Hantavirus en Neuquén: un segundo caso confirmado reaviva la alarma en la región andina y obliga a extremar la vigilancia sobre los contactos estrechos
La variante que circula en la Patagonia argentina es la única del mundo con transmisión documentada entre personas. El paciente está internado en Zapala y los demás contactos cumplen aislamiento domiciliario bajo seguimiento de Epidemiología.
Eran cerca de las once de la mañana cuando el Ministerio de Salud de Neuquén difundió el parte que nadie quería leer pero que, por estos días, en la zona andina, más de uno esperaba. La confirmación de un segundo caso de hantavirus en lo que va del año volvió a poner en tensión a los equipos sanitarios del interior provincial, que desde principios de semana vienen corriendo detrás de cada contacto, de cada síntoma y de cada galpón mal ventilado. Esta vez el diagnóstico llegó en el marco del seguimiento que Epidemiología le venía haciendo a una persona identificada como vínculo estrecho del joven de 26 años que murió tras ser derivado de urgencia al Hospital Zonal de Zapala. María, enfermera del centro de salud de Aluminé, me dijo mientras acomodaba unos formularios que "cuando apareció la primera muerte, acá se prendió la luz roja, porque uno sabe cómo empieza y cómo puede terminar si no se actúa rápido".
Un caso que llegó durante el seguimiento activo
El segundo paciente empezó a manifestar síntomas tempranos y, según pudo reconstruir Epidemiología, se activó de inmediato el protocolo que ya estaba montado desde el primer caso: toma de muestras, derivación al hospital de Zapala y medidas de bioseguridad para el traslado y la internación. El Laboratorio Central de la provincia confirmó el diagnóstico y la persona quedó internada en estado estable. La novedad no fue el hallazgo en sí, que estaba dentro de lo esperado por la cadena de contagios, sino que volvió a recordar que la variante que circula en la Patagonia no se comporta como el resto de las cepas conocidas en el mundo.
Porque lo que hace especialmente sensible a este brote es justamente la biología del virus que circula en Neuquén, Río Negro y Chubut. Se trata de la variante Andes Sur, y es la única en todo el planeta en la que está documentada la transmisión de persona a persona, algo que sucede cuando hay convivencia o exposición estrecha durante las primeras etapas de la enfermedad. En el resto de los focos de hantavirus del mundo, el contagio llega por contacto con el roedor colilargo, pero acá el cuadro se vuelve más complejo porque el virus puede saltar de un enfermo a sus allegados antes de que se confirme el diagnóstico.
Catorce contactos bajo aislamiento estricto
El operativo sanitario reconstruyó vínculos desde el momento en que falleció el primer caso, un trabajador rural de la Región del Pehuén que ingresó al Hospital de Aluminé con fiebre por encima de los 38 grados, dolores musculares, dificultad respiratoria y un dolor abdominal intenso que confundió al equipo de guardia con otras patologías. Su cuadro se agravó en pocas horas, fue derivado a la UTI de Zapala y murió tras un paro cardiorrespiratorio. La directora del Hospital de Aluminé confirmó que, desde el inicio del brote, fueron aisladas de manera preventiva alrededor de quince personas, entre ellas familiares, compañeros de trabajo y personal de salud que participó de la atención inicial.
- Fiebre alta, dolores musculares y dolor de cabeza como arranque engañoso.
- Dificultad respiratoria progresiva que puede llevar a insuficiencia grave en pocas horas.
- Dolor abdominal intenso, que a veces confunde con cuadros gastrointestinales comunes.
- Malestar general similar a una gripe fuerte en los primeros días, lo que retrasa la consulta.
Cómo se contagia y qué recomiendan las autoridades
El hantavirus se transmite sobre todo por inhalación de partículas contaminadas con saliva, heces u orina del ratón colilargo, un reservorio habitual en el monte y los espacios rurales del sur argentino. Los galpones, las cabañas cerradas durante el invierno y los depósitos mal ventilados concentran el mayor riesgo, sobre todo cuando uno entra después de varias semanas sin abrir puertas y ventanas. Por eso, la recomendación que repiten los infectólogos y que volvió a circular esta semana es bastante concreta: ventilar como mínimo treinta minutos antes de ingresar, evitar barrer en seco para no levantar polvo contaminado, limpiar con lavandina diluida y mantener el pasto corto alrededor de las viviendas rurales para reducir la presencia de roedores.
Cuando me fui de Aluminé, ya entrada la tarde, me crucé con María en la puerta del hospital, que volvía a entrar para una guardia que se le había estirado sin aviso. Antes de despedirme le pregunté qué le decía a la gente del pueblo que le preguntaba si esto iba a seguir, y me contestó, sin levantar la voz, con esa mezcla de cansancio y firmeza que se aprende en los pasillos de los hospitales rurales: "les digo que se cuiden, que ventilen las casas, que consulten ante la primera fiebre, y que confíen, porque si algo aprendimos es que cuando uno llega a tiempo, la historia cambia".
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