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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Érase una vez en Anatolia: cuando el ritmo lento se vuelve un thriller existencial

Recorrimos la propuesta del director turco Nuri Bilge Ceylan, que convierte la búsqueda de un cadáver perdido en las estepas en una película de dos horas y media donde lo que pesa no es el suspenso clásico sino la humanidad rota de sus personajes.

AP
Ana Paula LedesmaCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Érase una vez en Anatolia: cuando el ritmo lento se vuelve un thriller existencial

Te confieso algo antes de arrancar: cuando me senté a ver Érase una vez en Anatolia, lo hice pensando que me esperaba un thriller al uso, de los que te mantienen pegada a la pantalla con un giro cada diez minutos. No pasó. Pasó otra cosa, mucho más interesante, y de eso va esta nota.

La película arranca con una escena que ya te planta en su mundo: un fiscal, un médico forense y un puñado de policías salen de noche por las estepas turcas con dos sospechosos que, borrachos, enterraron un cadáver y no recuerdan dónde. Salen a buscarlo. Suena a premisa de serie policial, pero el director Nuri Bilge Ceylan, nacido en Estambul, la usa para otra cosa.

Una noche larga por la Anatolia profunda

Lo que sigue es una travesía polvorienta, nocturna, casi desértica, donde la tensión no viene del plot sino de la espera. Los personajes charlan, se distraen, dudan, cuentan historias que parecen triviales y que sin embargo van acumulando algo: un cansancio compartido, una incomodidad que se pega al cuerpo del espectador. La oscuridad del campo funciona menos como decorado y más como estado de ánimo.

  • La búsqueda arranca de noche y se extiende por horas sin resolución inmediata.
  • Las conversaciones triviales van sumando peso dramático con el paso de los minutos.
  • La duración se justifica por la mirada, no por la trama.
  • La angustia es más existencial que de suspenso clásico.
  • Está disponible en la plataforma Filmin.

Ceylan, ya conocido por un cine de ritmo pausado y observación rigurosa de lo cotidiano, lleva esa marca hasta el extremo. La duración, dos horas y media, no se explica por una historia compleja sino por una decisión casi quirúrgica: detenerse en lo que otros filmes cortan. Una pausa antes de hablar, una luz que aparece a lo lejos, el peso del cansancio acumulado en una cara.

Un cine que incomoda y recompensa

El resultado es una película que incomoda a quien espera aceleración y recompensa a quien acepta sus condiciones. La angustia que construye no es la del suspenso clásico sino algo más parecido al agotamiento existencial: personas que conviven a diario con el crimen y la muerte, y que van perdiendo la capacidad de mirarse entre sí. No es un film para maratonear distraído; es un film para entregarse.

Como dato de contexto, vale recordar que Érase una vez en Anatolia obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes y está considerada una de las obras centrales del cine turco contemporáneo. Eso ayuda a entender por qué, pese a su ritmo, sigue interpelando a casi dos décadas de su estreno.

Si te copa la idea de un thriller que trabaja con lo humano en vez de con los giros, anotalo: está disponible en Filmin. La próxima vez que busques una película para una noche larga, esta puede ser tu elegida. Y si ya la viste, contame qué te dejó: ¿preferís el thriller que te mantiene al borde del asiento o el que te deja pensando días después?

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Ana Paula LedesmaCultura y espectáculos

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