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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Asma con rough de hormonas: por qué a las mujeres grandes se les complica respirar

Después de la pubertad, las pacientes asmáticas consultan más, se internan más y les cuesta más controlar la enfermedad que a los varones. Las hormonas sexuales, la genética, el peso y el aire que se respira se entrelazan en un cuadro que los médicos todavía están aprendiendo a leer.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 5 min
Asma con rough de hormonas: por qué a las mujeres grandes se les complica respirar

Son las diez de la mañana de un martes cualquiera y en el consultorio de neumonología del hospital público de barrio ya se acomodaron las primeras pacientes. La sala está llena de mujeres que llegaron tosiendo, con el silbido en el pecho que conocen de memoria, pidiendo turno antes de que se les vaya de las manos. Lo que muchas de esas pacientes todavía no terminaron de entender es que su asma, después de la pubertad, dejó de jugarle limpio como le juega a los varones, y que esa diferencia tiene nombre y apellido hormonal. La investigación médica viene acumulando evidencia de que las mujeres adultas no solamente se enferman más de asma, sino que además les cuesta mucho más controlar los síntomas y terminan pasando más veces por la guardia o por una cama de internación. Hasta la adolescencia, la balanza se inclina hacia los varones, con más chicos que chicas diagnosticados; pero a partir de la primera menstruación la tendencia se da vuelta y se mantiene así durante gran parte de la vida, según un análisis publicado en 2025 en la revista BMC Pulmonary Medicine, que trianguló datos del estudio Global Burden of Disease 2021 y calculó que en ese año había 260 millones de personas asmáticas en el mundo.

Estrógeno y progesterona: las sospechosas de siempre

La causa de la diferencia entre sexos no es una sola, ni mucho menos, y los equipos de investigación lo aclaran cada vez que pueden. Un trabajo aparecido en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encabezado por Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, se metió dentro de las células inmunitarias de pacientes con asma grave y encontró algo que venía sospechándose: el estradiol y la progesterona, las dos hormonas que dominan el ciclo menstrual y el embarazo, son capaces de empujar hacia arriba la producción de IL-17A, una proteína que enciende los procesos inflamatorios. El mismo equipo vio además que en las mujeres con asma grave hay más actividad de unas células defensivas que se llaman TH17 que en los varones con el mismo diagnóstico. Ahora bien, los propios autores bajan el tono de euforia y remarcan que el hallazgo no prueba causalidad directa y que el grupo estudiado fue chico, con buena parte del análisis hecho en modelos animales, así que todavía falta camino para traducirlo en una indicación concreta.

A esa foto se le suma la mirada de Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, que puso paños fríos con el argumento de que no estamos frente a genes distintos entre mujeres y varones, sino más bien frente a los mismos genes que se comportan distinto según el sexo, en diálogo íntimo con las hormonas y con el ambiente. Esa idea, que la ciencia resume como efecto sexo-específico, viene ganando espacio en los papers y en las aulas porque ayuda a entender por qué un mismo medicamento puede funcionar distinto en una paciente que en un paciente, y por qué se justifica investigar de manera diferenciada.

Cuando el cuerpo cambia, el asma también

Mientras tanto, en el día a día, hay algo que las pacientes reportan una y otra vez en la consulta y que durante mucho tiempo se tomó con pinzas: que la semana antes o durante la menstruación el asma se descontrola. Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta el 40 por ciento de las pacientes podría notar variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles todavía no permiten cerrar una cifra definitiva. La hipótesis más trabajada apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos al sangrado, que podrían aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas, transformando una rinitis pasajera en una crisis que termina en la guardia.

El embarazo suma otra capa de incertidumbre. El patrón clínico clásico que citan los manuales dice que aproximadamente un tercio de las embarazadas con asma empeora, otro tercio se estabiliza y el resto mejora, y por eso el seguimiento tiene que ser más estricto, con controles pulmonares más frecuentes y ajustes de medicación que no se improvisan. Yo llegué hasta la sala de obstetricia del hospital tras pedirle turno a la secretaria, que me atendió con la amabilidad de siempre y me explicó que las pacientes asmáticas tienen un protocolo propio, porque la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica y el asma sumadas al embarazo pueden poner en jaque tanto a la madre como al bebé si no se manejan con cuidado.

  • La obesidad aparece como otro factor que se cruza con las hormonas y que puede empeorar el cuadro, porque el tejido graso produce sustancias inflamatorias que interactúan con el estradiol y la progesterona, configurando un cóctel que pesa especialmente en las mujeres adultas asmáticas que además cargan kilos de más.
  • La exposición ambiental, desde la contaminación del aire urbano hasta el humo de tabaco ajeno o la calefacción a leña, no distingue sexos, pero sí golpea más fuerte en quienes ya tienen un terreno hormonal predisponente, según remarcan los equipos que estudian determinantes sociales de la enfermedad.
  • La llegada de la menopausia agrega otra variable, porque el brusco descenso de estrógenos modifica la inflamación sistémica y obliga a recalibrar tratamientos que venían funcionando durante décadas, algo que en los consultorios todavía se resuelve más por ensayo y error que por protocolos firmes.
“Yo tengo treinta y cuatro años, vivo en Florencio Varela, y desde que empecé con la menstruación aprendí a convivir con la tos y la falta de aire como si fueran una mala compañía inseparable, cada mes me preparo porque sé que me toca pasarla mal.”Mariela, paciente asmática
LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

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