Floridi, el filósofo que le baja el precio a la inteligencia artificial: no piensa, actúa
El italiano que dirige el Digital Ethics Center de Yale asegura que la IA no comprende nada de lo que hace y la compara con las revoluciones de Copérnico, Darwin y Freud. Defiende no frenarla, sino sumarla con criterio y sin delegar el juicio propio.
Volví a perder medio día intentando explicarle al chat del banco que, no, no quiero un préstamo, quiero hablar con una persona. Lo que del otro lado responde no es un empleado, ni un cerebro, ni nada que se le parezca: es un sistema que hace cosas, muchas veces bien, sin tener la menor idea de lo que está haciendo. Luciano Floridi, filósofo italiano que comanda el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale, lleva años dándole nombre a esa incomodidad.
Inteligencia que no es inteligencia
Para Floridi la confusión está en la sigla. La inteligencia artificial, lo que en inglés se conoce como IA (o AI, lo que es lo mismo pero más fashion), no es inteligencia en el sentido que uno le da cuando le dice al sobrino "sacate la gorra en la mesa". Es otra cosa. Es agencia artificial: sistemas que producen efectos reales sin comprender una sola palabra de lo que procesan.
“Actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.”Luciano Floridi
Esa diferencia no es un detalle de filósofo. Cambia la pregunta de fondo. Si fuera inteligencia, el debate sería si la máquina puede superarnos. Como es agencia, el debate es cómo la usamos sin que nos use a nosotros. Floridi lo dice con la calma de quien lleva décadas pensando el tema y la ironía de quien sabe que la moda del apocalipsis vende más que la reflexión.
La cuarta corrida del centro
El italiano ubica este momento como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad. La primera fue Copérnico: chau centro del universo, la Tierra es una más. La segunda, Darwin: chau especie elegida, somos un primate con marketing. La tercera, Freud: chau centro de uno mismo, ni la mente es nuestra. La cuarta es Turing, que le pone apellido a algo que muchos todavía no terminan de digerir: ya no somos el centro de la esfera de la información.
Acá va mi confesión: cada vez que leo que la IA va a reemplazar a los periodistas, al abogado, al médico y al que atiende el kiosco, pienso en cuántas veces me reemplazó el aire acondicionado, o sea, ninguna de manera útil. Floridi coincide en espíritu: la pérdida de centralidad no es una derrota, es una señal de madurez. Una humanidad más grande se concibe al servicio del prójimo, del ambiente y de los nietos, no como dueña absoluta del show.
El propio Floridi se encarga de aclarar lo obvio: el centro no es la tecnología. El centro, si lo hay, es una humanidad que dejó de creerse protagonista de la película y se entrenó para vivir en una infosfera, ese ambiente informacional donde hoy pasamos más horas despiertos que en cualquier otra superficie. Conviene repetirlo en voz alta cada vez que un gurú prometa que el algoritmo entiende lo que uno siente.
El consejo que sí o sí hay que llevarse
Usala, pero no le entregues el volante. La IA resuelve, redacta, resume y traduce mejor que yo un manual de lavarropas, pero no sabe qué le estás pidiendo. Pensá antes de pedirle algo, verificá lo que te devuelve y no permitas que decida por vos en lo que importa. Si no podés explicar sin la herramienta qué resultado querés, no estás usando inteligencia artificial: estás delegando la tuya.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Matriarcado Noticias