar a Drew Barrymore como anzuelo para que la gente bajara la guardia. Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: cualquiera podría morir, recordó Potter. Y tenía razón: a los doce minutos de película, Casey Becker recibe un puntazo en el pecho y se desmaya en el piso del patio. El shock fue tan grande que el público salió del cine mirando para todos lados.
Treinta años después del estreno, la secuencia sigue dando clases de cómo construir tensión y sorpresa al mismo tiempo. La combinación de guion, dirección de actores y campaña publicitaria fue una apuesta total que redefinió para siempre las reglas del slasher. La próxima vez que vean esa apertura, acuérdense: esas lágrimas no son de mentira, y ese grito tampoco. Wes Craven, que en paz descanse, era un manipulador de emociones como pocos hubo en Hollywood. Y Drew Barrymore, que volvió a trabajar con él después de este trauma, es una profesional con más aguante del que cualquiera le reconoce. A veces, las mejores escenas de la historia del cine nacen de las recetas más oscuras.
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