Faltante de Lebocar: qué opciones les quedan a los pacientes con Parkinson mientras Pfizer regulariza la entrega en marzo de 2027
Pacientes y familiares recorren farmacias de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense en busca de levodopa/carbidopa. El neurólogo José Luis Etcheverry advierte que el tratamiento no debe suspenderse de golpe y que cualquier cambio de marca o de dosis tiene que quedar en manos del médico tratante.
Son las diez de la mañana de un martes cualquiera y, en la puerta de una farmacia del barrio de Once, dos mujeres mayores conversan con la encargada detrás del mostrador. Una de ellas, María, de Lanús, llegó desde temprano con una receta en la mano y la misma pregunta que repite desde hace varias semanas: si por fin tienen Lebocar, la combinación de levodopa y carbidopa que su marido toma desde que le diagnosticaron Parkinson hace ya seis años. La respuesta vuelve a ser la misma: no, no hay. Y la indicación, también repetida, es volver a pasar la semana próxima, porque el laboratorio proveedor todavía no regularizó las entregas.
Lo que vive María no es un caso aislado, sino la punta de un hilo que se extiende por buena parte de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, donde pacientes y familiares vienen reportando dificultades crecientes para conseguir algunas presentaciones de levodopa/carbidopa. Yo lo pude comprobar en estas últimas recorridas que hice por distintas farmacias de la zona porteña y de algunos municipios del Gran Buenos Aires: en varios mostradores la respuesta es directa, no tenemos, mientras que en otros quedan apenas unas cajas sueltas de determinadas concentraciones, lo que convierte la búsqueda en una suerte de peregrinación diaria que se suma al desgaste que ya provoca la enfermedad.
La explicación de Pfizer y la advertencia médica
Pfizer, el laboratorio que produce Lebocar en la Argentina, confirmó que atraviesa problemas de abastecimiento vinculados a demoras en el proceso de manufactura y calculó que las entregas se van a normalizar hacia marzo de 2027, es decir, dentro de varios meses todavía. La compañía no dio precisiones sobre cuál es exactamente el inconveniente de producción ni aclaró si la falta también alcanza a otros países de la región. Para consultas de pacientes y profesionales, puso a disposición el teléfono 0800 444 8484.
Mientras esa regularización llega, el neurólogo José Luis Etcheverry, especialista en Parkinson y jefe de la sección de trastornos del movimiento del Hospital Italiano de Buenos Aires, salió a marcar un punto que considera central y que, según me dijo, muchos pacientes no terminan de dimensionar: la levodopa no se puede dejar de tomar de un día para el otro, ni siquiera cuando hace falta cambiar de marca o de concentración. La levodopa, me explicó Etcheverry, cumple un papel central no sólo en el control de los síntomas motores más conocidos, como la lentitud de movimientos, la rigidez y los temblores, sino también en el funcionamiento anímico y conductual de las personas con Parkinson, de modo que cualquier interrupción brusca puede abrir la puerta a un deterioro rápido y, en algunos casos, serio.
“La levodopa no se puede suspender abruptamente. Cualquier reemplazo de marca o modificación de dosis debe ser evaluado por el médico tratante.”José Luis Etcheverry, neurólogo especialista en Parkinson
Qué alternativas existen en el mercado argentino
- Lebocar, de Pfizer, es la combinación de levodopa y carbidopa que hoy presenta faltantes en varias de sus presentaciones y cuya entrega se prevé normalizar hacia marzo de 2027.
- Parkinel, de Novartis, también une levodopa y carbidopa y sigue disponible en el mercado, por lo que aparece como la principal alternativa a Lebocar.
- Madopar, de Roche, combina levodopa con benserazida, otra molécula que cumple una función terapéutica equivalente, aunque la tolerancia puede variar entre pacientes.
Etcheverry aclaró que estas tres opciones cumplen, en líneas generales, una función terapéutica equivalente, pero que la tolerancia puede cambiar de una persona a otra. Frente a la falta de una concentración específica, otra salida que manejan los especialistas es recurrir a comprimidos de otra concentración para mantener la cantidad total de levodopa que cada paciente necesita. Cuando la enfermedad se vuelve más compleja, existen además otros grupos de medicamentos, aunque el especialista advirtió que pueden ofrecer resultados distintos o provocar más efectos adversos, por lo que la decisión, insistió, tiene que quedar siempre en manos del profesional que sigue a cada paciente.
En el mientras tanto, la recorrida por las farmacias sigue siendo el camino que muchos pacientes y familiares, como María desde Lanús o Analía desde Avellaneda, se ven obligados a hacer día tras día, cargando con la incertidumbre de no saber si van a conseguir la caja completa, si van a tener que cambiar de marca sobre la marcha o si la obra social que les entrega la medicación de manera directa, como ocurre con algunos afiliados, va a poder reponerla a tiempo. María me lo resume con una frase que se repite, con pequeñas variantes, en cada conversación que mantengo con quienes están pasando por esta situación: yo no le puedo explicar a mi marido lo que significa esperar, sólo quiero que cuando vayamos a la farmacia alguien me diga que sí, que está, que lo podemos retirar, y que mientras tanto, por favor, que no nos dejen sin la medicación.
Etcheverry, por su parte, dejó una recomendación que sirve como cierre para quienes estén atravesando este escenario: consultar siempre con el neurólogo o la neuróloga antes de tomar cualquier decisión sobre el tratamiento, porque en el Parkinson, como me dijo, cada cambio, por pequeño que parezca, puede tener consecuencias grandes en la calidad de vida de los pacientes.
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