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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Argentina se anota en la carrera por los centros de datos: qué le falta para ganarla

Energía barata, clima amigable y cero guerras cerca posicionan al país como destino para infraestructura de inteligencia artificial. Los inversores piden una sola cosa a cambio: que la macro no vuelva a sabotear el negocio.

NS
Nicolás SartoriTecnología · · lectura 3 min
Argentina se anota en la carrera por los centros de datos: qué le falta para ganarla

Le cuento cómo arranca mi día: prendo la cafetera, se me congela el celu con un video de gato, y otra vez me prometo que voy a entender por qué la inteligencia artificial necesita una mini central eléctrica para funcionar. Spoiler: la respuesta está en Vaca Muerta, en Chubut y en un número que termina con muchos ceros.

Argentina aparece cada vez con más fuerza en el radar de quienes mueven dinero en centros de datos, esas naves gigantes llenas de servidores que son el motor silencioso de la IA. La combinación que seduce a los inversores es simple, o al menos lo parece: energía relativamente barata, zonas templadas que ayudan a enfriar las máquinas, poca población por kilómetro cuadrado para campus enteros y, como dijo sin querer un ejecutivo, "estamos lejos de zonas de conflicto". Bonita manera de vender la paz.

Las cifras que miran los que mueven la plata

Números para no dormirse en el intento. Según estimaciones del sector recogidas en distintas consultorías, entre 2025 y 2030 el 60% de los nuevos despliegues de centros de datos en el mundo van a estar pensados para inteligencia artificial, y tres de cada cuatro de esos proyectos van a exigir refrigeración líquida en vez del clásico aire acondicionado industrial. Dígamelo así: imagine pasar de enfriar un departamento con un ventilador de pie a enfriarlo metiendo la manguera en el living. La escala cambia todo.

“Nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos.”Noelia Miranda, Schneider Electric
  • Energía: el megavatio en Vaca Muerta ronda los 50 dólares frente a 100 dólares en plazas internacionales. Para un centro de datos grande eso puede significar unos 500 millones de dólares menos por año en costos operativos, según estimaciones de consultoras del sector.
  • Regulaciones: la normativa específica para centros de datos está todavía en etapa de borrador. Los inversores piden reglas claras antes de poner la firma, sobre todo en temas como exenciones impositivas y conexión a la red eléctrica.
  • Geografía: baja densidad poblacional facilita los permisos de construcción y reduce los tiempos de obra, dos variables críticas cuando se manejan plazos de dos a cinco años.

Dónde está la traba de siempre

Acá es donde el optimista se baja del caballo. Referentes del sector coinciden, con más resignación que entusiasmo, en que la estabilidad económica y jurídica sigue siendo el filtro por el que pasa todo. Y ojo: no lo digo solo yo. La propia gente de Schneider Electric reconoce que el país "quedó bastante rezagado". Cuando hasta el vendedor admite el problema, prestemos atención.

Un centro de datos no se hace con lo que sobra de un crédito al consumo. Estamos hablando de inversiones que arrancan en decenas de millones y trepan hasta los mil millones de dólares, con plazos de maduración largos. Nadie pone esa plata si cree que el dólar puede saltar 30% en un trimestre, que las reglas de juego pueden cambiar de un día para otro o que un DNU puede tirar abajo un contrato. La inestabilidad que espantó capitales durante décadas es, justamente, lo que hay que revertir para que el negocio cierre.

Mientras tanto, ya hay movidas concretas en el sur. Una empresa polaca anunció un megacentro de datos en Chubut dedicado exclusivamente a inteligencia artificial, y otras firmas evalúan desembarcar con proyectos similares en Río Negro y Neuquén. La foto está ahí, solo falta ver si el país decide enmarcarla o dejarla caer.

Si es gobierno y me está leyendo: deje de improvisar con tarifas eléctricas, firme un régimen específico para centros de datos con incentivos reales y cuide la previsibilidad cambiaria como si fuera el último bidón de gasoil en un corte de ruta. Si es inversor: todavía hay margen para entrar temprano, pero haga firmar contratos en dólares y prepárese para monitorear la macro como si fuera un electrocardiograma. Y yo vuelvo a lo mío: entender por qué la cafetera de mi casa todavía no se conecta al chat de inteligencia artificial. Esa sí sería una revolución.

NS
Nicolás SartoriTecnología

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