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SÁB, 17 OCT 2026
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Hace 42 años, De Niro y Streep se animaron a un romance sin balas y casi nadie los acompañó

En 1984, dos de los actores más grandes de Hollywood dejaron la épica de lado y se metieron en una historia de amor cotidiano entre gente casada en Manhattan. La película se llama "Enamorarse" y, aunque en su momento pasó sin hacer ruido, hoy se puede volver a ver.

AP
Ana Paula LedesmaCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Hace 42 años, De Niro y Streep se animaron a un romance sin balas y casi nadie los acompañó

Vayan a la cocina, preparen un café y acomódense, porque hoy toca contarles una de esas historias que el tiempo fue tratando con más cariño que la propia industria que la fabricó. Hace 42 años, en 1984, Paramount juntó a Robert De Niro y Meryl Streep para hacer algo que ninguno de los dos había hecho en pantalla: una historia de amor. Sin guerra, sin mafia, sin diálogos memorables a los gritos. Solo dos adultos casados, un vagón de tren en Manhattan y la incomodidad de sentir algo fuera de hora.

Sí, leyó bien: el mismo De Niro que dos años antes había sacudido todo con Toro salvaje, y la misma Streep que estaba en pleno peak de su carrera, se pusieron al frente de un drama romántico con pretensiones de cuento pequeño. La película se llama Enamorarse (Falling in Love, en su título original) y la dirigió el belga-estadounidense Ulu Grosbard, a partir de un guion de Michael Cristofer, un dramaturgo con buen ojo para los silencios pesados.

Una librería, un paquete equivocado y el inicio de todo

La historia arranca en una librería de Manhattan, en plena época navideña. Frank Raftis, el personaje de De Niro, y Molly Gilmore, el de Streep, se cruzan por casualidad y se llevan por error los paquetes que cada uno tenía preparados para su familia. Lo que parece un malentendido menor se vuelve un anzuelo: meses después, vuelven a encontrarse en el tren que los dos toman por rutina. Empiezan a charlar, a reconocerse, a buscar esos viajes. Y ahí aparece el problema serio que mueve toda la película.

Porque Frank y Molly están casados. Con hijos, con rutinas, con vidas armadas. Ninguno de los dos buscó lo que está pasando y, cuando lo entienden, tienen que decidir qué hacer. Y acá viene lo interesante: el drama no está en si se enamoran o no, eso ya pasó, sino en qué están dispuestos a romper para responder a lo que sienten. Es una película sobre la lealtad, sobre los acuerdos tácitos del matrimonio y sobre esa distancia enorme que a veces existe entre lo que uno siente y lo que uno se anima a hacer.

  • Basada en un guion de Michael Cristofer, autor teatral acostumbrado a los diálogos filosos.
  • Protagonizada por Robert De Niro, nacido en Nueva York, y Meryl Streep, nacida en Nueva Jersey, como una pareja neoyorquina de pura cepa.
  • Elenco de apoyo de lujo: Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon, que arman la red de matrimonios y obligaciones alrededor de la pareja central.
  • Grabada íntegramente en Nueva York, con la ciudad funcionando como un personaje más: librerías, trenes, veredas, bares.

El propio De Niro contó en distintas entrevistas que era un papel que lo inquietaba justamente por eso, por la ausencia de acciones grandilocuentes. No había un personaje que pudiera resolver todo con un gesto heroico, ni una confrontación física que descargara la tensión. Todo era gestual: una mirada, un viaje en tren, una cena que se estira. Y Streep, que venía de desplegar todo su arsenal en La decisión de Sophie (1982), acá trabaja con una economía distinta: compone a una mujer que se quiere mucho a sí misma y a su vida tal como está, y que por eso duda más.

Una película que el público no acompañó y la crítica tampoco

Hay que ser francos: la película no fue un éxito. Box Office Mojo registra una recaudación en Estados Unidos y Canadá de 11.129.057 dólares, con un debut cercano a los 2,3 millones. No fue un fracaso estrepitoso, pero tampoco lo que Paramount esperaba al juntar a esas dos figuras. Y la crítica tampoco se puso de acuerdo: Roger Ebert le dio dos estrellas sobre cuatro, cuestionó al guion por sus zonas flojas y rescató, eso sí, momentos puntuales de la química entre los protagonistas. Algunos reseñistas de la época la emparentaron con Breve encuentro (Brief Encounter, 1945), el clásico inglés de David Lean, que cuenta una historia parecida: dos personas casadas que se enamoran y deben decidir qué hacer con eso.

Con el paso de los años, Enamorarse se fue convirtiendo en un objeto de culto suave, de esos que los actores suelen reivindicar cuando hacen balances de carrera. No es una película que figure en los tops ni en los libros de historia del cine, pero tiene algo que se valora cada vez más: una pareja protagónica que se elige para contar una historia chica, sin fuegos artificiales, y que confía en que el espectador va a quedarse igual.

Como buen amante del cine que soy, siempre defendí estas películas medianas, las que no ganan premios pero quedan dando vueltas en la cabeza. Y Enamorarse es una de ellas. Si no la vio, tiene una oportunidad nueva de ponerle play: a 42 años de su estreno, el film volvió a estar disponible para quienes no la vieron en su momento o quieren reencontrarse con ella. La próxima fecha para verla es esta misma noche, en el living de casa, con un café, y con la disposición de dejarse llevar por una historia que no grita pero incomoda, que no resuelve pero deja pensando.

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Ana Paula LedesmaCultura y espectáculos

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