Damon Lindelof vuelve a la carga y le pone punto final al gran debate de Perdidos: la isla no era el purgatorio
A más de quince años del final de la serie, el cocreador de la ficción reavivó la discusión sobre los flash sideways de la sexta temporada, aclaró qué fue real y qué no, y contó de dónde salió la idea que terminó dándole cierre a Jack, Kate, Hurley y compañía.
Le confieso algo: cada vez que alguien me pregunta por Perdidos, me pasa lo mismo. Se me dibuja una sonrisa cómplice y, casi sin querer, termino defendiendo a capa y espada ese final que tantos lectores y amigos míos siguen criticando. Por eso, cuando me cayó en la mano la última entrevista que Damon Lindelof dio para explicar, una vez más, qué pasó de verdad en la isla, sentí que era el momento ideal para volver a poner el tema sobre la mesa. Y créanme: hay tela para cortar.
La teoría del purgatorio, otra vez desmentida
La versión más popular entre los fans sostiene que la isla era el purgatorio y que nada de lo que vimos durante seis temporadas ocurrió de verdad. Lindelof la desmintió en más de una oportunidad y lo volvió a hacer en su reciente charla. Su planteo es cristalino: en el último fotograma de la serie, Jack cierra los ojos y muere. Ese momento pertenece al relato principal, al hilo de lo que efectivamente sucedió. Punto. La Iniciativa Dharma fue real, la isla fue real y, cuando los créditos finales rodaron, Hurley y Ben seguían operando la estación de los números.
“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof, cocreador de Perdidos
Lo que nunca pasó, aclara el guionista, es esa línea narrativa alternativa donde el avión no se estrella y los personajes se cruzan en una iglesia de Los Ángeles sin reconocerse. Ese mundo no es una realidad paralela ni una paradoja temporal: es lo que les ocurre a los protagonistas después de morir.
El libro tibetano que les cambió la vida
La idea de construir esa dimensión post mortem no fue un capricho de último momento. Nació entre la tercera y la cuarta temporada, cuando los guionistas ya tenían claro que la serie cerraría con la muerte de Jack. Les obsesionaba la simetría entre el ojo que se abre en el piloto y el ojo que se cierra en el final. El problema era cómo mostrar qué le pasaba al personaje después de muerto sin caer en lo solemne ni en lo ñoño. La solución les llegó desde un lugar tan insólito como improbable: el Bardo Thodol, conocido en Occidente como el Libro tibetano de los muertos. El concepto del Bardo describe ese estado intermedio en el que una persona muere pero todavía no sabe que está muerta; nadie puede decírselo, aunque sí puede ir recibiendo señales. Lindelof lo resumió con una frase que vale oro.
“La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabés que estás muerto. Nadie puede decírtelo.”Damon Lindelof
- En el relato principal de la serie, todo lo ocurrido en la isla fue real, incluida la Iniciativa Dharma.
- Los flash sideways de la sexta temporada representan la experiencia de los personajes después de la muerte, no un universo paralelo.
- La idea del mundo post mortem surgió entre la tercera y la cuarta temporada, a partir del Bardo Thodol o Libro tibetano de los muertos.
- Para ocultar el recurso, los guionistas introdujeron los viajes en el tiempo al final de la cuarta temporada y construyeron la quinta sobre esa base.
- La intención era que el público interpretara los flash sideways como una paradoja temporal hasta que los propios personajes, al recordar hechos que allí nunca vivieron, forzaran la gran pregunta.
Para que la trampa no se notara desde el arranque, los guionistas metieron los viajes en el tiempo al final de la cuarta temporada y edificaron toda la quinta sobre ese andamiaje. Querían que nosotros, los espectadores, leyéramos los flash sideways como una mera paradoja temporal hasta que los propios personajes empezaran a recordar cosas que en esa línea nunca habían vivido. Ese desfasaje, ese pequeño cortocircuito en la memoria, era la llave para que la pregunta inevitable terminara cayendo sola: cómo pueden acordarse de algo que nunca les pasó.
A mí, personalmente, esta explicación me reconcilia otra vez con un final que siempre defendí. No porque sea perfecto, que no lo es, sino porque detrás hubo una idea enorme, una decisión tomada con tiempo y un texto budista del siglo VIII como guía espiritual. Mientras las plataformas y los servicios de streaming siguen negociando qué pasa con la franquicia, Lindelof ya avisó que él, por ahora, se baja del barco. Habrá que ver si esa próxima fecha en la que se vuelva a hablar de Perdidos llega del lado de un reboot, de un libro o,, de una nueva entrevista del propio Damon en la que nos siga contando, con su calma habitual, qué fue real y qué no fue.
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