Saltar al contenido
Matriarcado NoticiasMatriarcado Noticias
⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,33%Dólar blue $1.555,00 +0,65%Dólar MEP $1.542,50 +0,42%Riesgo país 648 pb +4,18%
SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Arándanos o uvas: qué fruta convive mejor con el azúcar en sangre y por qué la fibra marca la diferencia

La composición nutricional de cada una explica por qué una misma porción puede provocar respuestas tan distintas en la glucosa. Especialistas consultedadas aclaran que la clave no está en prohibirse nada sino en entender cómo, cuándo y con qué se come cada fruta.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos · · lectura 4 min
Arándanos o uvas: qué fruta convive mejor con el azúcar en sangre y por qué la fibra marca la diferencia

Son las diez de la mañana en un consultorio del barrio de Belgrano y la nutricionista Caroline Thomason, que trabaja con pacientes diabéticos desde hace más de quince años, apoya sobre el escritorio dos bowls casi idénticos: uno con arándanos frescos, otro con uvas cortadas a la mitad. Lo que viene a explicar en los próximos cuarenta minutos es, en definitiva, lo que cualquier persona curiosa debería entender antes de elegir qué fruta llevarse a la boca cuando le preocupa el azúcar en sangre: no todas las frutas se comportan igual frente a la glucosa, y la diferencia, en gran parte, la marca la fibra.

Por qué la fibra es la llave de todo

La fibra es el nutriente que más influye en la velocidad con que el azúcar de una fruta llega al torrente sanguíneo. Frena el vaciamiento del estómago, enlentece la digestión de los carbohidratos y suaviza el pico de glucosa. Por eso, dos frutas con azúcar natural pueden comportarse de manera bastante diferente dentro del organismo, aunque en la etiqueta parezcan hermanas. Caroline lo resume con una frase que repite hasta el cansancio en su consultorio de Belgrano: una fruta no es solo su azúcar, es todo lo que la acompaña.

Una taza de arándanos aporta, según las tablas nutricionales que maneja Caroline, aproximadamente 84 calorías, 22 gramos de carbohidratos, 15 gramos de azúcar y 4 gramos de fibra. Esa proporción explica que su consumo no genere el mismo aumento de glucosa que un jugo de fruta, donde la fibra prácticamente desaparece durante el procesamiento y el azúcar se absorbe con rapidez. La misma porción de uvas, en cambio, contiene alrededor de 125 calorías, 29 gramos de carbohidratos, 25 gramos de azúcar y solo 1,4 gramos de fibra. Con menos fibra y más carga de azúcar, la elevación de glucosa tiende a ser más pronunciada y veloz.

Lo que la ciencia sabe y lo que todavía no

Ambas frutas tienen compuestos de interés que van más allá del azúcar. Los arándanos contienen antocianinas, unos pigmentos antioxidantes vinculados a menor inflamación y a mejoras en la hemoglobina A1C en personas con diagnóstico de diabetes. Las uvas rojas y moradas también aportan antocianinas, y sus cáscaras contienen resveratrol, una sustancia asociada a la salud cardiovascular. Sin embargo, buena parte de las investigaciones sobre los beneficios de la uva se hicieron con derivados como jugos y extractos, y los resultados sobre glucosa en ayunas y hemoglobina A1C no son concluyentes cuando se analiza el consumo de fruta fresca.

“Los arándanos pueden elevar la glucosa porque tienen carbohidratos y azúcar natural, pero su fibra modera ese efecto de manera notable.”Caroline Thomason Bunn, nutricionista y educadora en diabetes
“La mayor parte de la evidencia sobre uvas proviene de productos derivados, por lo que los efectos sobre el consumo habitual de fruta fresca no están del todo establecidos.”Vandana Sheth, nutricionista

Cómo comerlas para que la pasen mejor

Lo que sí está claro, coinciden las especialistas, es que el contexto de la comida importa tanto como la fruta en sí. No es lo mismo comer uvas solas frente a la pantalla que acompañarlas con un trozo de queso. Combinar arándanos con una cucharada de semillas de chía suma fibra y grasas insaturadas que prolongan la saciedad. Las uvas funcionan bien con un puñado de nueces, que aportan proteínas y grasas que ralentizan la digestión. En todos los casos, Caroline insiste con una idea que repite como un mantra: la clave no está en eliminar una fruta sino en la cantidad, la forma de consumo y los alimentos que las acompañan.

  • Elegir siempre la fruta entera, nunca el jugo, para conservar la fibra.
  • Combinar los arándanos con yogur griego sin azúcar, que suma proteínas.
  • Agregar semillas de chía, lino o nueces para sumar fibra y grasas buenas.
  • Acompañar las uvas con queso fresco o un puñado de almendras.
  • Respetar las porciones: una taza de arándanos o un puñado chico de uvas.
  • Prestar atención al momento del día: mejor como colación que al final de una comida pesada.

Antes de cerrar la consulta, Caroline me cuenta que muchas personas llegan al consultorio convencidas de que tienen que dejar de comer uvas para siempre, y que se sorprenden cuando les explica que el problema nunca fue la fruta en sí, sino el resto de lo que estaba en el plato. La despedida, mientras acomoda los bowls y me muestra cómo preparar un desayuno con arándanos, yogur y semillas, es una frase que me queda dando vueltas y que vale la pena repetirla textual: comer bien no es prohibirse, es aprender a combinar.

LM
Lucía MamaníSociedad y derechos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo