El vaso, la sal y la sed: por qué no todo líquido sirve para cualquier momento
La hidratación diaria se cubre con agua y comida variada, pero cuando hay diarrea el cuerpo necesita sales con una fórmula específica. Marcas, bebidas y suplementos prometen lo mismo y no siempre cumplen lo que prometen.
Son las siete de la tarde de un martes de noviembre en una redacción porteña y afuera todavía queda un poco de esa luz tibia que precede al otoño, así que aproveché para sentarme a escribir esta nota después de una jornada en la que, una vez más, escuché a varias personas repetir la misma confusión que termina circulando en grupos de WhatsApp y en la fila del kiosco: que una bebida de las que se publicitan como isotónicas alcanza para reponerse después de una diarrea, o que un sobre de sales comprado en cualquier farmacia es lo mismo que cualquiera de los líquidos saborizados con vitaminas y minerales que se ofrecen en la góndola de los suplementos, y la realidad, como suele pasar cuando la salud se mezcla con el marketing, es bastante más ordenada y bastante menos espectacular de lo que prometen los envases.
Empecemos por lo básico, que en este tema es lo que más se olvida: la mayoría de los adultos sanos que viven en la Argentina y se alimentan de manera más o menos variada obtiene, sin proponérselo y sin gastar un peso extra, todos los electrolitos que su cuerpo necesita para funcionar bien, porque el potasio llega de la mano de las frutas, las verduras y las legumbres, el calcio y el magnesio se cuelan en los lácteos, las semillas y los frutos secos, y el sodio y el cloruro entran a través de la sal y de los alimentos ya preparados que forman parte de la mesa de cualquier familia, de modo que la hidratación cotidiana se resuelve, como dijo la nutricionista Mariana López desde su consultorio en Lanús, con lo que tenemos al alcance de la mano: "uno se hidrata bien tomando agua, comiendo tranquilo y prestándole atención a la sed, sin complicarse con productos mágicos que nadie pidió".
Cuando la panza se descompone, la cosa cambia
Ahora bien, cuando aparece una diarrea el escenario se modifica de manera importante, porque cada visita al baño implica perder no solamente agua sino también electrolitos, y reponer solamente líquido sin reponer sales puede dejar al cuerpo tan desequilibrado como si no se hubiera tomado nada, y ahí es donde entran en juego los sobres de sales de rehidratación oral, que la Organización Mundial de la Salud y Unicef vienen recomendando hace décadas con una fórmula precisa de glucosa, cloruro, potasio, citrato y sodio pensada justamente para acompañar a ese cuadro, una combinación que no aparece igual en ninguna bebida deportiva y que, como me explicó la pediatra Carolina Suárez desde el hospital de niños de La Plata, sirve para algo muy concreto: "la glucosa de la fórmula ayuda al intestino a absorber el sodio y, con él, el agua, por eso esas soluciones funcionan y por eso no las reemplazás con cualquier líquido con sabor a limón".
Antes de seguir, vale la pena desglosar un poco lo que recomiendan los organismos internacionales y lo que subrayan los manuales locales, porque la confusión sigue siendo enorme y porque las consecuencias de elegir mal pueden ser serias, especialmente en los extremos de la vida:
- Las sales de rehidratación oral tienen proporciones definidas de glucosa y electrolitos que favorecen la absorción intestinal, según la OMS y Unicef.
- Una bebida deportiva no reemplaza a esas sales frente a una diarrea, porque su fórmula está pensada para otra situación.
- Si aparecen confusión, desmayos, vómitos que no paran, imposibilidad de beber o signos de deshidratación severa, hace falta atención médica y no alcanza con automedicarse.
- Los minerales que el cuerpo pierde con el sudor se llaman electrolitos y participan en cómo se reparte el agua y en el funcionamiento de nervios y músculos.
- Sin pérdidas importantes de líquido, no hay pruebas de que sumar suplementos de electrolitos todos los días sirva para algo.
Y después del entrenamiento, ¿qué?
El otro gran capítulo donde las marcas suelen prometer maravillas es el del esfuerzo físico, y acá conviene escuchar al Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte, que viene diciendo hace años que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden tener alguna ventaja en ejercicios que se prolongan más allá de la hora, sobre todo cuando hace calor o hay mucha humedad, mientras que para rutinas más cortas la evidencia de que mejoren el rendimiento o la hidratación es bastante magra comparada con tomar agua común, una distinción que conoce de primera mano la entrenadora Florencia Pereyra desde el club Atlético de Morón, que suele ver de todo en el vestuario: "hay corredores que se gastan una fortuna en bebidas importadas y después hacen cuarenta minutos de cinta, y con eso el agua de la canilla sobra, no hace falta nada raro".
Para terminar, dos advertencias que parecen obvias pero que en la consulta aparecen todo el tiempo: por un lado, no existe una cantidad única de líquido que todos deban tomar porque cada cuerpo suda distinto y pierde sales distintas, así que copiar el plan de hidratación del compañero de gym o del primo maratonista puede terminar mal, y por el otro, beber de más tampoco es inocuo, porque modificar al bajar la concentración de sodio en la sangre es justamente uno de los riesgos que los manuales de medicina del deporte mencionan cuando se insiste con litros y litros sin necesidad, de modo que la recomendación más razonable, la que sobrevive a modas y publicidades, es la más antigua: agua, comida regular y atención a la sed, y, cuando el cuerpo lo pide de verdad, la fórmula adecuada para el momento, como me dejó dicho Mariana López antes de despedirse: "no le tengan miedo al agua ni a la sed, y cuando haga falta reponer, repongan lo que realmente se perdió"
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