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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuerpo al límite: cuando bajar la grasa de más empieza a jugar en contra

El tejido adiposo no es solo un reservorio de energía: produce hormonas, protege órganos y sostiene funciones clave. Especialistas consultados por un nuevo trabajo advierten que llevar el porcentaje de grasa corporal a mínimos extremos puede afectar músculos, huesos y hasta la respuesta inmunológica, incluso en personas que entrenan.

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Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 3 min
Cuerpo al límite: cuando bajar la grasa de más empieza a jugar en contra

Son las siete de la tarde y en el consultorio de Tamara todavía queda algo de luz natural colándose por la ventana. Hace un rato me senté frente a ella, en la facultad donde investiga, para entender por qué un número que aparece en la balanza del gimnasio puede ser una lectura tan engañosa de lo que realmente pasa adentro del cuerpo. Y lo que me quedó dando vueltas es algo que parece de manual pero que, cuando una lo piensa en frío, cambia la forma de mirar el espejo: el porcentaje de grasa corporal, ese que obsesiona a tanta gente que entrena, no alcanza por sí solo para decir nada definitivo sobre la salud de una persona.

El número que no cuenta toda la historia

La edad, el sexo y, sobre todo, dónde se ubica el tejido adiposo terminan pesando más que la cifra global. Una mujer de cincuenta años que entrena en el club de Boedo y un varón de veintipinco que se prepara para una maratón no deberían compararse en la misma escala, ni mucho menos obsesionarse con llegar a ese 1% o 2% que aparece en publicidades y posteos como sinónimo de definición. En un estudio reciente con más de setecientos deportistas, del que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, los valores más bajos registrados fueron del 10% en hombres y del 16% en mujeres, bastante por encima de esos mínimos de referencia que circulan en las redes.

Las herramientas de medición tampoco son infalibles, y vale la pena saberlo antes de sacar conclusiones. Una balanza de bioimpedancia, de esas que se usan en muchos gimnasios, puede arrojar resultados distintos según cuán hidratada esté la persona ese día. Los pliegues cutáneos, que toman los nutricionistas con un calibre, no permiten conocer la grasa que se acumula alrededor de los órganos, que es justamente la que más preocupa desde el punto de vista metabólico. La densitometría DEXA, en cambio, distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque necesita equipamiento costoso y no siempre está al alcance de cualquiera.

Cuando bajar de más empieza a cobrar factura

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, me lo dijo con una claridad que me hizo archivar la cita en el cuaderno: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas del cuerpo. Cuando una restricción calórica muy fuerte reduce esas reservas, el organismo empieza a tirar de otros tejidos para conseguir energía, y el primero en quedar expuesto es el músculo. Así, en lugar de mejorar el físico, se termina perdiendo lo que se quería preservar, y al mismo tiempo se resiente la formación y la reparación del tejido óseo, algo que preocupa sobre todo a medida que pasan los años.

Las hormonas tampoco quedan afuera de este escenario. En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona tiende a bajar, y con ella la energía y el rendimiento, un combo que desarma cualquier plan de entrenamiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se asocian con irregularidades menstruales o directamente con la ausencia de menstruación, una señal de alerta que muchas veces se naturaliza y no debería. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agregó otro punto que me pareció clave: disponer de pocas reservas también dificulta que el cuerpo responda como corresponde frente a infecciones serias.

  • El tejido adiposo no solo guarda energía: produce leptina, una hormona que le avisa al cerebro cuánta reserva hay disponible y que, cuando cae demasiado, puede llevar al cuerpo a relegar funciones para ahorrar recursos.
  • La grasa visceral, es decir la que se acumula alrededor de los órganos, es la que más se vincula con problemas metabólicos, más allá del número que marque la balanza.
  • La distribución del tejido adiposo, sumada a la edad y al sexo, pesa más en el diagnóstico que el porcentaje general de grasa corporal.
  • Los métodos de medición más comunes, como la bioimpedancia o los pliegues cutáneos, tienen limitaciones concretas y conviene interpretarlos con cuidado, idealmente con acompanhamento profesional.
LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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