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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Cafeína y adolescentes: lo que muchos papás no ven en la merienda ni en la consola

Especialistas de Yale advirtieron que el consumo de cafeína en adolescentes puede agravar el cansancio, alterar el sueño y hasta provocar temblores, palpitaciones y ansiedad, y que el problema va mucho más allá de la taza de café.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 4 min
Cafeína y adolescentes: lo que muchos papás no ven en la merienda ni en la consola

Eran cerca de las diez de la mañana en una escuela del conurbano bonaerense cuando me crucé con Carina, una mamá de Merlo que esperaba en el patio con dos paquetes de chicles saborizados en la mano. Me dijo, casi como pidiendo consejo, que se los compraba a su hijo de catorce cada vez que le decía que estaba "cansado a full" y que ella nunca había pensado que aquello podía tener algo que ver con el sueño. Esa charla fortuita, en una ronda de padres que se conocían de memoria y se cruzaban apenas sonaba el timbre, fue la mecha para una nota que llevaba rato dando vueltas: qué tan cierto es eso que repiten los especialistas, y cada vez más a menudo, sobre los efectos de la cafeína en los chicos que todavía están terminando de crecer.

Las señales que suelen pasar inadvertidas en la casa

Cuando un adolescente tiene dificultades para dormir, está más nervioso de lo habitual o empieza con pequeños temblores, conviene mirar qué estuvo tomando durante el día. La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de la Universidad de Yale, sostuvo que un exceso también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, una sensación de inquietud y ansiedad, y que esas manifestaciones se vuelven pistas concretas para abrir la conversación familiar sobre los hábitos, sobre todo cuando aparece, como me lo contó otra mamá de Lanús, una "caída del rendimiento escolar" que de golpe deja perplejos a los docentes.

Pero el dato clave, el que cambió de plano la charla con los padres que esperaban a sus hijos en la puerta de la escuela, es que para saber cuánta cafeína toma un chico no alcanza con contar las tazas de café. La especialista Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría en la misma universidad, explicó que la sustancia aparece también en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y, sobre todo, en esos sobres saborizados que parecen inofensivos y aportan entre 50 y 200 miligramos por unidad, con sabores dulces y frutales que disimulan el amargor y que, según la investigadora, vuelven a los jóvenes más propensos a probarlos una y otra vez.

  • Chicles con cafeína: a veces son el primer paso de un consumo que después escala a bebidas más fuertes.
  • Sobres saborizados: prometen energía, pero pueden aportar hasta 200 miligramos por unidad.
  • Gaseosas y chocolate: suman miligramos sin que la familia los registre como cafeína.
  • Bebidas energéticas: las especialistas recomiendan directamente excluirlas de la alimentación de niños y adolescentes.

El horario y el reloj biológico: una trampa que se retroalimenta

El horario, me dijo Agrawal en una comunicación que reconstruí a partir de su informe, es tan importante como la cantidad. La cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de tomarla, pero cinco o seis horas más tarde todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de lo que se ingirió. Por eso, la neumonóloga aconsejó evitarla después de las 13 o las 14, dependiendo del horario habitual de descanso, sobre todo si el chico todavía tiene clases a la mañana siguiente y un largo viaje en colectivo hasta la escuela, como me lo repitieron varios padres en esa misma ronda.

Ese mecanismo se cruza con un cambio propio de la adolescencia que los papás suelen vivir con impotencia: el reloj biológico de los chicos se va corriendo hacia horarios más tardíos y hace más difícil levantarse temprano. Si el cansancio los empuja a buscar un estimulante para aguantar la jornada, el alivio es solo transitorio y termina retrasando otra vez el descanso, con lo que al día siguiente el agotamiento vuelve a pegar más fuerte, como una rueda que gira en sentido equivocado.

Las recomendaciones para adultos no sirven para los menores

Hay un punto donde los especialistas son tajantes, y donde coincidieron Agrawal, Kong y Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale: lo que se le dice a un adulto sobre la cafeína no puede copiarse y pegarse en la vida de un chico. La recomendación es evitar la cafeína antes de los 18 años y, en particular, excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes, porque los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades claramente menores que las que un adulto tolera sin demasiado problema.

Park sumó además un detalle que resonó fuerte entre los padres que esperé a la salida del colegio: el consumo de cafeína durante los videojuegos puede responder tanto al deseo genuino de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores en la partida, algo que las familias suelen no registrar porque sucede con la luz del cuarto apagada y la puerta entreabierta, y por eso las recomendaciones también incluyen revisar las rutinas nocturnas y la exposición a las pantallas, ya que la luz de los dispositivos reduce la producción de melatonina y termina de desordenar un sueño que, para los adolescentes, de por sí ya llega tarde. Antes de cerrar la nota, Carina se me acercó y me dijo, en ese tono que usan las madres cuando recién descubren algo que les parece urgente: "Ahora me quedó la duda con los chicles que le venía comprando, esta noche hablamos en casa".

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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