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VIE, 16 OCT 2026
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Bill Gates quiere meterle un inspector a la inteligencia artificial y que el mundo le haga caso

El cofundador de Microsoft difundió un plan global para auditar sistemas de IA y, mientras tanto, intenta sacarse una foto con Xi Jinping en noviembre. La idea suena a ONU, pero todavía no tiene sede, ni nombre, ni dueños.

NS
Nicolás SartoriTecnología · · lectura 4 min
Bill Gates quiere meterle un inspector a la inteligencia artificial y que el mundo le haga caso

A esta altura, regular la inteligencia artificial se parece cada vez más a buscar al amigo que conduce después de la quinta cerveza: todos coinciden en que habría que hacerlo, nadie quiere ser el primero en sacar las llaves. Bill Gates acaba de subir la apuesta y presentó un plan para crear un organismo supranacional con poder de policía sobre los modelos más peligrosos. ¿La inspiración? Tres ejemplos que funcionaron, al menos en parte: el régimen de inspecciones nucleares, los estándares de la aviación civil y los acuerdos que salvaron la capa de ozono. Nada mal como pedigree.

La propuesta tiene forma de documento publicado esta semana. La idea central es armar un esquema de auditoría parecido al de la AIEA, que es básicamente el Tony Stark de los inspectores nucleares: va, mira, mide y se asegura de que nadie esté fabricando cosas que después nos exploten en la cara. El texto también toma prestada lógica de la OACI, la organización de aviación civil internacional, que se ocupa de que tu vuelo no termine convertido en nota de diario. Y cierra con el Protocolo de Montreal, ese acuerdo que prohibió los gases que agujereaban la capa de ozono y que es, probablemente, lo más cerca que el multilateralismo estuvo de salvar al planeta sin que nadie se pelee demasiado.

Lo que pide, lo que evita y lo que todavía no sabe

Gates no aclaró si esa nueva agencia debe ser una expansión de algún organismo existente o si hay que inventar una sigla nueva con sede en alguna ciudad europea cara. Lo que sí dejó por escrito es que la cooperación entre Estados Unidos y China es condición sine qua non, o sea: sin las dos potencias sentadas a la misma mesa, el plan se queda en una PowerPoint bonita.

En ese sentido, el equipo del fundador de Microsoft viene trabajando para cerrar un encuentro con el presidente chino Xi Jinping, previsto de manera provisoria para noviembre. El encuentro no está confirmado, pero el objetivo es concreto: si Washington mueve primero con restricciones sobre ciertos modelos, Pekín podría copiar la iniciativa y, según Gates, el resto del mundo arrastra. clásico manual de geopolítica versión siglo XXI.

“El mundo entero se sumaría a esa iniciativa.”Bill Gates

A qué le quieren meter el ojo

  • Sistemas capaces de diseñar moléculas nuevas, con potencial para uso médico o, también, para fabricar agentes biológicos. Gates aclara que la lupa debería posarse sobre los usos de mayor riesgo, no sobre toda la industria, para no frenar con la misma mano investigaciones que sirven para curar gente.
  • Impuestos a empresas que reemplacen empleados con resultados generados por IA, con el objetivo de financiar redes de protección social. Es decir: si te ahorrás sueldos con un modelo, pagás una tasa para sostener a los que quedaron afuera.
  • Reservar hasta un 40 por ciento de los puestos actuales para personas en sectores donde el vínculo humano sea irremplazable. Gates lo explica con la atención que recibió su padre durante su enfermedad de Alzheimer, porque nada como un caso familiar para ablandar al lobby.

Sobre la autorregulación, Gates fue cortito y al pie: las empresas que fabrican IA pueden proponer soluciones a los problemas que ellas mismas crean, pero no deberían liderar el proceso. Es como dejar que el chico que rompió la ventana elija el vidrio nuevo: puede opinar, sí; manejar la compra, no. Y reconoció, con la franqueza de alguien que lleva décadas fundando compañías, que hay problemas en juego que exceden la formación técnica de cualquier laboratorio, por más ingeniería de primer nivel que tenga.

Y acá me toca hacer la autocrítica: llevo años escribiendo sobre tecnológicas que se regulan solas y termina saliendo más o menos como cuando uno se pone de acuerdo consigo mismo para empezar la dieta el lunes. La autoregulación empresaria tiene la misma efectividad que yo prometiéndome que no voy a comer más medialunas a las once de la noche. Por eso la idea de un ente externo, por más burocracia internacional que implique, tiene al menos el mérito de sacar la decisión del living de Silicon Valley.

Qué mirar de aquí a noviembre

Por ahora el plan es letra escrita y una reunión pendiente con Xi. No hay borrador de tratado, no hay sede, no hay presupuesto. Lo que sí hay es una señal política fuerte del segundo hombre más rico del planeta, algo que, guste o no, mueve la aguja más rápido que un paper académico. Si Estados Unidos y China terminan acordando siquiera un comunicado conjunto sobre los modelos más riesgosos, vamos a estar un paso más adelante que con cualquier de principios firmada en un foro económico.

Consejo práctico para cerrar, como cada nota: si trabajás con herramientas de IA en tu empresa o en tu oficina pública, no esperes a que llegue el inspector global. Hacé una lista chica de los procesos que delegás en modelos, marcá cuáles tocan datos sensibles o decisiones sobre personas y exigí que alguien con nombre y apellido los revise antes de salir al mundo. La regulación internacional, por ahora, es promesa. Tu auditoría interna, en cambio, la podés arrancar mañana.

NS
Nicolás SartoriTecnología

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