Escapadas cortas y cerca de casa: un estudio australiano las asocia con mejoras en el bienestar psicológico
Una investigación de la Universidad de Sunshine Coast, sobre más de 1.200 turistas, halló que las salidas recreativas frecuentes, incluso breves y a destinos cercanos, se relacionan con mayor satisfacción con la vida, sobre todo en personas con menos recursos para atravesar situaciones adversas.
En una oficina luminosa del campus de Sunshine Coast, sobre la costa este de Australia, un equipo de investigadores empezó a preguntarse algo que a muchos se les pasa por alto: para desconectar unos días y sentirse mejor, ¿de verdad hace falta embarcarse en un viaje largo y costoso? La respuesta que encontraron, después de seguir a más de 1.200 turistas australianos durante tres años, fue tranquilizadora. Las escapadas cortas y cercanas al hogar, cuando se repiten con cierta frecuencia, también pueden sumar bienestar psicológico, y ese efecto parece extenderse más allá de los días en que uno está con la valija afuera.
Llegué hasta esta conclusión de la mano de Lucía, una administrativa de 38 años que vive en Sippy Downs, la localidad universitaria donde tiene sede la casa de estudios. Ella me contó, mientras cebaba un mate bien cargado al costado del campus, que hace tiempo adoptó una rutina modesta pero constante: cada dos o tres meses se toma un viernes libre, sube al auto y maneja una hora hasta una playa del norte, donde camina por la orilla, lee y duerme sin reloj. No es un viaje exótico ni caro, me dijo, pero es lo que la rescata cuando el trabajo se vuelve un peso. Yo no podía evitar pensar que su testimonio, sin saberlo, venía a cuento con lo que la investigación estaba empezando a mostrar.
Lo que midió el estudio y a quiénes incluyó
El trabajo fue encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy y se apoyó en datos recogidos en tres momentos entre 2020 y 2023. Los investigadores analizaron la relación entre la frecuencia de los viajes recreativos, la felicidad cotidiana, la capacidad de sobrellevar situaciones difíciles y la satisfacción general con la vida. La muestra quedó integrada exclusivamente por residentes australianos, lo que los propios autores aclaran como un límite importante a la hora de extrapolar los resultados a otros países.
La conclusión central es bastante directa: las mejoras en el bienestar no fueron iguales para todos. Quienes se percibían como más vulnerables o contaban con menos herramientas personales para atravesar momentos adversos fueron, paradoja mediante, los más beneficiados por estas salidas frecuentes. En el otro extremo, las personas que ya tenían recursos de afrontamiento moderados o altos mostraron cambios más modestos. Es decir, el viaje corto parece hacer más diferencia justamente donde más falta hacía.
“Conocer lugares, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades para ampliar las maneras de pensar y actuar y, con el tiempo, desarrollar recursos personales duraderos.”Rory Mulcahy, profesor asociado de la Universidad de Sunshine Coast
- La investigación se basó en datos de más de 1.200 turistas australianos, relevados en tres oleadas entre 2020 y 2023.
- Se cruzaron la frecuencia de viajes recreativos, la felicidad, la capacidad de afrontamiento y la satisfacción con la vida.
- Los mayores beneficios se observaron en personas con menos recursos para enfrentar situaciones adversas.
- Como aplicación práctica, los autores sugirieron ofrecer experiencias acompañadas: visitas guiadas, traslados organizados y actividades al aire libre para principiantes, como senderismo, kayak y escalada de nivel básico.
- Los propios investigadores reconocen que el estudio se realizó durante las restricciones de la pandemia y solo con población australiana, por lo que pidieron cautela antes de llevar las conclusiones a otros contextos.
Qué dice la psicología positiva detrás del hallazgo
El equipo de Mulcahy explicó sus resultados apoyándose en una teoría clásica de la psicología positiva, según la cual las emociones agradables tienden a ampliar el repertorio con el que una persona piensa y actúa, y a la larga ayudan a construir recursos internos que quedan aun después de que vuelve la rutina. Bajo esa lupa, cada escapada corta puede funcionar como un pequeño entrenamiento: conocer un pueblo, meterse en una caminata o probar una actividad nueva deja, en el mejor de los casos, algo más que una foto para el celular.
Antes de despedirnos, junto al mástil de la universidad donde todavía flameaba la bandera australiana, le pregunté a Lucía qué era lo primero que pensaba al escuchar la palabra bienestar. Ella se quedó en silencio un instante, acomodó el termo sobre la mesa y me respondió, con una sonrisa cansada pero tranquila: Para mí bienestar es poder parar, aunque sea un rato, y sentir que el mundo no se me viene encima. Después se rio bajito y agregó, mientras se ponía de pie para volver a su trabajo: Si para eso no hace falta irse lejos, mejor todavía.
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