El hechizo de las Owen sigue abierto: por qué "Prácticamente magia 2" deja la puerta entreabierta para una tercera entrega
Nicole Kidman y Sandra Bullock vuelven a ponerse en la piel de las hermanas Owen casi treinta años después. El cierre de la secuela resuelve lo principal, pero deja hilos pendientes que la propia película parece invitar a retomar.
Volví a sentarme frente a la pantalla con la misma sensación que tenía cuando vi la primera "Prácticamente magia" allá por 1998: la de estar frente a un cuento de hadas con acento hogareño, de esos que mezclan humor, lágrimas y un poquito de polvillo mágico sobre la mesa de la cocina. La diferencia es que esta vez ya no soy una pibita que mira fascinada a Sally y Gillian Owens, sino una periodista que se sienta a escribir sobre y, sin embargo, la magia sigue intacta. La secuela que acaba de aterrizar en las salas argentinas retoma la historia de las hermanas Owen con Kidman y Bullock repitiendo roles después de casi tres décadas, y lo hace con la misma química de siempre, esa complicidad de hermanas que se pelean, se quieren y se cuidan mientras revuelven un caldero.
La amenaza nueva y la maldición vieja
La película no se anda con vueltas: las Owen vuelven a estar en problemas. Esta vez el motor del conflicto es Tom Bailey, un pariente lejano que no tiene un gramo de magia en la sangre y que igual se empecina en apoderarse del libro de hechizos para arreglar asuntos personales. El tipo aparece con ínfulas de villano deserie clase B y las hermanas lo terminan neutralizando con un conjuro colectivo que funciona, básicamente, como un abrazo familiar con efectos especiales.
Pero el peso verdadero de la historia se corre a Massachusetts, en paralelo a ese cruce con Bailey. Ahí Frances, la tía de las Owen que llega desde Australia —sí, otra australiana ilustre sumada al reparto— descubre que para cortar la maldición que condena a morir a los hombres que aman las mujeres de su familia hace falta un sacrificio personal. Lo hace. Lo hace igual. Y gracias a eso, Gideon, el novio de Kylie que llevaba varios capítulos en coma, por fin abre los ojos. Es el momento más emotivo de la película, el que justifica las palomitas a medio comer y la garganta un poco cerrada.
Después de la tormenta, la reconstrucción
- Las dos jóvenes de la familia empiezan a desarrollar sus propios poderes, todavía con timidez, como quien aprende a andar en bicicleta.
- Kylie se casa con el recién despierto Gideon, en una escena corta pero con la cuota exacta de felicidad.
- Sally retoma su vida amorosa de la mano de Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega y que se planta en la pantalla como un soplo de aire fresco.
- La película no tiene escena poscréditos: lo que queda abierto se sostiene en los diálogos y en lo no dicho.
Y acá viene lo que a mí, personalmente, me dejó con la sensación de que la historia todavía no terminó de contarse. El arco de Gillian no se cierra del todo: la hermana mayor de las Owen queda en un lugar intermedio, como si la propia película no supiera bien qué hacer con ella. Las más jóvenes, mientras tanto, recién están empezando a tantear su herencia mágica y, sobre todo, a decidir qué van a hacer con el negocio familiar, esa tienda de Remedios y Hechizos de amor que es casi un personaje más de la saga. Son hilos sueltos que no funcionan como cliffhanger explícito, sino más bien como una puerta que el guion deja entreabierta para quien quiera volver a cruzarla.
Una franquicia con segunda vida
No es un dato menor que la primera entrega haya encontrado una nueva camada de fans gracias a las plataformas de streaming, donde miles de espectadores la descubrieron décadas después de su estreno original. Esa segunda vida explica, en gran parte, que estemos hoy hablando de una secuela con sus estrellas originales a bordo. Y también explica la prudencia del final: no se trata de un cierre abrupto sino de un llamado a seguir, casi una invitación cortés a que las Owen sigan hechizando en pantalla.
A mí, como espectadora y como cronista, me quedan dando vueltas dos preguntas. ¿Debería haber una tercera parte para terminar de atar esos cabos, o el cierre actual —con Frances sacrificándose, con las chicas empezando a volar y con Sally sonriendo al lado de Ian— ya es suficiente como punto final? La respuesta, claro, no la tengo yo: la tienen Kidman y Bullock, la tiene el estudio, y sobre todo la tiene el público que vuelva a llenar las salas en la próxima función.
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